El miércoles al mediodía, Diego Sosa Jiménez, de 14 años y nacido en Paraguay, fue enterrado en el cementerio de la Chacarita mientras su hermano mayor, José, languidecía en una cama de terapia intensiva en el hospital Rivadavia bajo un coma farmacológico sin ningún signo favorable. Ambos jóvenes fueron baleados en la madrugada de ayer en la manzana 109 de la Villa 31 bis, la zona del Playón Este, un caso investigado por la Fiscalía de Instrucción N°29 con una extensa batería de medidas incluido un test de barrido electrónico. En el cementerio, un pequeño cortejo de vecinos y amigos acompañó el cadáver de Diego; nadie quiso decir demasiado, arriesgar teorías. Pero lo cierto es que Diego y su hermano fueron víctimas de una guerra en su barrio que ninguno de los dos empezó, un conflicto narco en la Villa 31 bis que ya se cobró seis vidas en poco más de dos semanas en sectores como el Playón Este y el Barrio Chino, a escasas cuadras de la terminal de micros.
Sus protagonistas ya son conocidos por la Justicia Federal: César Morán, alias “El Loco”, un capo peruano conocido por su sadismo, preso por dos homicidios en Devoto y con una extradición firmada por el juez Sebastián Casanello, la banda de “Los Sampedranos”, un grupo de paraguayos afianzado en la zona con un fuerte control territorial y una penetración a través de soldados en colegios de la zona que ya fue investigada por el fiscal y quizás el más inquietante e impredecible de todos, Alionzo Rutillo Ramos Mariños, alias “Ruti”.
Ex socio devenido en rival encarnizado de “Marco” Antonio Estrada González, capo de la Villa 1-11-14, “Ruti” fue condenado a 18 años por la masacre del Señor de los Milagros en 2005, un intento de recuperar el territorio en el Bajo Flores que se cobró cinco víctimas incluida un bebé de ocho meses. Junto a su sobrino Richard Ramos Noa, apodado “Choclito”, “Ruti” desembarcó luego de la masacre en su histórico intento de copar la 31 bis, un territorio en donde César Morán fue su máximo enemigo. Los paraguayos, entre discotecas, corralones ilegales y un monopolio de la venta de marihuana que llegaba disimulada en micros desde la terminal, entraron a la zona a fines de la década pasada.
“Ruti” eventualmente volvió a Perú: en 2015, se le aplicó la figura de extrañamiento luego de 9 años en el penal de Ezeiza, una virtual deportación que es común en mulas narco en el norte argentino. Sin embargo, el fantasma de su vuelta ilegal al país para seguir la guerra no abandonaba la Justicia federal. Hoy, de cara a seis muertes en la Villa, las sospechas de la Justicia sobre estos tres actores se acrecientan, un dato que publicó La Nación. Pero qué los moviliza a matarse entre ellos es algo que queda por determinar.
“Es una guerra”, define una fuente judicial entre las múltiples fiscalías a cargo de dilucidar los recientes homicidios en la zona. Y fuentes que conocen a fondo el territorio coinciden en que “Ruti” Mariños, aliado a “Los Sampedranos”, apuesta en un movimiento final a tener el total control de la zona para expulsar a los leales a César Morán. El foco de conflicto es “La Casa del Pueblo”, un aguantadero en la manzana 102 en donde la división Homicidios de la PFA junto al grupo GEOF detuvo a Juan “Piedrita” Inga Arredondo, presunto soldado de Morán, hoy procesado por el fiscal Juan Pedro Zoni y vinculado a cuatro homicidios en un solo mes. Los pocos soldados de César, acorralados en la manzana 102, enfrentan el fuego cruzado. Cualquiera vinculado con ellos, incluso comerciantes que gozaron de la protección de Morán, se convierte en un enemigo automáticamente.
En octubre del año pasado, Infobae detalló el inicio del conflicto y el primer intento de tomar la “Casa del Pueblo”. Sucesivos allanamientos luego de que la información fuese revelada pacificaron el barrio. Sin embargo, el rumor se reproduce en los pasillos: “Ruti” mismo habría vuelto desde Perú para instalarse en el barrio. Sus soldados habrían copado puntos clave, con una nueva red de chicos adictos devenidos en campanas y soplones y un depósito de armas. La idea, entonces, sería tomar la “Casa del Pueblo” y liquidar a todo aquel que responda a César para ser el nuevo capo narco de la 31 bis. Pero, hasta la nueva ola de homicidios, las víctimas habían sido siempre actores en la trama de los narcos. En su caso, Diego Jiménez, enterrado el miércoles en la Chacarita, terminó muerto simplemente por estar parado en la esquina equivocada.
Voces que conocen a fondo el barrio sostienen que habrían sido paraguayos quienes le dieron muerte, hombres de su misma nacionalidad. Pero las balas, originalmente, no habrían sido para él, sino para su hermano mayor. El rumor es que el joven habría sido visto en varias ocasiones con gente vinculada a Morán: en el nuevo esquema, eso es garantía de morir. Ambos jóvenes cayeron en territorio controlado por paraguayos.
La muerte del “Narizón”, un adicto de cerca de 40 años, peruano también, padre de un hijo discapacitado y que frecuentaba la zona, con fama de bocón y pendenciero, es también investigada por la Fiscalía N°29. El domingo último, cinco tiros de alto calibre le traspasaron el cuerpo; su mujer reconoció el cadáver 48 horas después. Fue baleado también en un sector controlado por paraguayos. Se lo oía gritar “¡transas de mierda, transas de mierda!” por los pasillos. En la Morgue Judicial, le encontraron un sobre lleno de paco en el puño.
Hay ejecuciones más inquietantes en la 31 bis. Jhon Harlys Carabajal Martínez, paraguayo y de 35 años, fue hallado muerto a balazos el miércoles pasado por el personal de la Comisaría N°53 dentro de un Peugeot 308 color gris con el motor encendido en la puerta de su domicilio en la calle Padre Mujica al 500. Fuentes cercanas al expediente hablan de tres gatilleros que bajaron de una moto blanca sin mediar palabra, una causa a cargo de la fiscal Marcela López. Así, los muertos se apilan a la espera de una toma de poder final. Voces en la zona hablan de un incendio ocurrido anoche en una manzana ocupada por uno de los miembros de “Los Sampedranos”; la llegada de los bomberos habría evitado un enfrentamiento.
Mientras tanto, “Ruti” Mariños hizo un movimiento sorpresivo, no entre los pasillos de tierra de la 31 bis, sino en Tribunales. A pesar de haber sido expulsado del país, el enemigo mortal de “Marco” Estrada pidió, a través de sus abogados, una exención de prisión.
fuente infobae