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Arranco el post-kirchnerismo: Macri ya se siente presidente y Scioli quiere evitar que se desbande la "tropa K"

Redacción TN by Redacción TN
26 octubre, 2015
in Politica
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Lo más sorprendente no fue que a las 22 horas Daniel Scioli, con gesto tenso y tono preocupado, saliera a reconocer que habría segunda vuelta y pidiera el voto de los indecisos y los independientes. 
 
Lo realmente extraño fue que, contrariando la regla clásica de los balotajes, no dedicara su discurso a tratar de “seducir” al tercero mejor colocado.
Más bien, se centró en reforzar el discurso kirchnerista duro y advertir sobre cómo los beneficiarios de los planes sociales se quedarían sin su dinero, si llegaba a ganar Mauricio Macri.
 
“Si fuera por Macri no tendríamos Asignación Universal por Hijo, ni YPF, ni Aerolíneas Argentinas”, dijo un Scioli radicalizado y empeñado en instalar la idea de que se está eligiendo entre “dos visiones muy diferentes del presente y del futuro de la Argentina que están en juego”.
 
Fue el primer síntoma de que algo raro estaba pasando. Concretamente, que la desazón -palpable en el bunker sciolista- no era la de un candidato ganador que en vez de sacar 10 puntos había obtenido nueve y medio. Era evidente que el resultado estaba muy por debajo de sus expectativas.
Su discurso no era el de quien le faltaba un “empujoncito” y debía extender la campaña tres semanas para ser presidente. Más bien, el de alguien que se siente derrotado.
Y, cuando finalmente con seis horas de retraso empezaron a conocerse los primeros números, todo quedó más claro: el discurso de Scioli marcaba el fin de una era, un antes y un después. 
 
El candidato del Frente Para la Victoria hilvanó su alocución apelando a la unidad kirchnerista y peronista, porque vio corporizarse su peor temor: no el de que los independientes votaran a Macri, sino que ocurra una fisura interna en el aparato peronista.
 
Como todos saben, el peronismo perdona todo menos la derrota. Con esa lógica implacable se había privilegiado su candidatura por sobre la de un “leal” Florencio Randazzo. 
 
Por cierto, costó un gran esfuerzo de disciplina partidaria lograr que la “tropa K” no desertara en plena campaña.
 
Ahora, la gran duda es saber cuál será el castigo interno para un candidato que no es del paladar del kirchnerismo puro y a quien sólo se lo apoyaba por ser la garantía de que “el proyecto” no sería vencido.
 
Ahora, tras la estruendosa derrota en el bastión de la provincia de Buenos Aires, ¿mantendrá el aparato peronista su apoyo a Scioli? ¿Se someterá el ala izquierda kirchnerista, representada por los intelectuales de Carta Abierta -que fueron a votar “desgarrados y con caras largas”- a una segunda vuelta de disciplina partidaria?
Y la pregunta del millón: la propia Cristina Kirchner y su núcleo íntimo, ¿estarán en estas horas tristes por el revés electoral o ya habrán asimilado el golpe y han comenzado a saborear su lugar opositor que no arria sus banderas?
 
A fin de cuentas, muchos kirchneristas de los que “bancaron el proyecto” se sentirían más cómodos como parte de una oposición dirigida por CFK que dando un apoyo desganado hacia un candidato que nunca los representó.
 
Por eso Scioli no volvió a hablar de resolver los problemas de las economías regionales, ni de cómo va a garantizar un excelente clima de negocios y proveerle a los empresarios todos los dólares que necesitan. Tampoco volvió a tomar distancia de Cristina con la promesa de corregir la injusticia del impopular impuesto a las Ganancias.
La hora de los reproches
Ahora empieza a entenderse con claridad lo que en ese momento estaba sintiendo el candidato del FpV: que antes de empezar a seducir al votante moderado de Massa tenía que evitar el desbande interno. 
 
Un proceso de “pase de facturas”, críticas cruzadas y expresiones de disidencias sería lo último que necesitaría Scioli en este momento. Pero acaso sea difícil de evitar. 
 
Con el correr de las horas, cada pequeño gesto empezó a tomar dimensiones de definiciones políticas. Como el hecho de que no hubiera dirigentes ni militantes de La Cámpora en el Luna Park para acompañarlo.
 
Como que el candidato del FpV, pasadas las 21 horas, no haya transmitido felicitación alguna a Aníbal Fernández por su performance en la provincia de Buenos Aires. Como que no hubiera señales sobre la reacción de Cristina Kirchner.
 
Los periodistas que buscaban reacciones entre los operadores políticos de Scioli y Aníbal se encontraban frente a un ambiente de desazón, que incluía llantos y escenas de desconsuelo. Lejos de un triunfalismo con vistas a la segunda vuelta, prevaleció un clima de vestuario derrotado.
 
fuente iprofesional 
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