Sergio Massa no pudo evitar el arrastre de la polarización y anoche quedó fuera de la pelea presidencial. Con el 21,16% de los votos, sobre el 72,8% de los escrutados, terminó lejos del ballottage que protagonizarán Daniel Scioli y Mauricio Macri. Pero el tigrense hizo de todo para presentar lo votación de ayer como un punto de partida para su fuerza y para dejar en claro que no espera ser un mero espectador de la batalla que vendrá.
“Nos van a encontrar en el camino de construir un cambio positivo e inteligente para el futuro de nuestro país”, dijo al subir al escenario del búnker del frente UNA, junto a su familia; su compañero de fórmula, Gustavo Sáenz; el economista Roberto Lavagna; su candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá; los diputados Graciela Camaño y Facundo Moyano; el intendente de Tigre, Julio Zamora, y el radical Jorge Vanossi, candidato al Parlasur. Massa era el que sonreía más.
Aunque no adelantó si apoyará activamente a Macri o a Scioli de cara a la segunda vuelta, el tigrense dejó picando algunas frases que lo mostrarían más próximo de Cambiemos que del kirchnerismo. “Esta noche empieza el cambio en la Argentina”, fueron sus últimas palabras, poco después de recordar que UNA tiene “un compromiso: que en la Argentina se termine la impunidad frente a la corrupción”.
Massa anticipó que los dirigentes de su fuerza se reunirán mañana y pasado en La Falda, Córdoba, para definir un documento con los principios y propuestas que el frente UNA pondrá a disposición de Cambiemos y el kirchnerismo. “Si logramos puntos de coincidencia sobre un programa que preserve la identidad de UNA, estamos dispuestos a conversar. Pero no estamos para un contubernio, sino para una convivencia”, indicó a LA NACION José Manuel de la Sota.
El gobernador cordobés llegó minutos antes de la medianoche al salón vip del búnker que UNA montó en el complejo Pipa, en Tigre, el mismo que Massa había empleado en 2013. Allí lo recibió un Massa notablemente acalorado, ya sin la corbata ni el saco que había vestido en el escenario, pero, otra vez, mucho más sonriente que el resto.
“¿Por qué estoy así? Estoy tranquilo. Hice lo que tenía que hacer. Enfrenté el poder, la plata, me la banqué. Todos decían que después de las PASO íbamos a estar en un dígito. Estamos arriba de los 20 puntos, gané en Jujuy con Gerardo Morales y lo hice ganar a Eduardo Costa en Santa Cruz. Si ves los números del Norte, te das cuenta de que le sacamos los votos al kirchnerismo”, dijo el tigrense.
Igual de confiado se mostraba frente a los resultados de UNA en los municipios bonaerenses. “Sumamos 11 intendencias”, decía, enumerando los casos de Chascomús, Chivilcoy, Necochea, Coronel Pringles, Monte y Villarino. Muy lejos de la preocupación que por entonces vivía el grueso de los intendentes del Frente Renovador. Anoche ganaban con cierta comodidad en Tigre y San Fernando, pero caían derrotados en Hurlingham, Junín, Mercedes y Bahía Blanca.
Desde temprano, en el entorno de Massa aceptaron que en la última semana se había producido la polarización contra la que pelearon desde las PASO. “Estuvimos en 24 puntos, pero en estos días todo lo que habíamos crecido se fue a Macri”, reconocían por la tarde. Por ese entonces, si la anticipación de una derrota evitó raptos de amargura, el clima que imperaba en Pipa era de resignación. Los voceros intentaron levantar ese espíritu, aunque con frases que parecían también buscar un premio consuelo.
Massa redondeó la tarea al subir al escenario, poco antes de las 23. “Gracias a los cinco millones de argentinos que confiaron en nosotros. ¡Falta mucho camino por recorrer, a no bajar los brazos!”, arengó a los militantes. Luego se abrazó con sus aliados, besó a Malena, y se puso a cantar. Para entonces, ya había logrado que fueran más los que sonreían.
fuente lanacion