Los jefes de mesa ya no hablan con nadie: si se comunican con alguien lo hacen todo por la nube con seudónimos, ya que hay mucha paranoia. “A mi me pasó: me quisieron robar la contraseña de email que tengo de trabajo, igual no tengo nada comprometedor ahí. Me dijeron que fue alguien de una universidad del conurbano”, confiesa un damnificado.
Ante esta persecuta, usan mucho el chat de gmail pero con cuentas falsas que flotan, cada tanto se renuevan, y se pasan documentación o información por Google Drive entre esas cuentas falsas. Todo lo hacen de forma cerrada y sin almacenar en computadoras o pendrives, así evitan cualquier registro formal.
Esas cuentas no las agregan a celulares porque si los llegan a enganchar les escrachan todo: se abre y se cierra en el día. En efecto, está sustituyendo al Whatsapp que si los enganchan les ven todo el registro de operatoria.
Hoy el cuevero se parecen al viejo almacenero: anota todas las operaciones en un cuaderno. Pero más de uno escribe todo en lápiz en lugar de hacerlo con birome, porque sabe que así no constituye una prueba fidedigna si lo allanan.
fuente cronista.com