… convencer a los ausentes, que representaron el 26% del padrón, el número más alto desde el “que se vayan todos” de 2001
saron escasos tres días de las elecciones primarias, pero en los búnkers de campaña de cada candidato ya se analizaron al detalle todos los números que dejó la contienda electoral, con la intención puesta en detectar dónde se pueden “pellizcar” votos que permitan mejorar las performance hacia octubre.
En unos comicios en los que cada voto pesa -porque se presume que puede ser muy finita la diferencia que determine si habrá segunda vuelta o si Daniel Scioli se consagrará en la primera- hay un factor que hasta ahora no estuvo presente en los análisis.
Se trata del elevado ausentismo, que podría modificar los porcentajes en caso de ser revertido en la elección general del 25 de octubre. Y es ahí donde, con la calculadora en una mano y la planilla de excel en la otra, fijan la atención los principales operadores políticos de los candidatos.
Sucede que el domingo sólo concurrió a votar el 73,9% del electorado, lo que marca que un 26% de los electores que no se expresó en las urnas. Por cierto, un porcentaje nada desdeñable.
Se trata de un nivel de ausentismo inusualmente elevado, tanto que sólo es superado por la elección legislativa de 2001, cuando en medio de la profunda crisis social y económica, se formó un movimiento de “abstencionismo militante”.
Lo cierto es que una disminución en la concurrencia a votar puede tener una profunda influencia en el resultado final de las elecciones; tal como quedó demostrado, sin ir más lejos, en el reciente balotaje porteño. En ese momento, la coincidencia con las vacaciones de invierno motivó un elevado ausentismo que le terminó dando un susto al candidato del PRO.
Al mirar con lupa cómo quedó constituido el mapa el ectoral tras el cierre de los comicios de este domingo, saltan a la vista datos más preocupantes, como niveles de faltas muy fuertes, superiores al 30% del padrón, en provincias tan importantes como Santa Fe, Salta y Córdoba.
De manera que a la captura de ese porcentaje de no votantes apuntarán sus cañones tanto desde el Frente Para la Victoria, como desde el massismo y el macrismo.
A fin de cuentas, la misión de convencer a alguien de cambiar su voto puede ser más difícil que la de identificar a quien no concurrió a votar y animarlo a que sí lo haga en octubre.
Lluvia y apatía
La primera presunción, cuando se supo del alto ausentismo, era que las inundaciones, especialmente en la provincia de Buenos Aires podrían ser la causa. El mismo domingo de las elecciones llovía copiosamente en las zonas anegadas, y todavía había cientos de personas evacuadas.
La gravedad de la situación llegó a tal punto que hasta se escucharon propuestas para posponer la votación en los distritos más problemáticos.
Más aun, cuando todavía no habían finalizado los escrutinios, algunos afirmaban que el alto abstencionismo que se evidenciaba en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, coincidía con los distritos más afectados por el temporal.
Sin embargo, el relevamiento del mapa electoral muestra que en Luján o en San Antonio de Areco, dos municipios con una inundación severa y un historial de larga data de evacuaciones, el nivel de participación fue superior al total nacional (72% y 78% respectivamente) y fueron los distritos de la provincia donde el espacio Cambiemos le sacó una mayor diferencia a Scioli.
Fuera del territorio bonaerense, el ausentismo alcanzó niveles críticos en varias provincias. En Salta, la cantidad de electores que no concurrieron a las urnas trepó casi al 35%. En ese orden, estuvo la deserción de los votantes en Santa Fe y La Rioja, donde “el faltazo” cerró en 33 y 33,5%, respectivamente.
En Santiago del Estero, los que no fueron representaron el 32,5%. Mientras que en Córdoba y en Chubut, la ausencia de los votantes se ubicó en torno al 29%.
Especialmente llaman la atención los datos de Córdoba y Santa Fe, que son el segundo y tercer distrito del padrón en cantidad de votantes habilitados
En la primera, sólo concurrió a votar el 70,6% del total; mientras que en Santa Fe lo hizo apenas el 66,8% de los ciudadanos autorizados.
Entre los analistas se ha afianzado la hipótesis del “efecto desgaste”. Sucede que ambas provincias ya han elegido a sus gobernadores este año, luego de las respectivas primarias. Por lo que las PASO de este domingo representaban el tercer llamado a las urnas tanto para cordobeses como para santafesinos.
Lo mismo ocurrió en Salta, donde en mayo pasado ya se había elegido gobernador.
¿Quién puede sacar más ventaja del voto ausente? Seguramente, el equipo de Daniel Scioli sea de los que más interesados se encuentren en capitalizar en las urnas las bajas de este domingo, ya que las provincias en las que el ausentismo fue elevado hay una larga tradición peronista.
Sin embargo, tanto en Córdoba como en Santa Fe hay un margen de posibilidad tanto para Cambiemos como para el Frente Renovador. En la docta, tanto Macri como Massa van a salir a cazar los votos de De La Sota, quien obtuvo 38,7%. No falta el analista que recuerde que una provincia tan antikirchnerista como Córdoba es terreno fertil para que la oposición coseche votos.
Lo cierto es que Córdoba será un territorio apetecible para todos, porque también Scioli dio señales claras de que intentará un operativo de seducción sobre los votantes de De la Sota.
En Santa Fe, en cambio, el panorama no está claro tras las confusas elecciones de gobernador, donde el PRO finalizó las PASO con una cierta ventaja, pero terminó perdiendo en las elecciones generales.
A diferencia de lo que ocurre en Córdoba, donde puede presuponerse que la mayoría de quienes no concurrieron a votar podrían adherir al peronismo, en Santa Fe las preferencias parecen más repartidas.
Tanto Scioli como Macri y Massa deberán arengar a sus punteros y direccionar mejor sus discursos para convencer a quienes se abstuvieron de acercarse en octubre a las urnas y con su voto, torcer los resultados finales.
El otro factor sorpresa: “el voto bronca”
Los encantamientos de los candidatos también deberán apuntar a convencer a aquellos que votaron en negativo, es decir los que sí concurrieron a las urnas pero sufragaron en blanco o anularon su voto.
Este grupo representa un porcentaje para nada desdeñable, en torno al 5,46% del total de los votantes autorizados, una cifra superior al 3,51% que alcanzó Margarita Stolbizer.
En algunos puntos del país, los votos negativos alcanzaron valores aun más significativos. Por ejemplo, en Chubut, donde el “voto bronca” representó el 17,9% del padrón. Otra de las provincias del sur del país donde la apatía del electorado creció fue Neuquén, donde los votos negativos se elevaron al 13,26% del total de sufragios efectuados.
Algo similar ocurrió en Entre Rios, donde los votos que no terminaron sumando para ninguno de los candidatos fueron del 10,7%.
Si se analizan estos datos, aparece otra vez Santa Fe como el distrito donde los aspirantes al sillón de Rivadavia deberán redoblar sus esfuerzos. Al elevado nivel de abstención se le sumó un para n
ada despreciable 7,44% de votos negativos.
ada despreciable 7,44% de votos negativos.
fuente iprofesional