Los rumores en los pasillos de la AFIP están tomando forma. A raíz de los cambios estipulados en el Gabinete Nacional, el futuro del titular del ente recaudador Ricardo Echegaray era incierto. Pero ayer, el funcionario, que supo ser un soldado fiel en las filas del kirchnerismo al mejor estilo Guillermo Moreno, estuvo a punto de plantar bandera. Cansado de sentirse relegado, el detonante fue el pedido de salida de María Siomara Ayerán, la titular de la Aduana, por parte del flamante jefe de Gabinete Jorge Capitanich, según supieron afirmar fuentes gubernamentales a Cronista.com.
Aquí, la disputa de poder es doble. Para Echegaray, la oficina que controla el ingreso de mercaderías es uno de los pilares de su gestión.
Y Capitanich ambiciona que la AFIP dependa directamente de él. El funcionario considera que si la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación tiene el control absoluto de las partidas presupuestarias, corresponde que también gestione la recaudación tributaria. Un condimento extra sería poner a alguien de su riñón en la Aduana, según agregaron las mismas fuentes que pidieron conservar el anonimato.
En medio de este escenario de malestar, ayer hubo un llamado para Echegaray. La presidenta Cristina Kirchner quiso poner paños fríos a la situación y le pidió que no tomara ninguna decisión apresurada. Es por eso, que, por estas horas, el funcionario espera el nombre de quien liderará la Aduana, mientras los empleados de esa cartera también aguardan con expectativa alguna resolución. “En breve se define, el clima es tenso”, afirmaron.
Tire y afloje
El descontento con Echegaray no es nuevo. Primero, fue el fracaso del blanqueo. El titular de la AFIP debió admitir que la medida de ‘exteriorización de capitales‘ no funcionó, pese a las promesas realizadas a Cristina sobre un éxito seguro. Le sugirió a la mandataria no extenderlo pero sin embargo, fue desoído. En el medio, las discrepancias sobre el futuro financiero de la Argentina con el plantel económico de la Presidenta fueron en aumento.
La frutilla del postre fue la implementación del recargo al turismo. Echegaray quedó descolocado con la resolución que dispuso elevar al 35% la retención para los viajes al exterior -con la que él estaba en desacuerdo- al igual que ocurrió con la prórroga del blanqueo de capitales.
La mala cara que exhibió en la última conferencia de prensa en la que anunció la recaudación de noviembre, tenía, más allá del resultado, su razón de ser en esta orden que recibió del jefe de Gabinete, y del ministro de Economía, Axel Kicillof, que se inclinaron por imponer, además, un dólar turista, contra la opinión del jefe del organismo fiscal.
fuente cronista.com