David Cameron se disculpó este miércoles en los Comunes por la “connivencia” del aparato del Estado en el asesinato del abogado católico Pat Finucane en su casa del norte de Belfast en 1989. Pero sus disculpas no impresionaron a la familia. Primero, porque Cameron ya se había disculpado ante ellos cuando el año pasado le visitaron en Downing Street. Segundo, porque esa connivencia entre las fuerzas de seguridad y los lealistas protestantes ya se había admitido en el informe presentado en 2003 por el entonces jefe de Scotland Yard, sir John Stevens. Y, tercero, porque los Finucane calificaron este nuevo informe de “enjuague” e insistieron en reclamar que haya una investigación pública.
El primer ministro se topó así con un asunto que tiene gran tendencia a eludir: el conflicto de Irlanda del Norte. Cameron solo suele acordarse del Ulster cuando hay buenas noticias, como cuando hace unos días se dejó caer por allí para anunciar que la cumbre de jefes de Estado del G-8 del año que viene se celebrará en Fermanagh, al oeste de la provincia. Un lugar, por cierto, de difícil acceso para quienes se han apuntado a la popular actividad veraniega de revienta-cumbres.
Esta vez no se trataba de buenas noticias, sino de actos de contrición por la guerra sucia, de la que el asesinato de Finucane es uno de los casos más simbólicos. Cameron, de acuerdo con el informe de sir Desmond da Silva, se declaró “escandalizado por la colusión del Estado” en ese “horrible crimen”, pero negó que hubiera una conspiración política. El informe confirma que el 85% de la información en la que se basaban los paramilitares lealistas del UDA para elegir a sus víctimas procedía de las fuerzas de seguridad, pero insistió en negar una guerra sucia organizada.
La familia rechazó de plano las conclusiones del primer ministro. “Han escondido la porquería debajo de la alfombra sin intentar nunca en serio averiguar lo que realmente le pasó a Pat y tantos otros”, declaró la viuda, Geraldine, en una rueda de prensa en Londres, “Este informe es una farsa. Este informe es un enjuague. Este informe es una estafa disfrazada de control independiente. Pero sobre todo, y es lo que más duele y lo más insultante, este informe no es la verdad”, declaró.
La familia rechaza el informe porque se ha hecho a puerta cerrada, sin que ellos puedan acceder a la información y plantear cuestiones a los presuntos implicados. Y reniega de las conclusiones porque estas cargan las tintas sobre los personajes que ya han fallecido, los que ya no pueden comparecer para dar explicaciones sobre la que ocurrió. No solo a Finucane, sino a muchas otras víctimas de los paramilitares lealistas.
Se quejan también de que apenas hay nada que no se supiera antes. Entre los nuevos detalles está que los servicios secretos sabían que el abogado estaba en la lista de objetivos de los lealistas pero no le informaron para no comprometer a sus fuentes de información. Finucane, que tenía 39 años cuando fue asesinado ante su mujer y su hijo de ocho años, estaba entre los objetivos del UDA porque había defendido a numerosos miembros del IRA. Se había hecho famoso como abogado de Bobby Sands y otros huelguistas de hambre en la cárcel de Maze.
“Por supuesto que doy la bienvenida a una disculpa personal [de David Cameron]. A fin de cuentas es un ser humano y probablemente cree que fue un acto atroz”, dijo también Geraldine Finucane. “Pero por desgracia, está bastante alejado de lo que ocurrió en Irlanda del Norte a finales de los 80. Quizás no le ha costado demasiado pedir disculpas. Le voy a dar el beneficio de la duda y aceptar sus disculpas. Pero no va lo bastante lejos porque en realidad no sé de qué se está disculpando. Este informe no me dice mucho más de lo que ya sabía”, añadió.