Él, que no es Néstor sino Daniel, se convirtió en una figura clave en la campaña electoral del kirchnerismo, después de sellar una “paz forzada” -como definen en la Casa Rosada- para satisfacer necesidades mutuas: Cristina Kirchner quiere mejorar la performance oficial en las urnas y el gobernador bonaerense apuesta a mellar las chances del rival de más peso, Sergio Massa, para mantener en pie su propio proyecto presidencial.
“Está más cristinista que el Cuervo (Larroque)”, sintetizan, con sarcasmo, en el comando de campaña K. Con cada vez mayor protagonismo, Daniel Scioli asegura que su acople a la gira proselitista para instalar al primer candidato a diputado, Martín Insaurralde, no tuvo contrapartida alguna. Ni inyección inmediata de fondos, ni promesas de ayuda financiera. “Se puso a disposición porque lleva una década en el mismo lugar y es co-constructor del espacio”, dijo a LA NACION un allegado del gobernador.
En la Casa Rosada prevén un escenario sin tensión en el corto plazo. Es más, procurarán que no haya conflictividad en la reapertura de la paritaria de los docentes bonaerenses, en septiembre. “Habrá una «situación de abrazo», por lo menos, hasta el 31 de octubre”, se sinceró un integrante de las listas legislativas.
Scioli lo sabe y transmite a sus interlocutores que tiene resueltas las cuentas de la provincia. Como señal de confianza, en la administración bonaerense exponen que hace poco colocaron, por décima vez en el año, letras del Tesoro por casi $ 500 millones y relativizan la deuda con los proveedores. “No tiene los niveles de atraso de 2009, en promedio están entre cuatro y cinco meses”, sostuvieron.
Dos premisas matemáticas motivaron a Scioli a poner el cuerpo en la contienda electoral. La primera, que Massa no alcance los 40 puntos; la segunda, que no supere al oficialismo por una diferencia mayor a ocho o diez puntos. Eso, cree, evitaría que el intendente de Tigre se instale como un alternativa contundente para gobernar el país en 2015.
En el sciolismo comenzó a circular cierto optimismo después del susto que motivó la irrupción de Massa. “Daniel hizo negocio. Es un tipo de suerte, y es importante. Uno de los criterios que usaba Napoleón para elegir a sus generales, más allá de sus habilidades en la guerra, era ése: la suerte”, interpreta, místico, un legislador provincial de su tropa.
Minucioso en la comunicación, Scioli replica un diseño específico de incursión territorial. Participa, en promedio, de cuatro actos diarios, de los cuales uno o dos son compartidos con Insaurralde. La agenda diaria la coordina la ministra de Gobierno, Cristina Álvarez Rodríguez, que recibe propuestas de visita desde los municipios y las remite al búnker K. Allí, deciden qué hoja de ruta conviene seguir.
Hay bajadas tácticas en el conurbano y también en ciudades del interior -como Olavarría, Bahía Blanca y Mar del Plata- donde Scioli no sólo dobla en imagen a Insaurralde, sino también supera a la Presidenta.
En cada acto, el gobernador se reserva un discurso para capitalizar gestión. “Quiere cerrar varios capítulos”, asegura a LA NACION un vocero, antes de enumerar el listado de temas por abordar hasta fin de año: la inauguración del puerto de contenedores de Berisso, obras en la autopista Buenos Aires-La Plata, reformas hídricas para las que la Legislatura autorizó un endeudamiento de $ 1970 millones, la reconstrucción de la ruta provincial 6 y combos contra la inseguridad, como entrega de patrulleros y centros de monitoreo.
Las agrupaciones políticas que nacieron para respaldar su plan presidencial, en la práctica, juegan con libertad de acción. No hubo orden de encolumnamiento detrás del Gobierno. Por ejemplo, en Santa Fe, La Juan Domingo apoya a Jorge Obeid, candidato del Frente para la Victoria, pero se muestra prescindente en Buenos Aires. En simultáneo, siguen trabajando en un armado nacional que reporte al gobernador.
Scioli en persona es, para el oficialismo, una carta ganadora para acumular votos. No de casualidad lo incluyeron en un spot, junto a Insaurralde, titulado “Afectos”. Se los ve conversando en distintas tomas y, al final, caminando juntos por un largo pasillo. Siempre sonrientes.
Tregua de mutua conveniencia
El Gobierno recurre a Scioli, resistido por un sector del oficialismo, para sumar votos. Desde ambos lados prevén una tregua, por lo menos hasta noviembre
El gobernador quiere que Massa no descolle en las urnas, para evitar un competidor sólido en 2015
Como contrapartida, Scioli no recibió fondos ni promesas de ayuda económica, aseguran en su entorno
fuente lanacion