Archivo de Notas TotalNews Agency
No Result
View All Result
No Result
View All Result
Archivo de Notas TotalNews Agency
No Result
View All Result

18A: los arrepentimientos y las cargadas

Redacción TN by Redacción TN
19 abril, 2013
in Politica
0
0
SHARES
0
VIEWS
Share on FacebookShare on Twitter

Ese pareció ser el mensaje de ayer cuando, al mismo tiempo que un millón de personas salía a las calles a manifestar su descontento por el avasallamiento de la Justicia, le restricción de los derechos individuales y la corrupción, el Senado de mayoría automática kirchnerista aprobaba la defunción de la Constitución, por la vía de eliminar las medidas cautelares de protección a los derechos civiles y las garantías individuales de los ciudadanos.

Ciento cincuenta y nueve años, 11 meses y 18 días duró el esquema jurado en Santa Fe el 1 de mayo de 1853 que, con las restricciones de las dictaduras militares, había permanecido inalterado durante la vigencia de la democracia.

La Sra de Kirchner pasará a la historia por ser la primera presidente civil de facto, es decir, alguien surgido de las urnas pero que gobierna al margen del Estado de Derecho consagrado en la Constitución, en donde los ciudadanos gozan de derechos y garantías para limitar el poder del gobierno y cuyo garante y gendarme es el poder judicial.

Todo el paquete judicial del gobierno y en especial el que elimina los amparos, el hábeas corpus, el que modifica la composición y la forma de elección de los consejeros del Consejo de la Magistratura y el que crea las Cámaras de Casación, constituyen un golpe de estado liso y llano.

Enormes franjas de la sociedad salieron a la calle para demostrar su oposición a semejante prepotencia y atropello, pero la presidente optó por cargarlos emitiendo mas de 60 tuits en los que se refería desde la “ejemplar” elección venezolana hasta la confirmación de que es “terca y vieja”. De esa manera la Sra de Kirchner volvió a adscribir a lo que desde este mismo lugar hace 10 años llamamos el gobierno del “mirá como lo hago igual”.

En efecto, a los pocos meses de asumir Néstor Kirchner aparecieron las primeras reacciones de incredulidad frente a la fenomenal agresividad y confrontación que proponía el nuevo presidente. Pese a todas las experiencia vividas, la sociedad parecía comenzar a advertir que aquello era diferente, que nunca había visto nada parecido. Frente a esas manifestaciones se nos ocurrió aquella frase que resumía el desdén con el que Néstor Kirchner medía todos esos efectos: no le importaban nada; él seguiría haciendo lo que hacía de todos modos, pataleara quien pataleara.

Su viuda ha profundizado ese aislamiento y esa coraza que la aísla de lo que pasa en la vida real. Su terquedad –ahora ya admitida oficialmente por ella misma- le impide cualquier versatilidad que responda a los reclamos. Ella sigue en su mundo, dando órdenes como los generales en los cuarteles y rodeada de soldados que siguen prestando una obediencia muda a todo lo que baja desde el Palacio.

La actuación de los senadores del kirchnerismo debe ser una de las más vergonzosas que se recuerden. Levantando la mano para esclavizar a los ciudadanos, mientras cientos de miles en las afueras del Congreso reclamaban vivir en libertad. La de anoche debe anotarse como una de las imágenes más patéticas de la reciente historia política argentina: los representantes del pueblo volviéndose contra él para respaldar el poder absoluto de un gobernante fuera del Derecho.

¿Pero cuánto de verdad hay en la convicción presidencial de que el gobierno encara un proyecto clasista que contará con el respaldo de los que creen en la lucha de clases y de que esos creyentes son mayoría?

Algunos dicen que, con toda la furia, esa franja social puede alcanzar el 20% del electorado. Otro 20% está en las antípodas: si por ellos fuera abolirían el Estado y reducirían a escombros todo lo que el Estado representa. En el medio, para este punto de vista, hay un 60% de gente que quiere vivir en libertad, con un Estado justo y limitado a sus funciones, con un orden de Derecho que resguarde sus libertades y que ponga fuera del alcance de la autoridad las decisiones individuales por las que cada uno será responsable, tanto para disfrutar de sus aciertos como para padecer sus equivocaciones.

¿Es así?, ¿tiene la sociedad argentina esa conformación morfológica? Permítanme que lo dude. Quizás la presidente no tenga toda la razón respecto del esquema social que ella cree verdadero y en base a cuya consideración toma decisiones. Pero es muy posible que tenga parte de la razón. El daño que el clientelismo, el odio social, el proceso de zombización y la caída programada del nivel educativo ha sido tan grande que es posible que millones de mentes se hallen atrapadas en la lógica que favorece a la presidente y con cuya vigencia ella especula para hacer lo que hace. En especial en aquello que tiene que ver con vivir en un sistema en donde uno es responsable de las consecuencias de sus actos y que, así como disfrutará de los efectos de sus aciertos, padecerá los resultados de sus equivocaciones.

Con la realidad que hemos visto a través de las décadas –incluso viendo cómo los argentinos votan- no es posible creer que haya un 60% de gente “normal” que quiere vivir en libertad, conservado sus derechos, teniendo un esquema de defensa garantizado para cuando esos derechos son atacados y que se banque las consecuencias de sus actos. Eso no fue lo que la gente votó en octubre de 2011. El 54% de los votos (algo bastante similar al 60% del que hablamos) endosó un proyecto que ya era autoritario al momento de someterse a ese escrutinio y que había dado muestras de profundización y radicalización durante la primera presidencia cristinista. Por supuesto estaba muy a la vista de que no era una tendencia que favoreciera la creatividad individual ni la preeminencia del individuo sobre el colectivo. Todo lo contrario.

El “vamos por todo” estaba explicitado desde hacía mucho tiempo antes, para quien quisiera verlo. El entonces secretario de programación económica Roberto Feletti lo había dicho claramente 5 meses antes de las elecciones en sendos reportajes periodísticos: “hay que radicalizar el populismo”, “ganada la batalla contra los medios, no tendremos límites”, “hay todavía mucha renta de la que debemos apropiarnos”, fueron algunos de sus más “mesurados” conceptos. Y la gente fue y votó eso. De modo que hoy –si bien es cierto que nadie puede quitarle a las personas el derecho al arrepentimiento- es difícil no sospechar, en algún rincón, que las especulaciones sociológicas de la presidente cuentan con un aval de la realidad.

La nueva cuenta entonces, para echar una proyección sobre el futuro, sería saber cuánta gente que entraba dentro de la lógica social que la presidente tiene en la cabeza se ha ido de allí y si lo ha hecho porque, entre otras cosas, nota que la la Sra de Kirchner los carga.

Si ese porcentaje fuera importante y si el motivo de la fuga fuera cierto, la presidente debería reconsiderar su tendencia al ninguneo. Porque si esos presupuestos fueran ciertos es posible que le quede poco tiempo para seguir gozando de las delicias de vivir dentro de un termo.

fuente thepostarg

Tags: 18A: los arrepentimientos y las cargadasPolítica
Previous Post

A las 18:00hs hablaria Lazaro Baez en Rio Gallegos

Next Post

Condenan a 15 años de prision a Pedraza por el crimen de Ferreyra y el juez suspendio la lectura de la sentencia

Next Post

Condenan a 15 años de prision a Pedraza por el crimen de Ferreyra y el juez suspendio la lectura de la sentencia

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No Result
View All Result
  • Activity
  • Archivo TotalNews
  • Búsquedas
  • celp exchange details(Advanced Design)
  • cmc exchange details
  • Members

© 2025 Totalnews Agency