Apareció muerto en la terraza de la construcción. En el lugar había cantidad de paco, marihuana y cocaína. Nos situamos en el corazón de la populosa barriada de Ludueña. A unas quince cuadras de la fastuosa avenida costanera norte, frente al rio Paraná.
Esta nueva víctima fue identificada como Rolando Adrían Mansilla, 12 años, hijo de una humilde familia chaqueña, que había inmigrado internamente a esta ciudad para paliar el hambre que sufrían en el Chaco. Tiene otros hermanos y los padres solo se lamentaron tibiamente por el triste final del adolescente.
Rolando Adrían desarrollaba esta actividad cuidando el bunker y vendiendo droga, hace ya tiempo y por eso le pagaban. No era mucho. Solo migajas de lo mucho que recaudan los que mandan. Pero el niño se preocupaba mucho por su trabajo. Y enfrentaba a cualquiera por defender lo que consideraba suyo. De madrugada y junto al cadáver se hallaron un colchón, un brasero antiguo de hierro fundido, con carbón y maderas encendidas.
Las puertas de acceso a la casa eran de chapa y estaban soldadas al marco de hierro. Una ventana baja por donde al parecer entraba, estaba asegurada por un candado. Los sacrificados vecinos que eran testigos diarios de lo que allí ocurría, habían alertado en reiteradas oportunidades a la policía.
Este escenario está situado sobre calle Magallanes al 300 bis, barrio Ludueña. Ese lugar el año anterior había sido demolido en un operativo de la gendarmería nacional. Pasó el tiempo y la venta al menudeo se volvió a activar. La comisaría de la jurisdicción está a tan solo tres cuadras. Al perecer no estaban enterados.
L a guerra entre las bandas por dominar el territorio era cosa de todas las madrugadas. Anoche ocurrió la tragedia. Temprano. Unas diez detonaciones mezcladas con explosiones. Rolando Adrián Mansilla, con 12 años de edad se defendía en la terraza de la construcción arrojando bombas molotov contra sus agresores que lo querían desalojar.
Durante la madrugada cuando se habían acallado los gritos de las caravanas proselitistas y los cierres de campañas, el adolescente en el enfrentamiento con los otros, recibió un balazo en el ojo izquierdo, que le salió por la nuca. Tres heridas más, una en el tórax y dos en las piernas. El frente de la ruinosa construcción tenía muescas de los balazos recibidos.
Habían ido a matarlo y lo concretaron. Fue impactante y brutal. El cuerpo del soldadito quedó con un brazo colgando, su sangre tiñó la pared y no cayó al vacío de milagro.
Aquí la inseguridad es la política. Esto se desprende de las promesas electorales de los candidatos y sus propuestas. En ocho años transformaron a la provincia en uno de los reductos del narcotráfico en el continente. Nadie se explica aún que significan a la vista de semejante suceso las propuestas que siguen planteando. La fiscal de la causa, doctora Marisol Fabro estuvo en el lugar para entender la mecánica del crimen. Tiene múltiples hipótesis, varias de sospechosos pero no duda de las características mafiosas del suceso, típico del narcotráfico y la corrupción.
113 homicidios en lo que va del año en Rosario. Uno más en la nutrida saga de la criminalidad.
A veces la insensatez es más difícil de controlar que la maldad.
Alfredo Velasco Ferrero. Corresponsal.