Fue Acribillado de doce balazos en el comercio de su hijo.
La fiscalía interviniente está trabajando a conciencia y aunque lentamente, va hacia el esclarecimiento del atroz suceso. Fué por encargo. Dos sicarios pueden ser policías, enviados por policías y funcionarios que estaban comprometidos en la cuestión recaudatoria para la campaña política, robaban para la corona, aparecen como los ideólogos y los ejecutores. Esta hipótesis desalojó casi totalmente a la del supuesto robo donde no robaron nada. Fueron a matarlo.
Se trataba de un buen policía. De eso damos cuenta los periodistas que lo conocíamos desde hacía tiempo. Tipo cauto pero confiable. Visitaba diariamente el local de su hijo, el Rapi Pago de calle Rodriguez 219, en el corazón del barrio Pichincha.
El suceso ocurrido pasadas las 15,30 del 10 de junio del 2014 fue muy confuso. Desde el primer momento despertó profundas sospechas. Casi nadie duda que fueron a matarlo. Recibió por lo menos doce balazos de armas diversas. Cuando se desangraba en el piso uno de los asesinos se acercó, con impactante frialdad le apoyó el cañón de un revolver calibre 38 en el cráneo y lo remató. Para que no queden dudas. Una brutal acción con tintes mafiosos, porque se supone que Morgan sabía mucho.
Dentro de todas las suposiciones, ahora en virtud de la labor continuada de fiscal el doctor Florentino Malaponte, con el apoyo de indignados policías, compañeros de Morgan que trabajan en la investigación la causa camina, silenciosamente, pero sin pausa.
Hay muchos comprometidos en este crimen mafioso, que están preocupados. Algunos piden por favor que los incluyan en la lista de diputados para tener fueros y no correr riesgos futuros.
Es que Guillermo Morgan tuvo un destacado accionar cuando dos conocidos del mismo palo asesinaron en el acceso sur de madrugada a Luis Medina y su acompañante, la pareja que murió por estar en el lugar en el momento inoportuno, se lo sindicó como narco, llegaron presurosamente al escenario del crimen dos funcionarios del ministerio de gobierno de la provincia, antes que la policía y se apoderaron de la Mac del Luis Medina, trataron de desbloquearla para conocer su contenido. Que nombres figuraban allí que tanto preocupaban. Cuando estaban en esto arribó el comisario Morgan y como correspondía y era su responsabilidad incautó la computadora y se la entregó a la jueza interviniente.
Luis Medina y sus socios habían sido favorecidos por la Municipalidad de Rosario con la concesión del boliche Speranto de calles Zeballos y Presidente Roca. Una actividad poco transparente que inquietaba particularmente a los vecinos. Llegaron hasta la habilitación. A esa inauguración habría que reflotarla para ver quienes concurrieron. Speranto nunca funcionó por la valiente lucha de los vecinos del lugar por lo inadecuado de la ubicación. Pero, había compromisos y estos se cumplen La familia de Morgan destruida.
Al hijo del comisario propietario del lugar y testigo de quienes mataron a su padre, lo dejaron atado de manos y de pies y lo amenazaron de muerte para que no hable nunca más. Está bajo tratamiento psiquiátrico.
Había plata en la caja. No se llevaron un peso .La víctima no tenía uniforme estaba de civil, campera azul celeste clara, los criminales huyeron tranquilamente a pie hacia calle Catamarca. Se supone que alguien los esperaba a la vuelta porque desaparecieron hasta ahora.
No sospechaba que lo iban a matar. Le ayudaba a su hijo a ensobrar dinero de la recaudación del Rapi Pago. Allí irrumpieron los sicarios, algunos dicen que se movían con actitudes policíacas aunque nada ratifica tal aseveración al estar vestidos de muchachones de la calle.
Esperanzas en la difícil búsqueda de la verdad sobre una tragedia generada desde ocultos despachos que enluta para siempre a la policía santafesina. Hasta hoy impunidad y preocupación manifiesta de varios.
Acá, como muchas veces antes, la muerte aparece como una forma más de la ficción. Pero es la lectura de la realidad.
Alfredo Velasco Ferrero. Periodista.