Hablamos de uno de los reductos de la cultura más importantes del país enclavado en el parque de la Independencia de Rosagasario.
Lo que han hecho con el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino es digno de un estudio científico profundo. Es un dislate como mínimo una sin razón. Como sabemos que para hacer huevadas son mandados a hacer y esta es una más, y mantiene como rehenes a los habitantes de la ciudad .No cejan en su empeño de acostumbrarlos a valorar el arte funerario. Tiene que ser negro. Porque así durante las noches, ese divertido color hace desaparecer totalmente la luz que emerge de las farolas de la plaza Culaciatti, y se logra el objetivo de la ampliación. Hace desaparecer la imagen del majestuoso edificio y de paso afianza la seguridad para los noctámbulos que gozan del hermoso paseo. O no.
Mintieron al principio cuando compraron la desopilante idea. No lo consultaron nada más que con los iluminados que son los que están preparados para el progreso. Era solo por un mes, esta ampliada visión de la realidad emanada de un rayo del Altísimo. De nada sirvieron los reclamos de la plebe en abrazos solidarios y manifestaciones para tratar de proteger un lugar caro a todos los rosarinos. Pero como la gilada admite todo, continúan mintiendo. Anunciaron oficialmente que el 8 de marzo repintarían el histórico edificio-data de l937, ni yo había nacido, pero el 8 de marzo ya pasó. Nada ocurrió.
Cada uno que pasa por Pellegrini y Oroño putea. La incomprensión popular es tremenda y atroz. Pero las cuestiones de esta notable creatividad no son auténticas son copiadas de otros lares. Copian todo. Traen hasta los instructivos en otros idiomas. El portugués para la estación de bicicletas que están instalando ahora y la ofrecen como la utopía del placer máximo.
No se trata de brindar mayor seguridad, o rebajar las tasas, que no haya cortes de luz o que el agua potable llegue con normalidad a cada humilde casa. Nada de eso. Son sesudos pensamientos que elevan a la gente como el queso untable. Lo que pasa que no los entienden.
Es un negro sin límites para el museo. Al hecho de que se haya intervenido este edificio magnífico proyectado por los arquitectos Hilarión Hernández Larguía y Juan Manuel Newton no es casual. No lo podemos despojar de lo ocurrido, los sucesos de la historia cotidiana. El vandalismo reflejado en su paredes por las barras futboleras, y de otros delincuentes, o reclamantes en muchas oportunidades. Pienso también que puede estar el luto por los muertos por el narcotráfico y otros homicidios teñidos de violencia, venganza y terror que han determinado que esta ciudad sea otra, no aquella que conocimos y que no es la de hoy , de ninguna manera, menos para este tipo de extravagancias tan frívolas.
Actitudes berretas de sujetos sin merecimientos. Huérfanos de toda calidad. Baratos a pesar del marketing prolijo de los operadores de la difusión. No hablo de personas, aquí lo menos importante son los ejecutores sino de los responsables políticos de semejante dislate.
Es una locura intentar siempre lo mismo esperando resultados diferentes. Los rosarinos deben tener en cuenta que la verdad nunca daña una causa que es justa. Que pinten buscando el original.
Son cuatro las manos de pintura de alta calidad que deberán aplicar para cubrir el presuntuoso negro que hoy cubre las paredes especiales de la valiosa construcción. Por supuesto hay explicaciones oficiales de quien paga esto, pero finalmente, el patrimonio exclusivo de los rosarinos será bancado por los esforzados vecinos de la gran ciudad. No le parece.
Alfredo Velasco Ferrero-periodista.