“Umberto Eco me marcó mucho por uno de sus libros, sobre todo el ensayo Por qué ríen en aquella jaula, que está incluido en La estrategia de la ilusión (1986). Allí, Eco cuestiona con mucha dureza a los montoneros y a los peronistas revolucionarios de los 70 y los compara con las brigadas rojas de Italia. Esa relación y esa crítica la podía hacer un intelectual progresista del tamaño de Eco”.
Así recuerda el escritor y ensayista argentino Marcelo Birmajer al inmenso intelectual italiano esta noche, poco después de enterarse que horas antes había fallecido uno de los más lúcidos analistas de la realidad universal. “Me produce un gran dolor la muerte de Eco. Lo aprecié mucho como escritor y me resulta un hombre sensato, inteligente y con El nombre de la rosa, un escritor formidable”, afirma.
“Tengo contacto con dos libros únicamente. Los dos me encantaron. “El nombre de la rosa” es un policial extraordinario, original, revelador. Lo leí a los 20 años y todavía lo recuerdo como un gran libro. El otro libro es “La estrategia de la ilusión”, una recopilación de ensayos que me cautivó, pero sobre todo uno, que es Por qué ríen en aquella jaula, una crítica a los montoneros y a los peronistas revolucionarios, a los que compara con las brigadas rojas de Italia”.
Birmajer resalta que, de hecho, evoca las palabras de Eco -“las menciono de memoria muy seguido”, dice- por la actitud que tuvieron los Montoneros de apoyar a Galtieri durante la Guerra de Malvinas, y por el desprecio por la vida que tuvieron tanto los peronistas revolucionarios como las brigadas rojas de Italia”.
“Siendo un intelectual progresista, Umberto Eco podía criticar a los Montoneros en la época de la dictadura, porque sabía ver las similitudes entre ambos movimientos revolucionarios”, concluyó Birmajer.
Extracto del lúcido y actual ensayo “Por qué ríen en aquella jaula”
“Qué es lo que asusta en el conflicto de las Falklands (Malvinas)? No es el hecho de que el General Galtieri haya buscado un enemigo exterior para calmar las tensiones internas, ya que esta es una técnica dictatorial normal y cada cual debe hacer su oficio, por sucio que sea. No es tampoco el hecho de que Gran Bretaña reaccione de manera más salgariana que posmoderna, porque noblesse oblige, cada uno es prisionero de la propia historia y de los propios mitos nacionales.
“Lo que asusta es el hecho de que los montoneros de Firmenich, los peronistas revolucionarios, todos aquellos por quienes se conmoviera la opinión pública democrática europea cuando languidecían en las cárceles de los generales y a quienes se llegaba a justificar cuando realizaban terrorismo menudo (es comprensible, se decía, viven bajo una dictadura) todos estos revolucionarios a tiempo completo, todos estos enemigos del capitalismo y las multinacionales, se alineen ahora de modo entusiasta al lado del gobierno, exaltados por la invitación nacionalista a morir por las sagradas fronteras de la patria.
“Parece exactamente mi relato: si los generales argentinos hubieran inventando una hermosa guerra hace diez años, todos estos héroes, no habrían cometido jamás acciones terroristas, sino que se hubieran hecho matar, el puñal entre los dientes, arrojando bombas de mano contra el rajá blanco James Brook, tal vez al grito de “¡Mompracem!”, como jóvenes tigres de las pampas. Chile no está en el juego, porque Pinochet es un hombre precavido que necesita del apoyo de Estados Unidos, pero vean: Cuba ha estado inmediatamente de acuerdo. También Castro debe haber leído más a Salgari que a Marx.
“Veo muchas analogías entre los brigadistas que ríen a carcajadas durante el proceso Moro y los montoneros que ahora gritan viva Galtieri (…) Sé muy bien que este discurso corre el peligro de pasar por reaccionario: no hay ideología, ni ideales, solo hay oscuras fuerzas biológicas que arrastran a los hombres al derramamiento de sangre (suya o ajena), no hay diferencias entre mártires cristianos, garibaldinos, brigadistas rojos, partisanos.
“Y bien, el problema es cómo no llegar a estas conclusiones. El problema es saber, comprender, que no todos los sacrificios, no toda la sangre se ha derramado por juego. Pero eso implica efectuar todas las discusiones de que es capaz nuestra razón, y para articularlas es preciso, ante todo, sospechar siempre y de cualquier modo de la mística del sacrificio y de la sangre. No quiero sugerir que no haya diferencia entre aquellos que la sociedad reconoce como héroes y aquellos que la sociedad considera locos sanguinarios, si bien hay mucha menos de lo que nos hacen creer los libros escolares. No quiero sugerir que todas las ideologías y todos los ideales sean pretextos transitorios para impulsos de violencia que nacen en las profundidades de la especie. Quizás exista una distinción y muy simple.
“Los verdaderos héroes, aquellos que se sacrifican por el bien colectivo y que la sociedad reconoce como tales, tal vez mucho tiempo después, mientras que en su momento fueron tachados de delincuentes e irresponsables, son siempre personas de mala gana. Gente que muere pero que preferiría no morir, que mata pero preferiría no matar, de tal manera que después renuncian a vanagloriarse de haber matado por necesidad.
“Los verdaderos héroes son siempre arrastrados por las circunstancias, jamás eligen, porque, si pudieran, elegirían no ser héroes. Valga por todos el ejemplo de Salvo D’Acquisto, o de tantos partisanos huidos a las montañas, capturados y torturados, que no hablaron para disminuir el tributo de sangre, no para alentarlo.
“El héroe verdadero lo es siempre por error, su sueño sería ser un honesto cobarde como todos. De haber podido, hubiera resuelto la situación de otro modo, y de manera incruenta. No se vanagloria de su muerte ni de la ajena. Pero no se arrepiente. Sufre en silencio, son los demás quienes luego lo explotan y hacen de él un mito, mientras él, el hombre digno de estima, era tan solo un pobre hombre que supo actuar con dignidad y coraje en una situación que lo superaba.
“En cambio sabemos de inmediato y sin lugar a dudas que debemos desconfiar de aquellos que salen disparado (disparando) movidos por un ideal de purificación por la sangre, suya y ajena, aunque más a menudo ajena. Siguen un guión animal, estudiado ya por etólogos. No debemos asombrarnos ni escandlizarnos demasiado. Pero tampoco debemos ignorar la existencia de estos fenómenos”.
fuente infobae