Algunos están sepultados debajo de cruces blancas. Otros están en el fondo del mar, perdidos para siempre, trayendo más dolor al dolor de la muerte, si eso es posible.
Cada persona que muere por su país es un héroe. Dio todo lo que era. Entonces no alcanza con recordarlos. No alcanzan las ceremonias. No alcanzan las bandas con trompetas. No alcanzan los discursos, los feriados, las banderas, las escarapelas, los actos escolares, ni los militares. Nada alcanza.
Silencio y respeto por todos ellos, por cada familia que hoy tiene una foto donde antes había un hombre. Silencio y respeto por los heridos, por los que combatieron y regresaron, héroes también.
Nunca los olvidaremos. Nunca renunciaremos. Y tarde o temprano pisaremos en paz nuestras islas. Ese día que nos espera, pasearemos serenos por las tierras australes, mientras nuestro corazón irá nombrando a nuestros muertos al ver cada bahía, cada fiordo, cerro, monte, a todos los arroyos. Pero nada será suficiente para devolverles la vida.
Nuestra deuda es total.