Una estrategia sólida de acompañamiento a las acciones del poder judicial y de búsqueda constante de colaboración de la comunidad internacional, quedó desplazada por la firma de un acuerdo con los posibles homicidas, en el que no dice jamás que los acusados por la justicia argentina son acusados y en el que cabe la posibilidad que la ley Iraní los proteja, por lo que tampoco hay esperanzas de que sean indagados y finalmente aprehendidos.
Por una mayoría no tan holgada de 39 votos a 31, el oficialismo se impuso con argumentos vagos y exponiendo las ventajas del dialogo con un país teocrático, fundamentalista, negacioncita, con estándares morales muy distintos a los nuestros plasmados en su Constitución y en sus leyes como la lapidación, la ejecución de menores y la protección a sus funcionarios.
La pregunta es por qué una estrategia de estado sostenida durante seis años desde que se libró la orden de captura a los iraníes, se cambió en el último discurso de la presidenta e la Asamblea General de las ONU, en setiembre del 2012, bajo la mirada atónita y decepcionada de la comunidad judía que la acompañaba.
Desde el 2010, notas periodísticas de ambos países venían sosteniendo “que el gobierno argentino ya no estaba interesado en resolver aquellos atentados y que en cambio prefería mejorar sus relaciones comerciales”. Particularmente elocuente es la nota publicada por Pepe Eliaschev en el diario Perfil, el 26 de marzo del 2011. No es desatinado buscar por allí la respuesta a esta altura de los acontecimientos.
Después de una década en la que las relaciones comerciales entre ambos países estuvieron paralizadas por el caso AMIA, en el 2012 batieron un récord histórico de 1.500 millones de dólares.
Es cierto que el crecimiento de la relación comercial bilateral sobre todo de productos agrícolas, no alcanza para justificar el no llegar a un juicio a los culpables frente a un atentado terrorista, que cobró tantas vidas y violentó nuestro territorio. Pero si a esta razón se suman otras tal vez pueda ponerse en duda la vocación por la verdad de este Gobierno.
Argentina está atravesando la crisis energética más severa de su historia desde que lográramos el autoabastecimiento petrolero en 1962. Hay caída de producción y de reservas frente a un aumento de demanda irracionalmente sostenida, por lo que hoy somos importadores netos, a precios más caros que el precio al que se paga la producción nacional, lo que ha desalentado la producción y requerido subsidios para sostener precios finales a consumidor que han asfixiando las cuentas fiscales. La energía es el talón de Aquiles del gobierno, por ser un círculo vicioso del que no saldrá sin la ayuda internacional en un mundo en el que muchos le cierran las puertas.
Por otra parte, Irán es el segundo productor de petróleo de la OPEP, con reservas por 137.000 millones de barriles y producción de 3,9 millones de barriles diarios (b/d) hasta el 2008. Hoy su producción cayó alrededor de los 2 millones b/d por las sanciones comerciales impuestas por EEUU, quien ejerce además presiones sobre el resto de los países que han reducido ostensiblemente sus compras. Sus exportaciones de hidrocarburos que representan el 80 pc de las ventas al exterior y aportan entre el 50 y 60 pc de los recursos presupuestarios del Estado, vienen cayendo arrastradas por la caída de producción. Esto lo lleva a buscar nuevos socios comerciales y aliados estratégicos como Venezuela y Brasil que le permitan sostener su principal fuente de recursos y ejercer presión internacional.
Otro interés mutuo entre Argentina e Irán se desprende del desarrollo nuclear con el que Irán atemoriza al mundo y del que Argentina pretende un posicionamiento estratégico por el nivel de su desarrollo tecnológico con fines pacíficos.
Si bien son algunos supuestos y las verdaderas razones están bien escondidas por el oficialismo, los dos excluidos del mundo, Irán por los riesgos y amenazas de su política de desarrollo nuclear y Argentina por las mentiras de sus estadísticas, el cepo en el mercado de divisas, su caprichosa política comercial y los estragos en el cumplimiento de los más elementales derechos que rigen en el mundo de los negocios, avanzan con espíritu dialoguista.
Posiblemente la semana que viene, el proyecto de ley impuesto irreflexivamente y en soledad por la mayoría oficialista se transforme en un tratado internacional aprobado por ley del Congreso con jerarquía superior al Código Penal argentino y todos y particularmente la justicia, deberán someterse a su imperio. Sólo el tiempo podrá descifrar cuál fue el objetivo de este tratado, fruto de una negociación oscura llevada a cabo en soledad por el gobierno de Cristina Fernández.
Si no se avanza en el juicio y prospera la relación comercial, este gobierno estará sepultado junto a las victimas, el compromiso con sus familiares y sus más elementales derechos y logrará que la impunidad, la sensación de indefensión y de olvido se anide angustiosamente en el pecho de la gran mayoría de la comunidad judía y del resto de los argentinos.
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