Sólo entre esos dos impuestos nacionales, un trabajador con un ingreso medio debe ceder al fisco alrededor del 40% del total recibido. Y si consideramos el resto de los impuestos directos e indirectos tanto de orden nacional como provincial y municipal, el trabajador termina resignando hasta la mitad de su ingreso.
Asimismo, el incremento del mínimo no imponible en un 20%, al no reconocer el proceso inflacionario del año anterior –que se estima en un 25,20%-, resulta totalmente nulo o deficitario: una mejora salarial de entre un 25 y un 30% sólo implicaría una mayor cantidad de trabajadores contribuyendo y un mayor nivel de retención para los que ya lo estaban haciendo.
A ello debemos agregarle que este contexto inflacionario –aún negado por el discurso oficial-, en conjunto con otros factores como la falta de inversión, la desconfianza y la inseguridad jurídica, producen desde hace más de un año la destrucción de empleos.
Por lo tanto, existe una confrontación entre el salario percibido por el trabajador medio y la desesperada captación de fondos públicos por parte de un Estado voraz, que de este modo se beneficia con una mayor recaudación y con menores valores en sus obligaciones.
Por el contrario, si comparamos esta situación con la del resto de la región, nuestros países hermanos controlan sus procesos inflacionarios con resultados positivos: en Brasil la inflación es de un 5%; en Uruguay, 7%; en Paraguay, 4%; y en Chile, 1%.
El caso de Brasil es paradigmático en este sentido, ya que con el fin de incrementar la actividad económica ha bajado significativamente los impuestos al sector productivo y ha reducido los impuestos al consumo popular. En el camino opuesto, la Argentina aumenta cada vez más los impuestos y tasas nacionales, provinciales y municipales, las cuales afectan directamente a los sectores productivos y laborales medios.
En definitiva, lejos de profundizar esta confrontación, debemos exigir un Estado eficiente, que se encamine hacia una política estratégica de mediano y largo plazo, con plena conciencia de nuestra realidad económica local, regional y mundial.
En 1941, un torpedo nazi perforó un barco mercante britanico que transportaba una fortuna en plata desde la India hasta Gran Bretaña. El barco formaba parte de un convoy que navegaba hacia Liverpool, pero fue hundido unos 480 kilómetros al sudoeste de Irlanda y desapareció en las profundidades heladas.Por William Broad