… con políticos de magros escrúpulos y electorados con igual magnitud de ciudadanía y elevadísimas dosis de misticismo-, Kirchner se presentó como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, encabezando una lista ignominiosa, en la que los candidatos que ocupaban los puestos más altos, los recordados y reprochables “candidatos testimoniales”, no asumirían sus escaños.
Si Kirchner, por necesidad de su proyecto de poder, se atrevió a tanto (y perdió), ¿por qué no lo haría su viuda en 2015?. La derrota electoral del kirchnerismo en las parlamentarias de 2013 abortó el sueño de la presidenta de poder reformar la Constitución Nacional, como hicieron los K con la de Santa Cruz, para introducir la reelección por tiempo indefinido. Murió así el proyecto llamado por la adoratriz Diana Conti como “Cristina eterna”.
Pero eso no significa que la presidenta vaya a aceptar resignadamente recluirse los últimos años de su vida en El Calafate a acariciar al gato. Por el contrario, se descuenta que, tal su hábito, una vez más redoblará la apuesta. Lo necesita para conservar la mayor cuota posible de poder y para enfrentar con mejores chances la andanada judicial que se le viene. Los analistas políticos ya hablaron sobre sus posibles candidaturas a diputada nacional por la Provincia de Buenos Aires y de legisladora al Parlamento del Mercosur.
Mediante cualquiera de esas dos candidaturas la mujer sería un acicate para los candidatos del FpV. Pero nadie ha mencionado todavía la posibilidad de que se presente ella misma como candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires, para lo cual está habilitadísima, porque es su provincia de nacimiento, además de tener residencia actualmente en Olivos.
¿Por qué lo haría? Porque si bien nada lo garantiza, esta podría ser la mejor fórmula para reunir la mayor cantidad de votos en la provincia de Buenos Aires y darle el necesario espaldarazo al candidato presidencial de su preferencia.
Presentándose en las PASO como candidata a gobernadora podría hacer que Randazzo, o quien ella indique, derrote al propio Scioli en un eventual enfrentamiento en la PASO presidencial del FpV. Luego, un triunfo en primera vuelta -¿por qué en medio de esa euforia no lograría el 45% nacional y valores aún por encima en la provincia?- le aseguraría a ella una enorme cuota de poder, seguramente mayor que la del propio eventual presidente por el FpV. Al menos por un tiempito.
La presidenta hoy por hoy es la mejor candidata que tiene el FpV para una elección provincial que aparece vacía de candidatos carismáticos. Si no es ella, el FpV no tiene un candidato ganador; pero tampoco lo tienen Massa, Macri o UNEN.
Una eventual presentación de la presidenta en la elección para gobernadora movería el tablero político nacional de tal forma que colocaría por lo menos a Massa ante una situación inédita en la historia argentina: poner el inter´s por la elección del gobernador de la Provincia de Buenos Aires por encima del de la propia elección presidencial. Esto es, bajarse de la candidatura presidencial para ir a darle combate personalmente en la provincia porque él sería el único dique de contención de la oposición ante el PJ/FpV. El único candidato capaz de derrotarla en la provincia de Buenos Aires o al menos de disputarle la primacía.
Su situación sería idéntica a la de la presidenta: un eventual triunfo suyo en la provincia colocaría a su candidato presidencial, el que él elija, en las proximidades de consagrarse presidente.
Esto que se describe aquí parece la elaboración de un alquimista político, o ciencia ficción política, pero es un escenario posible derivado de la combinación de la existencia de una presidenta con una desmedida ambición y necesidad de poder a la que no le queda la posibilidad de ir por una nueva reelección, de un sistema electoral con distrito único y de la condición elefantiásica de la provincia de Buenos Aires en relación con los otros 22 distritos electorales del país. La provincia representa el 38% del electorado nacional. Allí se juega todo. O casi todo. Y Massa, con sólo 42 años, tiene todavía por lo menos 5 ó 6 elecciones por delante para intentar llegar a la presidencia.