Archivo de Notas TotalNews Agency
No Result
View All Result
No Result
View All Result
Archivo de Notas TotalNews Agency
No Result
View All Result

Ultracristinismo: pactos rotos y una interpretacion solitaria de la politica

Redacción TN by Redacción TN
23 diciembre, 2012
in Opinion
0
0
SHARES
0
VIEWS
Share on FacebookShare on Twitter

 

No es sólo la realización de una concepción distinta de las relaciones políticas. Es también la consecuencia de que aquel orden fundado por Néstor Kirchner había comenzado a fisurarse aun antes de su muerte.
 
Kirchner interpretaba que no había liderazgo sin organización. La relación entre el líder y la sociedad, suponía, debía estar mediada por un aparato institucional. Esta creencia se expresaba en una vigilancia obsesiva sobre las entidades que ofician esa mediación: los medios, que regulan el vínculo con las audiencias; los sindicatos, que regulan el vínculo con los trabajadores, y el partido, que regula el vínculo con los votantes.
 
A partir de su llegada a la Presidencia, Kirchner definió una estrategia para esas tres esferas de la acción pública. Intentaría sellar una alianza con el actor dominante de cada una de ellas. Eligió al Grupo Clarín en el campo mediático, a Hugo Moyano en el gremial, y al PJ bonaerense en el electoral.
 
La receta de Kirchner podía ser rudimentaria, pero no novedosa. Se practica en muchas provincias. Y tiene una lógica profunda: la construcción de una jefatura monopólica, como la que él aspiraba a fundar, tiende también a ser monopolizante. El pluralismo que se cancela en el seno del poder queda abolido también en las relaciones exteriores.
 
En el universo periodístico Kirchner ensayó una alianza con Clarín. Cuando la Sociedad Interamericana de Prensa ya señalaba las amenazas que existían para la libertad de expresión en su negativa a ofrecer conferencias de prensa, él concedía sus escasas entrevistas a ese diario y al canal Todo Noticias. Las primicias también fluían hacia Clarín. Esa predilección llevó a algunos funcionarios a desmentir ante otros medios noticias verdaderas, para entregar la novedad, llave en mano, al ahora vilipendiado “monopolio”. Amado Boudou podría dar testimonio de esa práctica. La coronación de esta preferencia fue la aprobación de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia a la integración de Cablevisión con Multicanal y, sobre todo, el mantenimiento de la suspensión de venta de pliegos para licencias de cables, establecida por la administración de la Alianza, y calificada por la Corte Suprema como una reserva de mercado.
 
En el mundo sindical el elegido fue Moyano. Kirchner detectó que el gremio de los camioneros era el único capaz de bloquear la economía con sólo desabastecer de combustibles a las estaciones de servicio, o de billetes a los cajeros automáticos. A cambio de esta alianza Moyano consiguió la exclusividad de la relación sindical con el Gobierno. Desbaratado el triunvirato inicial, quedó como único secretario general de la CGT. Las empresas que firmaran el Convenio 40 con su sindicato estarían exentas de contribuciones patronales. Con este beneficio, y el control de la comisión arbitral de la central obrera, que determina a qué entidad corresponde la representación de cada actividad, Moyano construyó un poder gremial y económico sin antecedente, que utilizó en innumerables ocasiones en detrimento de sus colegas.
 
En el plano electoral Kirchner confió en la misma física. A diferencia de Alfonsín o Menem, cuyo liderazgo tenía un alcance nacional, él siguió en la senda de Eduardo Duhalde, para quien la jefatura era, sobre todo, demográfica: basta con dominar el conurbano bonaerense para estar en la cabecera de la mesa. Capturado ese aparato, al resto de la burocracia política sólo le queda subordinarse.
 
Esta convicción explica por qué la única batalla interna que libraron los Kirchner fue contra los Duhalde en las elecciones de 2005. Sustituir a Duhalde significaba avasallar al conurbano y, por lo tanto, disciplinar a la política. De modo que la estructura íntima del orden duhaldista se mantuvo: una alianza entre la provincia de Buenos Aires y la Nación que permitiría desdeñar al resto del país. Existen tres evidencias de la importancia que Kirchner concedía a esa configuración: sus incesantes tratativas con los intendentes del Gran Buenos Aires; la extensión de generosos subsidios para los usuarios de servicios públicos de esa región, y, por fin, la negativa a delegar la representación de ese electorado en terceros: igual que con la candidatura presidencial, el matrimonio se reservó la cabeza de la lista legislativa bonaerense en 2005 y 2009.
 
ALIADOS INCÓMODOS
 
Estas tres vigas sobre las que Kirchner afincó su acción política están rotas o muy resquebrajadas. El experimento de asociación con Clarín fracasó en 2008, durante el conflicto con el campo. Es verdad que esa ruptura había sido anticipada. Varios episodios demostraron que el poder que Kirchner reconocía en sus interlocutores, y que lo llevaba a pactar con ellos, lo incomodaba demasiado. En febrero de 2004, por ejemplo, en la embajada argentina en Madrid, intentó convencer a Jesús de Polanco, cabeza del Grupo Prisa, de ampliar sus negocios en la Argentina para limitar a Héctor Magnetto.
 
Pero fue la batalla por la resolución 125 la que demostró a Kirchner que su ensoñación tenía un límite inflexible. Cuando estalló la crisis, presionó para que el Grupo Clarín la disimulara. No advirtió que lo único que un medio de comunicación no puede sacrificar en el altar de una asociación política es la credibilidad. Entregarla es entregar la audiencia por la cual esa empresa es gravitante. Advertido de que estaba ante un entredicho sin solución, y mientras su esposa pronunciaba una de sus catilinarias contra el campo, Kirchner sacó de las manos de Moyano un cartelito que, a partir de ese momento, hizo propio: “Clarín miente”. Con ese gesto tomaba también una decisión que pondría punto final a engorrosas negociaciones con ese grupo: Magnetto ya no debía aspirar a quedarse con Telecom.
 
La ruptura con Moyano está adornada de mil anécdotas que enmascaran el verdadero factor de la discordia: fue la inflación. Es verdad que, como en el caso de Magnetto, el poder del camionero se había vuelto insoportable para quien había buscado su amistad. El acto en el que Moyano insinuó sus aspiraciones presidenciales, con el estadio de River colmado, 12 días antes del fallecimiento de Kirchner, rompió un cristal. Pero la razón profunda de la divergencia es otra: Moyano advirtió, acaso antes que otros sindicalistas, que la carrera de los precios, en un contexto de crecimiento muy modesto, significaba un recorte del salario real. Esa novedad de la economía lo puso en la encrucijada de tener que elegir entre el Gobierno o sus afiliados. La decisión es inevitable: si no fuera porque controla a sus afiliados, el Gobierno tampoco lo buscaría como aliado.
 
La asociación con el PJ bonaerense está en vías de transformación. La pérdida de encanto electoral de la señora de Kirchner, consignada en las encuestas y escenificada en los cacerolazos, aceleró el proceso sucesorio. Quién más temprano reaccionó fue Sergio Massa, al formar una liga de intendentes que ya controla, por lo menos, la primera sección electoral. Los movimientos de Massa obligan a Daniel Scioli. El gobernador desearía que este proceso se demore hasta después de las elecciones del próximo año. Pero la opinión pública lo fuerza a demostrar sus diferencias. Como Magnetto o Moyano, a él también le llegó la hora de elegir entre el kirchnerismo y su clientela. La popularidad qualunquista de Scioli, que para los santacruceños fue siempre una molestia inevitable, ahora es el motivo de un conflicto.
 
El sistema de alianzas construido por Kirchner está agotado desde hace tiempo. Pero la Presidenta no ha querido reemplazarlo. Desde la formidable plataforma electoral sobre la que se plantó el año pasado, resolvió l
anzarse a una aventura más audaz: la de ejercer un liderazgo que no necesita de mediación alguna con el público.
 
En agosto pasado, para justificar el abuso de la cadena nacional, explicó que debía comunicarle a la gente lo que los medios le ocultan. La afirmación no sólo supone que “Clarín miente” -entendiendo ahora “Clarín” como todos los medios independientes–. La necesidad de hablar al país varias veces por semana presume que no hay forma de reemplazar a ese periodismo engañoso por otro más confiable. Tiene razón la señora de Kirchner: los ríos de dinero que vuelca en las empresas para-oficiales de comunicación no la han recompensado con una audiencia propia, lo que la obliga a echar mano del poder del Estado para irrumpir en la pantalla imponiendo su palabra. Sólo ella puede suministrar una versión exacta de los hechos.
 
La relación con los trabajadores también debe ser inmediata. En mayo último, durante un acto en la Casa de Gobierno, la Presidenta sugirió que se hiciera una encuesta preguntando por el nombre del secretario de la CGT en tiempos del primer peronismo. “Nadie les sabrá decir que se llamaba José Espejo”, aseguró, para explicar: “La gente sabe que el bienestar se lo debía a Perón y Evita”. Lo primero que suprime esta visión del progreso es el mérito de la organización en las conquistas sociales. En otras palabras: la escena con la que sueña el nuevo José Espejo, Antonio Caló, con una Cristina Kirchner que accede a su pliego de beneficios porque se inclina ante la representatividad del sindicalismo, es ilusoria. El bienestar es la emanación de una pareja filantrópica -Perón y Evita, Néstor y Cristina- que derrama sobre el pueblo la asistencia del Estado.
 
También del partido se puede prescindir, como explicó Gabriel Mariotto a Beatriz Sarlo en el set de 678 . Cuando la escritora le quiso hacer ver que la designación a dedo de Daniel Filmus como candidato porteño era una falta de respeto al electorado y al PJ, Mariotto contestó con la sinceridad habitual: la única dueña de los votos es la Presidenta, que indica a través de quién hay que elegirla en cada caso. Se entiende, entonces, que ella se atribuya la prerrogativa de confeccionar las listas en todas las provincias y, en especial, en la de Buenos Aires.
 
El modelo de una jefatura que procuró en vano ejecutar su voluntad en interacción con organizaciones, pretende ser sustituido por un liderazgo ultrapersonalista que desdeña cualquier intercesión en su relación con las audiencias, los trabajadores o los votantes. Desde esa altura carismática, la señora de Kirchner se propone como la encarnación de la voluntad popular. Los sujetos, individuales o colectivos, en los que su esposo quiso hacer descansar el poder, son ahora corporaciones destituyentes que deben ser encuadradas o perseguidas. A los ejemplos de Clarín y de Moyano se sumará, en cualquier momento, el de Scioli.
 
Un liderazgo como el que proyecta la Presidenta sólo cuenta con la reelección como medida de su éxito. Ella se ha convertido en la única columna del poder oficial. Con una economía que ya dio lo mejor de sí, y perspectivas electorales sombrías en Córdoba, Santa Fe y la Capital Federal, esa interpretación solitaria de la política es cada vez más exigente para quien, sin más alianza que la que mantiene con la memoria de su esposo, se ha propuesto sostenerla.
 
fuente lanacion
Tags: Los AnalistasUltracristinismo: pactos rotos y una interpretación solitaria de la política
Previous Post

YPF inicia trabajos de exploracion en La Rioja

Next Post

Otro pais contradice el relato

Next Post

Otro pais contradice el relato

Deja un comentario Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No Result
View All Result
  • Activity
  • Archivo TotalNews
  • Búsquedas
  • celp exchange details(Advanced Design)
  • cmc exchange details
  • Members

© 2025 Totalnews Agency