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Panorama politico: Votos vacantes y abrazos del oso

Redacción TN by Redacción TN
23 agosto, 2015
in Jorge Raventos
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El secreto del nerviosismo y  el hecho de que éste atraviese  unánimemente al  espectro partidario se deben a  que aquellas cifras es más lo que ocultan que lo que muestran.

Las primarias han dejado una enorme  cantidad de lo que podría llamarse votos disponibles, un  caudal que  suma  todos los sufragios potenciales  que el domingo 9 no optaron por ninguno de los candidatos que  competirán en octubre , sea  porque entonces optaron por candidatos que quedaron eliminados (perdieron su interna o no alcanzaron el  mínimo que  la ley electoral  exige para participar en el comicio), sea porque  no votaron en las PASO, lo hicieron en blanco o su voto fue anulado o impugnado.

La inclinación de esos numerosos  votos disponibles sin duda incidirá significativamente en la elección de octubre. En  la competencia por la gobernación bonaerense, por caso, los disponibles son más de 3.700.000, una cifra que supera los votos de cualquiera de los candidatos más votados de la provincia e inclusive la suma  de  los dos que se enfrentaron en la interna del Frente para la Victoria (Aníbal Fernández y Julián Domínguez) que, juntos, no alcanzaron los 3.200.000 votos.

En  el orden nacional, ese  paquete vacante  sobrepasa los 6 millones de ciudadanos, es decir, casi iguala el acumulado de los tres candidatos del espacio  Cambiemos (Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió).

Volatilidad, desobediencia, infidelidad

Obviamente, sería  arbitrario  atribuir a ese número determinada homogeneidad: allí se mezclan personas que por diferentes motivos decidieron  saltearse las primarias con otros que protestaron contra algo a través del voto en blanco, con aquellos que  metieron en las urnas oficialistas la boleta de Julián Domínguez, los  que  votaron por opciones de izquierda que quedaron excluidas, los que acompañaron a micropartidos y el millón y medio que eligió a José Manuel De la Sota en la interna  de UNA que consagró la candidatura Sergio Massa. Se trata de públicos diversos a los que es preciso seducir con argumentos  diferentes.

Una porción de ese abigarrado tapiz es de improbable conquista para cualquiera de los candidatos mayores: el voto vacante que en las PASO se encuadró en las alternativas de izquierda, si por competencia  sectorial (se sabe que una de las enfermedades de ese segmento ha sido el  fraccionalismo) elude una divisa izquierdista ajena, se refugiará en el voto en blanco: para esas ideologías Scioli, Macri o Massa son distintas máscaras del mismo fenómeno que ellos han decidido combatir. Parte del votoblanquismo de las PASO comparte esa alergia. Hay allí, entonces, alrededor de un millón de votos  que  sólo participarán de la entronización del nuevo presidente por vía pasiva: a través del  sufragio testimonial o del voto en  blanco que, se sabe, incrementa  principalmente el porcentaje del  que  sale primero.  Probablemente Daniel Scioli.

Los estudios de opinión pública están trabajando a toda máquina para los candidatos, analizando en  extensión y en profundidad la naturaleza de esos públicos, sus tendencias, sus pulsiones, los teman  y los sentimientos que los  mueven.   También para  investigar el grado de fidelidad que puede esperarse de aquellos que en las PASO optaron por alguno  de los tres espacios principales.  Aseguran algunos expertos que  de una elección a otra  alrededor de dos de cada diez ciudadanos  cambia su decisión:  vota en una  aunque no lo haya hecho en la otra, opta por otro candidato (a menudo porque quiere ayudar a aquel  que presiente triunfador, pero también por otros motivos menos exitistas).
Hay un alto porcentaje de convicciones líquidas..  Aseguran algunos expertos que  de una elección a otra  alrededor de dos de cada diez ciudadanos  cambia su decisión.. El  voto vacante no es sólo el que  por algún motivo se quedó sin  su candidato original. También  hay que contar a los  veleidosos.   Y  a los desobedientes (una legión,  en una Argentina  que  coquetea  con  las actitudes anárquicas).  

Truco de gallo

Se sabe, por caso,  que José Manuel De la Sota ha remachado su apoyo a Massa,  ganador de la interna de UNA  en la que él fue vencido. El martes refirmó esa postura en  un acto con el  tigrense en Córdoba.  Los  analistas escarban para averiguar si  el deseo del   gobernador cordobés coincidirá con el de sus  votantes (6 de cada 100 participantes en las PASO) y si tienen los mismos reflejos los delasotistas   cordobeses de genealogía peronista  que  los de los pueblos agrarios de la zona centro, donde él  también concretó una buena cosecha electoral. Si  se desmarcan de  la voluntad de De la Sota, ¿se inclinarán por Scioli o por Macri?  Los cazadores de voluntades de estos dos candidatos  revolotean sobre ese público.
Massa, por su parte espera que el gobernador cordobés lo ayude a penetrar en  el público peronista del  NOA y de la zona centro que en las PASO  votaron con la boleta del Frente para la Victoria, mientras él mismo se  ocupa (con la contribución  de Felipe Solá, un comunicador experimentado y entrador) por  introducir una cuña en el  oficialismo bonaerense, sacando partido de las dificultades que éste atraviesa en virtud de sus  desavenencias internas tanto como de   las secuelas de  las inundaciones. 
Este trabajo de zapa del massismo sobre las legiones peronistas de Daniel Scioli  beneficia, probablemente a Mauricio Macri, pero  esto no debe leerse como  un  pacto entre ambos:  los dos necesitan que Scioli se vea obligado a pasar por el ballotage,  pero ellos  tienen que competirse recíprocamente para  pelear por el segundo lugar. Siguen las tácticas del truco de gallo:  alianzas circunstanciales y cambiantes.
Esa lógica lleva a los tres a  invadir el territorio de los otros con propósitos de conquista.

¿Cristina, Aníbal y Zannini para la Victoria?

En el campamento de Daniel Scioli se estudia con preocupación el peso de algunas mochilas que el candidato se ha visto obligado a sobrellevar, así como los riesgos que podría ocasionarle  a sus  posibilidades un intento prematuro de sacárselas de encima.
Scioli está obligado a hacer campaña con el candidato a gobernador del Frente para la Victoria, Aníbal Fernández. En su bunker no ignoran que la deficiente imagen pública  del jefe de gabinete, impregnada de olor a azufre,  equivale a un lastre , particularmente en el espacio de los votantes independientes  que el gobernador debe seducir para cumplir con su meta de ganar en primera vuelta. También son concientes de que sus adversarios  trabajarán  sobre ese flanco para  reducirle su caudal de votos.
La Casa Rosada y el kirchnerismo    exaltado  tienen su propia interpretación sobre el fenómeno del voto volátil: consideran que Scioli dejó escapar parte del capital electoral  K por tibieza, por su moderación y su estilo apaciguador, por adaptarse a la idea de “cambio” que proclaman las fuerzas adversarias. Y parecen decididos a exhibirse más en la actividad  preelectoral sin dejar de  exhibir su reticencia ante el candidato.  La pancarta con el lema “Zanini para la Victoria” que el camporismo exhibió el jueves en  el Patio de las Palmeras tanto como el tono de  la trigésimo segunda cadena nacional de la Presidente, que aquellos celebraban, fueron muestras de esa actitud: el abrazo de un amenazante oso en retirada.

Si  para  aspirar votos vacantes los analistas  le aconsejan a Scioli que produzca gestos –así sea  minimalistas-  de autonomía en relación con el  vértice K y que ofrezca indicios de  futura conducción independiente en caso de alcanzar la presidencia,  el kirchnerismo exaltado parece dispuesto a  ponerle obstáculos en esa tarea, con el argumento de que la clave del éxito es precisamente la contraria: insistir con  la continuidad del ciclo y  refirmar que  ”la Jefa es y seguirá siendo Cristina”.

¿Pueden entonces el voto volátil y el voto vacante  ser los que definan la elección presidencial? Sólo en apariencia: es imprescindible conquistar esas voluntades, pero la condición para hacerlo está en la solidez de la oferta que  produzca cada espacio, en  el atractivo y sentido de sus propuestas, en su capacidad de comprender el estado de  conciencia del conjunto, de ser percibido como portador de soluciones y gobernabilidad.  Y en la capacidad organizativa, entendida como  disposición inteligente  de la propia fuerza en función de los objetivos políticos. La volatilidad ansía seguridades. La vacancia necesita ser cubierta.
Tags: Jorge RaventosOpiniónPanorama político: Votos vacantes y abrazos del oso
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