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El teorema de octubre y las soluciones pitagoricas

Redacción TN by Redacción TN
16 agosto, 2015
in Jorge Raventos
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Se trata de hombres de diversas estirpes, que profesan diversas religiones y que hablan en diversos idiomas.Han tomado la extraña resolución de ser razonables.Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades
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Acaso lo que digo no es verdadero, ojalá sea profético.Jorge Luis Borges, Los conjurados
 
 
 
 
 Se han perdido vidas, viviendas, bienes  trabajosamente reunidos a lo largo de vidas de trabajo.
 
La política a veces se beneficia  del paso del tiempo:  en abril de 2013, cuando  las inundaciones arrasaron  partes de la ciudad de La Plata, su intendente,  Pablo Bruera (que hasta difundió información falsa, alegando que estaba trabajando  por los damnificados cuando en realidad disfrutaba de vacaciones en Brasil) parecía condenado. El domingo 9, en las PASO, fue el precandidato más votado de la capital bonaerense.
 
El gobernador Daniel Scioli regresó de inmediato desde Roma para ponerse al frente de su gobierno en circunstancias tan graves. El  precio de haber viajado cuando el temporal ya estaba en curso lo pagará de su  capital político: no sólo le pasaron la factura  sus competidores, sino  su propia fuerza. La Casa Rosada dejó trascender su malestar por el viaje (si bien la Presidente, que permaneció en el país, ni siquiera  usó la cadena nacional para aproximarse con un mensaje a  las víctimas); Aníbal Fernández, jefe de gabinete y candidato oficialista a gobernar la provincia lo recibió, cuando volvió de Italia, con una broma ácida también  publicitada: “¿Trajiste alfajores?”.
 
Fueron días en que volvió a ponerse de manifiesto que  el estatismo que se ha  predicado propagandísticamente  durante tantos años se ha traducido en  un gobierno grande, invasivo y caro, pero en un estado ineficaz y a menudo ausente. Los damnificados  repiten que  quedaron “a la buena de Dios” y  que fueron sobre todo la autoorganización y el empuje solidario de la sociedad los que permitieron  atravesar  el durísimo trance.
 
Faltan más de dos meses hasta la elección presidencial . Se verá cómo repercuten  los hechos cuando se  cuenten los votos de octubre.
 
 Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias del  domingo 9 dejaron una fotografía del  paisaje político que  despierta la peligrosa tentación de  dibujar pronósticos apresurados.  Por ahora conviene abstenerse  de esas cábalas  : lo que exhibe esa instantánea  ni  es concluyente ni,  por su propia naturaleza, refleja  las tendencias que el retrato congela.
 
Paradójicamente,  por este motivo los principales competidores  de la elección  se mostraron unánimemente felices por los resultados.
 
En las carpas oficialistas se subrayó tanto el porcentaje  alcanzado  (un 38,4 que, sin embargo, no llegó al  anhelado 40 por ciento) como la decena de puntos de ventaja del Frente para la Victoria sobre  su inmediato perseguidor, el espacio Cambiemos, formado por el  macrismo y sus socios radicales y  “lilistas”. La suma de ambos hechos alimenta la esperanza de Daniel Scioli de triunfar  en octubre sin necesidad de round suplementario.
En el bunker del Pro  se celebró  el segundo puesto  de Mauricio Macri  y la circunstancia de que, con los números de las PASO,  habría segunda vuelta. En esa  doble condición  reside la ilusión  del macrismo y sus aliados, convencidos de  una estrategia en dos pasos que, imaginan, les  garantiza el éxito:  obligar a Scioli a dirimir la presidencia  en ballotage y ocupar  en esa instancia el polo de la oposición. El Pro festejó asimismo (no sin sorpresa), su penetración  en territorio  bonaerense, inclusive en el  problemático conurbano, donde  algunos candidatos propios  ganaron o casi empataron en  municipios  comandados por veteranos   caudillos del aparato oficialista y donde María Eugenia Vidal terminó la jornada como la candidata a gobernadora  más votada (hubo, claro, arrastre del candidato presidencial, pero también aportaron la figura y aptitudes de la candidata).
 
Por su parte, UNA (Unión por una Nueva Alternativa, el espacio que conformaron  Sergio Massa y José Manuel De la Sota) destacó que, con  un veinte por ciento de los sufragios, había conseguido  refutar  categóricamente las profecías  que anticipaban su volatilización frente a la  diagnosticada polarización entre Scioli y Mauricio Macri.
 
Massa  primereó  además  convocando a Macri y a Margarita Stolbizer  (candidata del sello Progresistas) a discutir un programa de coincidencias (“políticas de estado”) y desafío a todos sus competidores a que  transparenten sus propuestas. El fuerte de los renovadores  en lo que va de la campaña ha residido  en la exhibición de sus equipos y en la constante formulación de propuestas sobre temas  de alto interés para el electorado: seguridad, justicia, jubilaciones, corrupción, inflación, cepo cambiario, etc.
 
Más allá de la foto y las cifras de las primarias, vale la pena tomar en cuenta  las tendencias que estaban en curso  antes de que las urnas hablaran. El Frente para la Victoria aparecía detenido  y  perturbado en su relación con el electorado independiente  por  las denuncias que afectan a quien, después del domingo, se ha convertido en  su candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires  así como por algunas expresiones de kirchnerismo explícito de  Daniel Scioli.  Además, aunque  las inundaciones ya habían comenzado el domingo 9, los efectos más  catastróficos se vivieron después del comicio: las urnas no registraron el efecto, salvo en las cifras de ausentismo.
 
Por su lado, el espacio Cambiemos  no había terminado de digerir el viraje táctico verbalizado por Mauricio Macri después del ballotage porteño. Ahora se sabe que,  pese a esos problemas, estaba penetrando  en  territorio bonaerense  (aunque decaía  en sitios como Santa Fé  y Córdoba y en otros distritos del norte y el sur del país donde esperaba  resultados más alentadores).
 
El massismo, por su parte, venía creciendo después de  superar  dos o tres meses de amesetamiento y la fuga de  parte de su elenco de intendentes.  Lo hacía afilando su discurso y volviéndolo, si se quiere,  doblemente opositor: ocupaba un espacio que el giro de Macri dejaba parcialmente vacante.
 
En la etapa que se abre hacia octubre esas tendencias seguirán operando. Por supuesto, los candidatos que lo necesiten procurarán corregir la puntería y hacer olvidar errores.
 
Iindudablemente Scioli  (el que  aparece con  las mayores chances de consagrarse) tendrá un límite  en la presencia de Aníbal Fernán dez  y en la presión K en esta etapa decisiva de la definición electoral.  El “reto” que la Casa Rosada dejó conocer  por su vuelo a Italia en medio de las inundaciones es una muestra de esa tensión, sofocada pero no  erradicada.
 
Macri tiene que hacer cálculos: ¿puede  acortar la ventaja que le sacó Scioli  contando sólo con el  voto noperonista?
 
Si bien se mira, algo  puede beneficiarse indirectamente del  esfuerzo de Massa por recuperar voto peronista del caudal  que el FPV mostró en las PASO.  Hay muchos jefes territoriales bonaerenses (Otacéhe, Mariano West,  entre otros)  que quedaron descartados en la puja interna  del oficialismo y quizás sientan la tentación de  tomar revancha  de quienes los derrotaron. La lista provincial  de UNA  que encabeza  el sólido y experimentado Felipe Solá puede  ser un instrumento para ello: esos movimientos restarían  fuerza al oficialismo  y el  beneficiaríio en primera instancia  podría ser Cambiemos, que  tiene que descontar más de ocho puntos frente a Scioli. La  fórmula Fernández-Sabatella –resistida tanto por votantes independientes como por  una porción del peronismo clásico-  también contribuirá  a cierto éxodo.
 
 Massa  muestra, a su vez, que puede cuidar su propio  caudal: De la Sota se convertirá en  jefe de su campaña  y sumará  sus propios cuadros técnicos al ya  fuerte equipo del tigrense. De la Sota  puede ser una llave maestra para  recaudar voto peronista histórico que en primera vuelta acompañó al oficialismo.
 
Lo que parece razonable descartar son las operaciones que ya  perdieron  su oportunidad. Acuerdos electorales entre  Cambiemos y UNA como los que todavía elucubran  los sectores más preocupados por una victoria de Scioli no son  practicables. La política no es un triángulo rectángulo ni admite soluciones pitagóricas.
Esta semana, la penetrante Beatriz Sarlo sugirió que si Massa renunciara a la candidatura presidencial  y el macrismo le dejara campo libre a Felipe Solá en la provincia de Buenos Aires (bajando la postulación de María Eugenia Vidal) producirían una convergencia invencible. El planteo,  surgido de una intelectual prestigiosa que, por lo demás, no simpatiza ni con Cambiemos ni con UNA ni con el FPV  (declaró oportunamente que votaría por Margarita Stolbizer), fue más atendido por los medios que por los involucrados: tanto desde  el territorio renovador como desde el  macrista rechazaron esa posibilidad. 
 
También habría que descartar una catástrofe del sector externo que facilite las cosas a los dos espacios opositores: más allá de que el dólar blue haya superado la barrera de los 15 pesos, hasta el riguroso  Miguel Angel Broda admite que  el gobierno  tendrá éxito en empujar  ese riesgo más allá de su período de gestión.
 
Otro  rincón donde los tres competidores pueden rascar la olla para incrementar su caudal en octubre son los ciudadanos  que omitieron el voto el domingo 9 pero seg uramente no faltarán en  la primera vuelta de las presidenciales.  Las PASO  mostraron un ausentismo(26 %) mayor al promedio de los comicios de  2011 (20, 7 %),  2013 (20,5%) o 2007 (23,6%). Si en octubre se volviera a cierta normalidad en esa materia , se incorporarían entre 2 y 5 por ciento de votantes: un botín codiciable para los candidatos que quedaron rezagados. Pero una nueva incógnita: ¿por quién se inclinarán esos votantes remisos?
 
En cualquier caso, hay que  recordar que, gane quien gane, el ciclo actual termina irremisiblemente.  Los tres competidores principales se critican, pero han decidido hacerlo  con altura, sin golpear por debajo del cinturón (algo que les genera costos entre sus propios partidarios más  iracundos).  Han decidido  debatir públicamente sus propuestas y divergencias, algo inédito en  más de tres décadas de elecciones presidenciales. Tanto la sociedad como los mercados  intuyen que  las diferencias entre ellos (sin ser, en modo alguno, despreciables) son  poco significativas  por comparación con el cambio que cualquiera de los tres  deberá marcar con el ciclo que finaliza. Razones por las cuales puede entreverse  desde diciembre   la   perspectiva de un nuevo sistema político. 
Tags: El teorema de octubre y las soluciones pitagóricasJorge RaventosOpinión
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