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Cada vez mas transito en la “avenida del medio”

Redacción TN by Redacción TN
26 julio, 2015
in Jorge Raventos
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… tomó distancia de la  lógica  polarizadora que había acentuado hasta ese momento y  procuró hacer clinch con el kirchnerismo, adhiriendo a algunas de las políticas que previamente su fuerza había enfrentado, cuestionado, criticado o apoyado con  reticencia (desde  la estatización de Aerolíneas Argentinas e YPF  a la eliminación del régimen de AFJP).
 
El viraje del  Pro
 
Desde aquella noche del domingo, los candidatos  del Pro abandonaron  inclusive el tono  de censura hacia  Daniel Scioli (hasta allí concebido como el polo opuesto a Macri): el miércoles, en el programa “A Dos Voces”,  María Eugenia Vidal se esforzó  por  gambetear  todo juicio crítico contra el gobernador  cada vez que los periodistas exploraron ese terreno, y focalizó sus reservas en “los que gobernaron todos estos años”, un  trabajoso eufemismo para aludir al peronismo en sus distintas variantes.
 
El viraje macrista tomó de sorpresa a muchos de sus adherentes y aliados y seguramente a buena parte de sus votantes porteños, sobre todo a los que parecían entusiasmados precisamente por la impronta confrontativa que por momentos parecía adquirir su campaña.  
 
El oráculo del Pro, el politólogo ecuatoriano Jaime Durán Barba, intentó explicar  a algunos de los perplejos cuadros y técnicos partidarios  el motivo del cambio de dirección. Un cronista de La Nación describió este sábado una reunión consumada en el subsuelo de un  boliche de pretensión helénica (“Pericles”) donde Durán Barba habría afirmado, por caso: “Nosotros tenemos que entender a la gente. Si la gente cree que Scioli es un buen gobernador -el 65% lo piensa-, pues Scioli es un buen gobernador. ¿Es maquiavélico? No, es acercarse a la gente. Si la gente cree que la Virgen de Guadalupe es una atorranta, pues lo será hasta que se demuestre lo contrario”.
 
Así el redireccionamiento queda fundamentado en una mecánica adecuación cortoplacista “a la gente” (en rigor, en una cierta lectura de encuestas), con lo que el  pensador del Pro le baja enormemente el precio a lo que Macri podría haber presentado como un esfuerzo para encontrar grandes coincidencias en la búsqueda de un programa de mediano y largo plazo.
 
 
Pensar como el público
 
El realismo es, por cierto, un capital  político, infinitamente preferible al principismo  “virtuocrático”, esa propensión a  dividir el mundo entre  un “nosotros” pleno de integridad y calidades éticas y un “ellos” colmado de vileza y pecado.  Pero no se puede confundir con realismo el craso seguidismo a la opinión pública (suponiendo que los sondeos de Durán Barba registren  con eficacia las tendencias, algo que muchos en el Pro dudan después de la doble elección en la ciudad de Buenos Aires).
 
En cualquier caso, esa misma presunta interpretación de la opinión pública era, hasta una semana atrás, la que fundaba la estrategia polarizadora y, de pronto, pasa a ser la que empuja una aproximación verbalmente conciliadora. Misterio.
 
A principios de este mes, se escribía en este espacio: “Las estrategias electorales de las fuerzas principales se guían por versiones rústicas de la lógica polarizadora, según las cuales cada parcialidad tiene que fortalecerse en su propio rincón y hablar principalmente para su propio público. Variantes un poco más sutiles aconsejarían dar la batalla intentando ocupar el centro. Consigan o no Massa y De la Sota encarnar la opción que ellos proclaman –“la gran avenida del medio”- ese parece el camino que prefiere la mayoría de los argentinos y el que abre las puertas al triunfo y a la gobernabilidad”.
 
Podría señalarse que, así sea con los vertiginosos argumentos que difunde Durán Barba, Macri parece haber elegido transitar esa avenida central. De cualquier forma, los modos y las oportunidades tienen su peso. La reorientación, para cumplir con eficiencia su objetivo, debe ser capaz de encontrar  nuevos oídos receptivos sin necesariamente expulsar o alarmar a las audiencias ya  incorporadas.  
 
El momento inadecuado
 
En verdad, la oportunidad elegida para lanzar el  cambio no fue la más cómoda.  Macri  lo presentó a los postres de una jornada que, si fue una victoria para Horacio Rodríguez Larreta (que pasaría a ser su sucesor por estrecha que  terminara siendo su ventaja sobre Martín Lousteau), para él  resultaba un  trago más agrio que dulce. El triunfo “cantado” que le vaticinaban los encuestadores de Durán Barba al candidato del Pro terminaba encogiéndose a una victoria muy ajustada.  
Si esa ceñida victoria de Rodríguez Larreta sobre Martín Lousteau  podía interpretarse como un revés para el Pro no era solamente por las desmedidas expectativas previas  generadas desde el oficialismo porteño (la misma tarde de la votación Diego Santilli anunciaba 10 puntos de ventaja), sino por el hecho de que el 51,6 por ciento  que resultaba suficiente para  el ganador era  claramente deficitario para Macri quien , una vez que su delfín arrasara al desafiante que en la primera vuelta había  quedado más de veinte puntos atrás,  pensaba catapultar su campaña por la presidencia desde ese resultado rotundo en el distrito que gobierna hasta diciembre.  .
 
La decepción de Mauricio podía leerse esa noche de domingo en sus ojos y en su sonrisa pensativa  cuando las cámaras lo transmitían en primer plano con el fondo de un escenario  imaginado exclusivamente para  la hipótesis  más favorable, que se volvía incómodo cuando (una vez más, como en Santa Fe, como en Córdoba) una elección positiva quedaba muy por debajo del  final fantaseado.
 
La vacilación de Mauricio
 
Para medir el estado de ánimo de Macri en ese  momento hay que tomar en serio su comentario posterior a Chiche Gelblung: “Si perdíamos en la Ciudad, me hubiera bajado de la candidatura a presidente”.  Para decirlo con números: por 50.000 votos (la diferencia entre Rodríguez Larreta y su challenger) el país no  se vió  privado  de la participación de uno de los protagonistas del proceso electoral que desemboca en el fin del ciclo K.  Esa perspectiva es elocuente por sí misma.
 
En aquella pálida atmósfera de globos ociosos se inscribió el discurso de cambio que Macri  ofreció como conclusión de la jornada: la letra y la música no coincidían. El final,  que quería evocar la oratoria del Alfonsín del 83,  necesitaba una euforia que  los votos de Lousteau habían humedecido; y los méritos atribuidos a un  listado de decisiones  del kirchnerismo, que quizás podrían haber sonado como un gesto caballeresco  en boca de un triunfador inequívoco, en esas circunstancias parecieron  pasos atrás de un boxeador  sorprendido por  la fuerte trompada de un adversario.
 
Eran un discurso y un recurso para pensarlos mejor y economizarlos esa noche, donde más bien se esperaba  una reacción adecuada a lo que había ocurrido: el Pro había ratificado con esfuerzo su gestión en la Capital, sin duda una de las más progresistas desde la recuperación de la democracia. Lousteau había sido un digno, eficaz rival. Punto.
 
En ese contexto se rifaba la novedad: la intención de replantear la estrategia anterior.
 
La crítica y las chicanas que sufrió Macri por el cambio insinuado se amplificaron por el momento que eligió para iniciarlo.
 
Caminando por el centro
 
Lógicamente, sus competidores no iban a desperdiciar la oportunidad ofrecida. Daniel Scioli,  que se mueve como pez en el agua en la sintonía fina de la comunicación, y administra con astucia gestos, palabras y silencios, también busca la avenida central. Procura hacerlo  sin mostrarse incoherente: ahora se valorizan, para él, los gestos anteriores de  adhesión al gobierno central; ya nadie se sorprende por eso y desde ese posicionamiento tradicional  va modulando  las divergencias potenciales para hacer llegar su mensaje al electorado independiente, al ajeno a los contingentes propios del oficialismo. Entretanto, amplía la plataforma propia dejando que el peronismo tradicional ocupe con naturalidad espacios que había dejado de ocupar  en beneficio de los jóvenes turcos del kirchnerismo.
 
En cuanto al espacio en el que convergen Sergio Massa y José Manuel De la Sota, ellos postularon tempranamente “la avenida del medio”, y procuraron una diagonal  que los diferenciara de la tosca  polarización entre cambio y continuidad: “el cambio justo”.  Ahora  ese  espacio empieza a poblarse.
 
Moderada o eclipsada la confrontación  rústica, las ofertas que hoy transitan por el ancho camino central tendrán que intentar diferenciarse por atributos más finos: mensajes más elaborados, propuestas detalladas. Por supuesto, incidirán los rasgos de los candidatos: la experiencia acumulada o atribuida, la confiabilidad que generen, la resistencia que provoquen, la voluntad de debatir o no.
 
Como en los países normales.
Tags: Cada vez más tránsito en la “avenida del medio”Política
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