… y finalmente decidieron no ir a los imaginados festejos en la Plaza de la
República: “Nadie nos garantiza la seguridad”, explicaron.
Sus palabras sonaron sensatas y representativas: decían lo que sufren y
piensan cotidianamente millones de compatriotas y hablaban a la luz de los
incidentes que unas horas antes habían convertido las inmediaciones del
Obelisco en saqueada tierra de nadie, en un distrito en el que actúan
formalmente dos instituciones policiales y hay disponibles otras fuerzas de
seguridad.
*Mirando las urnas y el riesgo de default*
En el paisaje post-mundialista reaparecieron las encuestas con perspectivas
electorales. No todo sigue igual que antes. Si se articulan las cifras de
distintos analistas, parece observarse un crecimiento relativo de la figura
de Mauricio Macri, un estancamiento relativo de la candidatura de Sergio
Massa (no se concretó, al menos hasta ahora, el esperado pase aluvional
después de la victoria bonaerense de octubre) y un leve retroceso de
Daniel Scioli, mientras el resto de los postulantes miran a los punteros
desde una distanciada retaguardia.
Las urnas todavía están lejos, pero empieza a insinuarse un peligro para
las fuerzas de raíz peronista: si Macri consiguiera treparse al podio del
ballotage frente a Scioli o frente a Massa, llegaría a ese lugar con un
aire triunfal y generando fuertes expectativas en el electorado que se
define como independiente (las encuestas muestran que es la mayoría del
padrón). Podría encarar desde esa plataforma y fortalecido la instancia
decisiva. Contaría, probablemente, con alguna ayuda de la Casa Rosada, que
sin duda prefiere, ya que debe cesar la dinastía K, que la sucesión no sea
peronista.
Observando esos riesgos, gente de cabeza fría del massismo y del sciolismo
empieza a reconsiderar la advertencia que hace unos meses hizo Eduardo
Duhalde, aconsejando a los peronistas trabajar por una candidatura única.
Para optar con cierta elegancia por ese camino el tiempo no sobra.
Suponiendo que los jefes de cada corriente se inclinaran por esa
hipótesis, aún deberían convencer a sus estados mayores y a los mandos
subalternos. Por ahora, en cualquier caso, cada cual atiende su juego.
Entretanto, se aproxima la hora de la verdad en relación con el riesgo de
default. Los mercados no terminan de dilucidar si el discurso desafiante
de la señora de Kirchner y de su escudero económico, Axel Kicillof, obedece
a una áspera táctica negociadora o a una interpretación obnubilada de la
situación objetiva. “No queremos el default pero podríamos estar avanzando
hacia uno”, dijo la Presidente en la reunión de los BRICS y los mercados,
que se mostraban optimistas (apostando a que habría un arreglo), se
deprimieron y pasaron a refugiarse en el *miti y miti* (cincuenta por
ciento a que habrá acuerdo, otro tanto a que habrá default), es decir,
confiesan su impotencia para penetrar en la intención de la Casa Rosada.
Puede que el secreto resida en que esa intención todavía no esté definida.
*Ideología, conspiraciones, confrontación*
Lo que contribuye a la confusión general es la propensión kirchnerista a
las interpretaciones ideológicas y conspirativas. Por ejemplo: La
vertiginosa visita del presidente ruso Vladimir Putin y el inminente arribo
a Buenos Aires del jefe de Estado chino, Xi Jinping, sumadas a la presencia
de la señora de Kirchner en la reciente reunión del grupo BRICS han
alentado ilusiones y fantasías en algunos sectores del oficialismo, que
creen estar invitados a un *revival *de los años de la guerra fría y
acarician la idea de un gran emblocamiento “antiimperialista”.
Siempre hay un roto para un descosido: no faltan en la vereda de enfrente
quienes comparten la interpretación y observan estas visitas como una
ofensiva de estados “de raíz marxista”, allanada por un gobierno bien
predispuesto a esos devaneos.
Convendría separar los hechos de los delirios.
China y Rusia no son, por cierto, los únicos actores mundiales que observan
la realidad y las posibilidades de Argentina como potencia mundial agro
alimentaria, poseedora de enormes reservas energéticas y mineras y asentada
sobre una organización social que, pese a su lamentable deterioro,
conserva aún un tejido de integración, una tradición de cultura y
educación modernas, un capital insuficientemente explotado de creatividad
y capacidad de emprendimiento. La próxima apertura de un nuevo ciclo
político valoriza aquellas características.
La locomotora del crecimiento económico mundial se ha desplazado de los
países desarrollados a los mercados emergentes. La Argentina, que en esta
ocasión participó de la reunión de los BRICS como invitada, tiene en el
futuro un papel de mayor jerarquía en ese contexto.
Los rusos desde mucho antes de las transformaciones derivadas de la p
erestroika han tenido intereses, amistades y un buen observatorio sobre la
Argentina, con analistas, agentes e informantes locales de altísima
jerarquía. Moscú fue, por ejemplo, uno de los primeros jugadores en
advertir las condiciones excepcionales de los yacimientos de shale
patagónicos.
El shale es un desafío para Rusia: el principal mercado del gas ruso hoy
es Europa, pero en un futuro próximo Estados Unidos, con sus grandes
depósitos de shale, podría quizás exportar competitivamente gas al Viejo
Continente. Por eso, Moscú procura extender su influencia energética
mundial buscando espacios como el que ofrece Vaca Muerta.
Inútil buscar “antiimperialismo” en esas jugadas. Hay sí, obvio, interés
nacional ruso.
Se trata de definir (con criterio y sin candorosas alucinaciones) el
interés nacional argentino en esa relación.
*El amigo chino*
En cuanto a la visita de Xi Jinping, es obvia su importancia. China es el
segundo cliente de Argentina y el primero y principalísimo en materia de
soja. También es un vendedor relevante. La formidable demanda china ha
sido uno de los factores decisivos (el otro: el vertiginoso desarrollo
tecnológico) en el proceso de reversión del deterioro de los términos de
intercambio, según el cual las materias primas estaban condenadas a ver
progresivamente reducido su valor comparado con el de los bienes
industriales.
La circunstancia de que las compras chinas al Mercosur (y, en general, a la
región) se concentren casi exclusivamente en materias primas ha generado
prevenciones. El hecho es observado como un refuerzo de la llamada
“primarización” (o “reprimarización”) de las economías sudamericanas.
Hasta el momento, la inversión directa china en la región revela, para
algunos estudiosos la “ausencia de estrategia coherente nacional de las
inversiones extranjeras de China”. Según algunos de ellos, como Lin Yue,
de la Universidad Autónoma de Madrid, “las empresas chinas planean sus
inversiones en América Latina para dos motivos: la búsqueda de recursos y
la búsqueda de mercado. Por un lado, la importancia de América Latina como
uno de los principales proveedores de las materias primas para China,
especialmente minerales, metales y combustibles, se justifica por el
creciente porcentaje de las importaciones de China de la región. Las
materias primas importadas de América Latina representaron el 16.3% de la
importación total de China de los productos básicos en 2010, en comparación
con el 10.3% en 2002. Por otro lado, América Latina también sirve como un
mercado creciente para los productos manufacturados de China. En 2010, 5.8%
de las exportaciones de los productos manufacturados de China se dirigieron
a América Latina: una duplicación del nivel de 2002 (2.9%)”. Otra
especialista, Loretta Napoleoni, explica que “uno de los sectores
prioritarios a los que apunta la inversión china es el energético. Por años
Pekín ha aguardado y preparado sus empresas para aprovechar esta
oportunidad. En 2005 lanzó la campaña *Hacia el exterior*, una política
que en el ámbito de la inversión china externa directa fomentó la
transferencia de tecnología y nueva inversión estratégica en el exterior.
El primer sector seleccionado fue el energético, que hasta ahora ha
absorbido la mayor inversión china directa en el exterior”
Para un país como la Argentina, que dedica más de diez mil millones de
dólares al año en importar energía mientras cuenta con grandes recursos
inexplotados de petróleo y gas convencionales y no convencionales cuyo
desarrollo necesita inversiones y tecnología, esa perspectiva es una opción
que cae de madura.
Por otra parte, el perfil de la inversión china está modificándose. El
incremento incesante de los salarios en el seno de la República Popular
sumado a la abundancia de capital está impulsando a China a buscar
horizontes de inversión fuera de sus fronteras más allá de commodities y
materias primas estratégicas. Invierte en empresas que desarrollan
tecnología y también en grandes obras de infraestructura, no sólo
energéticas.
Los acuerdos suscriptos esta semana entre los estados argentino y chino
avanzan en un sentido muy positivo. China invertirá más de 7.500 millones
de dólares en proyectos hidroeléctricos, de transportes (financiamiento de
la renovación del ferrocarril Belgrano Cargas), comunicaciones, riego,
desarrollo de energía nuclear. Xi Jinping definió la asociación con
Argentina como “estratégica”. Y sin duda lo es para Argentina. Se calcula
que a fines de la presente década, la inversión directa china en el
exterior estará alrededor del billón y medio de dólares. ¡Qué oportunidad
para países, como Argentina, que imperiosamente necesitan inversión!
Pero siempre es necesario mantener lejos las ensoñaciones ideologistas.
Desde que se incorporó a la Organización Mundial de Comercio en 2001, China
asumió como propias las instituciones del capitalismo globalizado. La
conducción de la República Popular impulsa decididamente el comercio libre
y el desarrollo de una economía mundial abierta. El Presidente Xi Jinping
lo sintetizó así: “Solamente cuando se abre la ventana puede entrar
libremente el aire fresco”. Conviene oír atentamente a los interlocutores y
romper las burbujas autorreferenciales.
El prestigioso Financial Times señalaba hace algunas semanas que “proteger
a la industria local es algo que los peso pesados del Mercosur, Brasil y
Argentina, creen de todo corazón, pese a que sus políticas han provocado
numerosas fricciones y de a ratos mala sangre entre los vecinos y socios
del bloque”. Particularmente en relación con China, Argentina (y Brasil) ha
procurado hasta ahora levantar barreras. Debe tomarse en cuenta, sin
embargo, que en el 2016 China habrá obtenido el estatus de economía de
mercado reconocido por la Organización Mundial del Comercio con lo que no
será tan fácil interponerle recursos antidumping, como se ha venido
haciendo con insistencia en el ámbito del Mercosur. La asociación
estratégica invocada por los presidentes de Argentina y China será otro
obstáculo para los viejos recursos proteccionistas.
La relación con China es crucial. Tan crucial como tener claro un
pensamiento estratégico de la Argentina.
Interés proyectado en el mediano y largo plazo, no ideología.
*
Jorge Raventos*