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Los capitulos de la caida

Redacción TN by Redacción TN
3 noviembre, 2013
in Jorge Raventos
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La Corte Suprema le tiró una cuerda (no exclusivamente propagandística) el martes 29, al instalar una nueva y resonante noticia en los titulares con su pronunciamiento sobre la Ley de Medios. Para la mayoría del alto tribunal los cuatro artículos cuestionados por el Grupo Clarín de esa norma pergeñada por la Casa Rosada resultaron no ser inconstitucionales. El gobierno obtenía así una inopinada victoria en un asunto al que siempre le otorgó un valor estratégico.
Si el domingo por la noche resultaba esperpéntico el espectáculo encabezado por el vicepresidente Boudou, en el que el oficialismo celebraba como un triunfo su decepcionante performance en las urnas, el martes se encontraba al fin con un motivo genuino para festejar.
El oficialismo necesitaba con urgencia un triunfo para entonar el ánimo. Así se tratara de un triunfo tardío. El argumento de mantener la condición de primera minoría, de seguir siendo la fuerza individual más numerosa y conservar (así sea precariamente) el dominio del Congreso, es un consuelo menor. La fotografía  con la que el gobierno procuró el domingo exhibir el revés electoral como un éxito enfoca algunos detalles secundarios y oculta el dato central: ha quedado definitivamente establecido el fin del ciclo kirchnerista, fue bloqueado el camino a la re-reelección de la señora de Kirchner, a quien el propio oficialismo ha definido (con razón) como la única persona en condiciones de garantizar la continuidad de su “modelo”.
Siete de cada diez votos se expresaron en el país en contra de esa continuidad. Puede ser cierto que todavía esa oposición mayoritaria no se canaliza, a escala nacional, a través de alternativas que individualmente superen a la coalición oficialista, pero mientras esas alternativas empiezan a consolidarse (un dato ineludible es el vertiginoso crecimiento del Frente Renovador bonaerense que lidera Sergio Massa), la coalición oficialista se ve sometida cada vez con más intensidad a un proceso de centrifugación, determinado por la imposibilidad de transferir el férreo liderazgo concentrador que el matrimonio Kirchner ejerció desde el inicio. Sin re-reelección (y en retroceso, como consecuencia de su propio ejercicio) se abren  en el oficialismo las pugnas sucesorias y se ahondan las divergencias de estilo e ideología que la máscara cristinista contenía cada vez más limitadamente.
El núcleo duro del oficialismo desconfía de los candidatos potenciales con mejor asentamiento en la opinión pública (ejemplo obvio: Daniel Scioli) y no consigue alumbrar uno que le ofrezca simultáneamente garantías de fidelidad K y posibilidades electorales. En paralelo, sectores peronistas que aún integran el oficialismo hacen oír su reclamo. El sábado, por caso, el presidente del bloque de senadores oficialistas, el rionegrino Miguel Angel Pichetto, admitió que el domingo “había poco para festejar; siempre hay que recoger el mensaje del voto ciudadano”.  Para el senador, “el ciclo de la Presidente concluye en 2015” y el peronismo tiene que decir lo suyo (“lo que pido es una mesa para analizar el futuro – le dijo a La Nación- . El  partido tiene que aparecer porque no es un partidito vecinal.” Para Pichetto, Sergio Massa “tiene un sentido de pertenencia con el peronismo. La tuvo y la tiene”. Y en materia de correcciones de rumbo, “ya hay decisiones que indican una voluntad de cambio. El acuerdo con el Ciadi, corregir el Indec, la búsqueda de financiamiento en el Banco Mundial. Por supuesto que siempre hay que hacer correcciones, y estamos a tiempo de hacerlas”. Por cierto, Pichetto sigue poniendo a la Presidente como vértice, pero lo hace marcando una postura sin duda divergente de la del núcleo duro del cristinismo y subrayando que el ciclo de la Señora llega a su fin. Pichetto no es un llanero solitario: su voz refleja las inquietudes y voluntades de muchos peronistas que, aún desde el oficialismo, buscan reorientación y nuevas perspectivas.
 
En términos políticos, el fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Medios le permitió al gobierno mostrar que, pese a la derrota y al proceso de paulatina disgregación que sufre, aún tiene instrumentos y fuerza suficiente para provocar daños.
 
La Casa Rosada hubiera preferido, claro está, que esta sentencia llegara antes: allí, la mayoría de los males, los reveses y los retrocesos sufridos se los atribuyen a la acción insidiosa y destructora del periodismo independiente (“las corpo mediáticas”), razón por la cual las vallas cautelares que impidieron al gobierno emplear la Ley de Medios inmediatamente después de aprobada, cuatro años atrás, fueron consideradas “una complicidad entre la corporación judicial y la mediática”. Esa demora es, para el oficialismo más rabioso, culpable de que ya se pise el fin de ciclo K.
 
Así, el fallo de la Corte es vivido como un triunfo pero, en el fondo,  como un premio consuelo. Quienes de ahora en más instrumentarán la Ley y amenazan con el desguace al Grupo Clarín, podrán -imaginan- negociar absoluciones periodísticas u otras recompensas, más o menos simbólicas. El gobierno muestra que todavía tiene uñas filosas.
 
¿Muy filosas? Se verá próximamente. La señora de Kirchner debe decidir, a partir del diagnóstico médico y de las presiones de sus círculos íntimos, cuándo vuelve al gobierno. Su ausencia es notoria en un dispositivo oficial preparado para que ella y sólo ella asuma la responsabilidad de decidir.
 
Aunque esa ausencia le permitió dejar en manos de terceros el bochornoso momento del revés electoral, también puso de manifiesto que el gobierno por momentos es un barco sin timón. O con demasiados timoneles. Dejó en claro que el vicepresidente Amado Boudou (hoy al borde de una imputación judicial) no es tomado en serio ni siquiera por los miembros del gabinete (por citar sólo a uno, recuérdense los comentarios del ministro de Interior, Florencio Randazzo), que el jefe de gabinete convive dificultosamente con el secretario de Legal y técnica; que las autoridades de la Secretaría de Inteligencia llevan vidas paralelas…En fin, que hay poco en el gobierno que esté “atado y bien atado”.
 
Es que los relatos se agotan. Y las fotos en las que se pretende encerrar la realidad, solamente la congelan artificialmente, para  felicidad fugaz de los que se refugian en el búnker.
 
Prevalece el movimiento. Y el rumbo de ese movimiento es el del fin de ciclo, la centrifugación de lo que termina y la congregación de lo nuevo.   
 
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Tags: Jorge RaventosLos capítulos de la caídaOpinión
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