¿Habrá que tomar sus palabras como una autocrítica encubierta? Porque lo cierto es que la política energética la conduce el gobierno y en estos años no se ha visto que esa conducción estimulara o espoleara la inversión y la producción en la Argentina, sino que más bien optó claramente por la importación de combustible y pagó elevados precios (sensiblemente mayores que los internos) por el fuel y el gas importados. En cuanto a las empresas criticadas por la Presidente, hay que recordar que la que maneja el 60 por ciento del mercado local (Repsol-YPF) tiene representación del Estado en su directorio.
La señora omitió estos detalles y también intentó gambetear otros, igualmente perturbadores para el famoso relato oficial. Por caso: en cuestiones de ambientalismo, su discurso prefirió eludir la fuerte discusión pública de la explotación minera del Famatina, en La Rioja, para criticar, en cambio, que las organizaciones ecologistas no hubieran denunciado la depredación ictícola en el mar que rodea a las Malvinas. Greenpeace y la Fundación Vida Silvestre (FVS) desmintieron la acusación presidencial y le respondieron con cierta sorna. “Celebramos el giro estratégico en la visión del Gobierno que, por primera vez, incorpora a la conservación de los recursos naturales de nuestro mar como un argumento vital en las cuestiones vinculadas a la soberanía”, apuntó FVS. “Greenpeace celebra la preocupación de la Presidenta en materia ambiental, hasta ahora ajena en muchos aspectos a su política de gobierno”, replicó la otra ONG. “Es raro que nadie le haya contado las actividades que realizamos”, agregó María Eugenia Testa, la directora de Greenpeace en Argentina.
Inducir a la Presidente a mentar incidentalmente la cuestión ambiental en momentos en que en todo el país había movilizaciones por el tema Famatina fue seguramente un error de sus estrategas comunicacionales. Así, el silencio presidencial sobre el proyecto minero a cielo abierto de La Rioja fue más evidente.
A diferencia de lo ocurrido en San Juan y, años antes, en Catamarca con grandes proyectos mineros análogos, en el caso de Famatina hubo desde el principio una resistencia local muy vigorosa. El actual gobernador, Luis Beder Herrera, llegó al cargo precisamente atacando los proyectos mineros de su antecesor, Angel Maza, a quien esos proyectos le costaron la caída de la gobernación. “El verdadero tesoro del cerro Famatina es el agua. Estamos en contra de que nos contaminen la tierra y el agua. Estamos en defensa de la vida”, decía Beder en 2006.
Los pobladores de los departamentos riojanos de Chilecito y Famatina están convencidos de eso. El valle de Famatina, con sus viñedos, frutales, nogales y olivos recibe el agua de los cerros de los que varias empresas transnacionales aspiran a extraer oro y otros minerales, convocadas por el gobierno de aquel que seis años atrás se oponía a esa explotación. Ciertas o no las catástrofes que vaticinan algunos diagnósticos para descalificar la minería, lo que resulta evidente es que los habitantes de la zona (y, a juzgar por las manifestaciones, probablemente de toda la provincia) prefieren un desarrollo que no ponga en riesgo ni su habitat ni sus actividades tradicionales. La relación respetuosa con el agua, que es un recurso crítico en la zona, forma parte de los rasgos de identidad que pelean por preservar.
En el año 2006, en pelea con su antecesor, Beder había hecho aprobar una convocatoria a consulta popular vinculante sobre la explotación minera que se debía llevarse a cabo el 29 de julio de 2007 en los departamentos de Chilecito y Famatina (8138). Tan pronto se sentó en el sillón de Maza, Beder anuló ese llamado. Ahora la consulta se hace en las calles, por vía de acción directa. Y Beder tuvo que replegarse, discretamente aconsejado y acompañado por la Casa Rosada, que apoya los proyectos pero teme razonablemente las puebladas.
Los silencios presidenciales revelan cierta conciencia de debilidad, enmascarada de a ratos por los arrestos ofensivos o el estilo áspero de algunos de sus subordinados. Guillermo Moreno promete “cortar el chorro” de las importaciones y lucha con el jefe de la AFIP, Ricardo Etchegaray, por la regulación de esas operaciones. Esa mera competencia es ya una señal de rajadura en la cáscara de solidez que el gobierno quiere exponer, pero no es menos revelador que Moreno quiera que las decenas de miles de solicitudes de licencia de importación que deben procesar las empresas se las envíen a su propio mail para tratarlas en persona o con la colaboración de “seis o siete” personas. El gran controlador se transforma de ese modo en gran paralizador…de las cadenas productivas. Ese recurso para preservar el superávit comercial, ¿debe considerarse un signo de fortaleza?
La Presidente no se ha pronunciado personalmente ni sobre la exhortación de Daniel Scioli a Hugo Moyano para que reconsidere su renuncia a la conducción nacional del Justicialismo ni sobre la campaña de trascendidos sobre el impulso (“urgente”) de una reforma constitucional que le permita a ella mantener el gobierno cuando se le termine este mandato, en 2015.
Los que hablan son otros (Moyano los caracteriza como “Chirolitas”, es decir, como voces de fantasía, manipulaciones de un ventrílocuo, marionetas). De cualquier modo,
nadie ignora quien dicta el guión. En relación con la propuesta de Scioli, la respuesta fue sintomática: “El que renuncia se debe ir”, dijo el ministro de Interior. Como decir: el que se fue a Sevilla…Es obvio que el ministro Randazzo (como otros que se sumaron a ese coro) no hubieran empleado el mismo argumento si Néstor Kirchner (que renunció a la presidencia del PJ después de su derrota en 2009) hubiera querido recuperar ese puesto. En verdad, Néstor Kirchner no necesitaba el cargo formal para mandar. Pero si la contestación que llegó desde las alturas sea significativa no se lo debe al argumento, sino a la actitud: excluyente. Lo que Scioli sugirió, al fin de cuentas, fue mantener las cosas en el PJ tal como Néstor Kirchner las había diseñado, una manera clásica en el peronismo: con gobernadores representando a los poderes territoriales, con jóvenes…y con el secretario general de la CGT en un cargo importante, de modo de tener mecanismos de debate, negociación y contención de los conflictos. La exclusión (en este caso, aprovechando el propio gesto renunciante de Moyano) es un signo de inseguridad.
En definitiva, tanto ese comportamiento, como la prisa en lanzar al ruedo los temas de la reforma constitucional y la reelección, como las ofensivas contra Scioli (en su ausencia el vicegobernador incursiona en temas de seguridad ignorando al ministro del ramo, en gesto que el criticado Julio Cobos nunca hubiera osado como vicepresidente) son indicadores de incertidumbre sobre el efecto que los tiempos de ajuste que ya se han abierto ejercerán sobre el modelo y las estructuras de gobierno central. En definitiva, sobre la continuidad del “modelo”.
A diferencia de Néstor Kirchner, que ( auncon sus formas filosas y rudas) era capaz de negociar y articular divergencias, esta etapa cristinista combina aislamiento con burbuja comunicacional, propaganda con confrontación (que incluye ahora a sectores que han formado parte de la propia coalición oficialista), discurso de un sedicente progresismo con un ajuste que ya se pone en marcha, implacable.
En los tiempos próximos la realidad se encargará de actuar sobre los discursos como ácido revelador.
totalnews