
“TRIÁNGULO DE ORO”. Afortunadamente, ambos tienen también en común países e instituciones mentoras, que apoyan el fortalecimiento de la independencia y soberanía de cada uno dentro de las
SOLIDEZ Y MEJORA. Nuestro país se destaca en América Latina y el Caribe como uno de los pocos que han sabido mantener fortaleza macroeconómica por mucho tiempo hasta 2019, con un promedio anual de crecimiento económico del 4% en los últimos 15 años, una moneda estable durante tres cuartos de siglo, con déficit fiscal y endeudamiento externo bajo control antes de la pandemia. Goza de libertades públicas, respetando derechos humanos y creencias religiosas. Es así mismo uno de los países más abiertos de ALC en términos de comercio exterior de bienes y servicios así como de recepción de capitales de inversión y de préstamos. No obstante, nuestro país haría bien en estudiar y en lo posible emular los éxitos rotundos de Taiwán en las otras piedras angulares de todo bienestar compartido: desarrollo inclusivo en microeconomía, justicia social, equilibrio ecológico y respeto a minorías étnicas. Paraguay debe combatir mejor corrupción e impunidad así como delitos económicos y criminales. Puede integrarse mejor al mercado mundial, en igualdad de oportunidades. Y fortalecer su desarrollo sostenible con mejores educación, seguridad física y jurídica.
NNUU. Este organismo multilateral debería deponer la actitud segregacionista de sus autoridades máximas ante Taiwán, sus representantes oficiales y periodistas. He aquí un resumen de circunstancias actuales y un desideratum:
1. La pandemia del Covid-19 es una oportunidad para reconsiderar la exclusión, en la ONU, de los 23,5 millones de taiwaneses, lo que les dificulta que puedan contribuir a la comunidad internacional con su alta tecnología médica, laboratorial y farmacéutica.
2. Taiwán merece tener un papel significativo en la ONU. Su inclusión constituiría un paso crucial en la realización del compromiso de no dejar a nadie atrás, como se estipula en la Resolución 70/1 de la Asamblea General de la ONU, adoptada en 2015.
3. Paraguay haría bien en defender oficialmente la vigencia del principio de universalidad así como apoyar la presencia de Taiwán en esa entidad multilateral versus la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
4. La ONU debería asegurar que Taiwán tenga el derecho de participar en pie de igualdad en las reuniones, mecanismos, instituciones y actividades varias de la misma, relacionadas con los objetivos mencionados, permitiendo así su contribución al bienestar de la humanidad.
