
Quizá se hayan acabado los días de café y cigarrillo en la terraza tomando el sol, al menos, por ahora. La Xunta de Galicia, como medida de choque contra los rebrotes de
coronavirus, decretó este miércoles, a través de una edición especial del DOG (Diario Oficial de Galicia), la prohibición de fumar en la vía pública, y en espacios al aire libre, incluidas terrazas, excepto que se «pueda garantizar el mantenimiento, en todo momento, de ladistancia de dos metros con otras personas». Siendo sinceros, es difícil encontrar terrazas que cumplan estos requisitos. Sin embargo, en esta mañana del jueves, día en que entra en vigor la medida, las cosas parecen no haber cambiado mucho. En Santiago de Compostela se ve humo saliendo de la boca de los viandantes y ceniceros en mesas que, a ojo, no distan a dos metros. Esta medida, para los hosteleros, «es una sorpresa», sobre todo por el poco tiempo de reacción que se les ha dejado a los bares y cafeterías para adaptarse, como indica José Antonio, dueño del Café Galeras. «Aún no tenemos muy clara como es la norma, porque en teoría ya había que mantener la distancia», como asegura que se cumple en su establecimiento. Por esto, en la terraza de Galeras está permitido acompañar el café mañanero con tabaco, aunque José Antonio reconoce que él preferiría más contundencia: «o sí o no, no puede haber medias tintas», porque, dice, «la ley no puede depender de nosotros o de los clientes». Aparte, cree que los camareros no pueden estar pendientes si los clientes fuman o tener que discutir con ellos, por lo que sería mucho más fácil «prohibirlo en todas las terrazas». Carlos y Yaiza están desayunando en otra terraza de la capital gallega, y el sentimiento es bastante parecido al de los hosteleros: no hay claridad con respecto a si se puede fumar o no, aunque a ellos «les beneficia», porque no son fumadores. Sin embargo, creen que, aunque «el humo les moleste al no ser fumadores», no se debería de prohibir. Ezequiel, recién llegado a Compostela tras hacer el camino con unos amigos también está en una terraza en los alrededores del Obradoiro que no mantiene las distancias, aunque en todas sus mesas hay ceniceros. Es el único del grupo que fuma. «Si estoy tomando algo con amigos tendré que levantarme todo el rato para poder fumar», por lo que, de primeras, no le gusta. De esta manera, él y sus colegas, primarán ir a terrazas en las que sí esté permitido. De aquí surge cierta injusticia: «la ley tiene que afectar a todos igual», dice José Antonio, y esta decisión definitivamente beneficia a unos establecimientos y, sobre todo, perjudica a otros.
FUENTE DIARIO ABC: