La llegada al poder de Vladimir Putin puede ser considerado sin lugar a dudas como el punto de partida para la formación e implementación de una estrategia revanchista por parte de Rusia.La expansión
La revisión del orden internacional, donde Rusia se encontraba marginada de la escena política mundial, ha sido y sigue siendo el objetivo principal del mandatario ruso y su séquito, porque en un mundo liberal y democrático, la construcción de un estado próspero sin que las arcas personales de sus líderes se incrementen es misión imposible para los representantes de la elite moscovita, el prototipo del “homo sovieticus”.
La clave para el posicionamiento global de Rusia es, por supuesto, la región de Europa del Este, escenario en el cual Ucrania juega un rol preponderante, sobre todo teniendo en cuenta la opción por el mundo civilizado que hiciera el pueblo ucraniano en los años 2013-2014
Esto representó un golpe significativo a las aspiraciones geopolíticas del Kremlin, que, para mantener a Kyiv en su órbita de intereses, respondió con la anexión de Crimea y la agresión poco disimulada en la región del Dombás. La tenacidad de Ucrania y el fuerte apoyo internacional provocaron que Moscú continúe poniendo en práctica una amplia gama de medios de influencia y coerción contra Kyiv, porque Putin no puede dejar de completar su “obra maestra”. Por lo tanto, es de esperar que se susciten nuevos ataques, pero en esta oportunidad el escenario de confrontación podrían ser los mares Negro y Azov, respectivamente.
La región del Mar Negro guarda un particular interés estratégico para la Federación Rusa. En primer lugar, el dominio en el Mar Negro por parte de Rusia le permitiría al Kremlin fortalecer su posición en la Región de los Balcanes, Oriente Medio y África del Norte. Dada la intervención de Rusia en las guerras civiles en Siria y Libia, así como su fuerte posicionamiento en Serbia, resulta primordial que el revisionismo ruso pueda influir en las condiciones de seguridad en el Mar Mediterráneo. En segundo lugar, la expansión de la zona de influencia en el Mar Negro permitiría al Kremlin incrementar sus recursos, lo que para una economía como la rusa, atrasada y dependiente de hidrocarburos, resultaría sin lugar a dudas un gran premio. Y, en tercer lugar, tanto el Mar Negro como el de Azov representan un importante flujo interrelacionado por donde transitan mercaderías y productos energéticos. Además, hay que considerar que la dictadura rusa en lo relativo a la agenda de la región del Mar Negro amenaza con cuantiosas pérdidas económicas a los otros estados de la región en caso de desobediencia política a Moscú.
Las tareas de expansión geopolítica en la región del Mar Negro fueron confiadas a la Armada rusa. Esta fuerza está llevando a cabo entrenamientos de forma activa y en ocasiones realiza operaciones que claramente sobrepasan lo estrictamente defensivo. A propósito, cabe recordar que tras los ejercicios militares a gran escala que Rusia lleva a cabo suele producirse algún tipo de acto de agresión, así por ejemplo: después de que el ejército ruso organizara los ejercicios militares “Cáucaso-2008”, que finalizaran en la segunda mitad de julio, inmediatamente en agosto se iniciaría la guerra de los cinco días entre Rusia y Georgia; después de los ejercicios “Centro-2015” (que se desarrollaron del 14 al 20 de septiembre de 2015), donde se resolvió la creación y el empleo de una fuerza aérea de choque en el contexto de la lucha contra terroristas, talibanes y sus negocios, el 30 de septiembre, el Kremlin anunciaba una operación militar en Siria. Es a causa de esto que los ejercicios militares “Cáucaso”-2020” – los que revisten un carácter claramente anti ucraniano -, merezcan ser seguidos con mucha atención.
En el contexto de la estrategia marcada por Putin en el Mar Negro, durante estos ejercicios, se deduce que podrían llevarse a cabo acciones en relación con el bloqueo de la costa ucraniana. Existen antecedentes previos más que suficientes para pensar en esto debido a que la flota rusa ya no realiza esas prácticas. Por ejemplo, el año pasado durante el ejercicio “Sea Breeze”, la Flota del Mar Negro bloqueó 5 áreas en el Mar Negro, lo que generó importantes inconvenientes para la navegación civil, causando importantes daños económicos a los puertos marítimos de Odesa. Con respecto al Mar de Azov, la estrategia del Kremlin presenta algunas diferencias. La construcción del Puente sobre el estrecho de Kerch representa no solo otro acto de intrusismo flagrante contra la soberanía de Ucrania, sino también un movimiento táctico que impide la libre navegación. Y es así que, desde que el tráfico automotor comenzó a circular por el puente, 144 buques quedaron sin capacidad física para ingresar a los puertos ucranianos. Además, los patrulleros rusos detienen regularmente con fines de “chequeo” a los buques mercantes con destino a Mariupol y Berdyansk, y dichos “controles” pueden durar decenas de horas. Como consecuencia de estas acciones ilegales llevadas a cabo por Rusia, Ucrania está sufriendo pérdidas millonarias, y el Kremlin por su parte, está convirtiendo gradualmente a Azov en su mar interior.

Zona puente a Crimea
Resulta evidente que la implementación de la estrategia rusa del Mar Negro sería imposible sin tener la península de Crimea bajo un absoluto control. Desde hace ya 6 años, Crimea – de la mano del Kremlin -, ha dejado de ser esa meca turística que fue, para convertirse en un punto de apoyo militar real, que potencialmente podría ser utilizado contra Ucrania. La península, en nuestros días, aloja a más de 30 mil militares rusos. El Ministerio de Defensa de la Federación Rusa, a pesar de la vigencia de la cuarentena, está reclutando a habitantes de Crimea, y enviándolos a servir a otras unidades militares en territorio de Rusia. Además, la administración de ocupación promueve el servicio militar, a las fuerzas de seguridad y al FSB, mientras al mismo tiempo impulsa el alarmismo en la sociedad.
Además de la movilización de recursos humanos, Rusia también está acumulando equipos militares en Crimea, en particular, los sistemas de misiles “Bal”, “Iskander”, “Bastion”, los sistemas de misiles antiaéreos S-300 y S-400, “Pantsir-S1” y “Buk-M2”, y también está instalando sus propios sistemas de defensa antiaérea, y desplegando bombarderos estratégicos de largo alcance Tu-22M3, capaces de alcanzar cualquier punto de Europa. Además, el Kremlin ha financiado generosamente el desarrollo de infraestructura militar, incluso para el despliegue de transporte de distribución de armas nucleares. La nuclearización de la península, muy cerca de Europa, puede ser leída como un desafío para la OTAN y un intento de “marcar” su territorio en el Mar Negro.
Estas acciones han generado otro foco de tensión permanente para Ucrania y ponen de manifiesto que tal activo militar no está destinado exclusivamente a la defensa. Esto es especialmente importante, considerando la problemática del agua en la península de Crimea, ya que el 85% de toda el agua que ingresa a Crimea lo hace a través del canal norte de Crimea, que comienza en la región de Jersón. La negativa de Kyiv a proporcionar agua al territorio ocupado y luego de facto a legalizar la anexión, coincidiendo con las condiciones climáticas desfavorables, ha exacerbado significativamente el problema existente.
La presión del Kremlin sobre el gobierno ucraniano puesta en práctica a través de la “quinta columna” no ha resultado eficaz hasta el momento, mientras que una solución militar sería demasiado costosa para la Federación Rusa. Por lo tanto, es bastante probable que nos encontremos con un escenario de provocación, tratando de desviar la atención en dirección a Jersón, incluso con actos terroristas combinados con el ruido de las armas, que podrían ejercer presión psicológica sobre Kyiv
La transformación de Azov en un mar interior ruso sería imposible sin el control de la costa ucraniana. Los beneficios para la Federación Rusa de un tipo de protectorado sobre las regiones del sur de Donetsk, Zaporizhia y Jersón se traducirían en primer lugar, en la simplificación de la logística y la comunicación entre el territorio ocupado del Dombás y la Península de Crimea anexada, y, en segundo lugar, en la creación de una zona de inestabilidad en el sur de Ucrania, sin dejar de mencionar que Ucrania quedaría privada de su salida al Mar de Azov. Lo mismo que sucede con el caso de Jersón, una invasión militar directa para “abrir un paso” con Crimea sería demasiado costoso dado el precio que habría que pagar en vidas humanas, equipo militar, y los fondos y pérdidas que tendría que afrontar el gobierno ruso como consecuencia de una nueva ronda de sanciones por parte de occidente. Por lo tanto, si el Kremlin decidiera crear dicho corredor, seguiría el camino ya recorrido: a través de la exportación del modelo separatista a esas regiones mencionadas. Hay ciertos antecedentes previos que hacen suponer esto.
Y siguiendo esta lógica, el mes pasado en Melitopol, se inauguró la oficina de la sucursal local de las tropas cosacas de Zaporizhzhia, que ya han anunciado que van a colaborar junto a la policía con el fin de mantener el orden público. Tal activación del KVZN de Melitopol, que coopera con la Iglesia Ortodoxa Rusa, y que está dirigida por el famoso A. Panchenko, sospechoso de tener vínculos con Rusia, ha levantado las alarmas en Kyiv. Por lo tanto, un estudio exhaustivo de la situación indica que pronto podría suscitarse una escalada en el conflicto bélico ruso-ucraniano, y la parte sur de Ucrania podría convertirse en el próximo teatro de operaciones.
La militarización de Crimea, la agresión a largo término de la Federación Rusa en los mares Negro y Azov, la movilización general, la concentración de miles de soldados en las fronteras de Ucrania, la activación de la “quinta columna” en el sur de Ucrania y lo más importante: los ejercicios militares “Cáucaso -2020”: todo esto indica que Moscú está preparado, si no para un conflicto a gran escala (que, hay que admitirlo, realmente resulta poco probable), sí para operaciones especiales de carácter individual, cuya fin último es obtener el control sobre la costa ucraniana
