Cuántos y quiénes somos: la historia de los censos malditos

La camioneta Renault Trafic patente GVM 216, reconvertida en ambulancia, acaba de salir del hospital municipal de El Calafate José Formenti. Adentro viaja el cuerpo del ex presidente Néstor Kirchner, que acaba

de morir de un “paro respiratorio con muerte súbita” según el parte médico oficial. Detrás, en una camioneta Ford Ranger blanca, viaja la entonces presidenta Cristina Kirchner. La Gendarmería, la Policía de Santa Cruz y la custodia presidencial custodian el improvisado cortejo fúnebre que lleva los restos del ex presidente a su casa de El Calafate.

Son las 10 de la mañana del 27 de octubre de 2010 y casi no hay movimiento en las calles de El Calafate: ese miércoles frío y santacruceño se realiza en todo el país el que será el último censo nacional, el insumo estadístico más importante, profundo y de mayor despliegue que sirve para recopilar datos claves de todos los argentinos y argentinas. Entre otra información de interés para el Estado, se recopilan datos de la situación social, demográfica, de vivienda y servicios públicos. También sobre educación, ingresos, género y hasta de acceso a cloacas.

Con esos datos que se recolectan en una jornada en todos los hogares del país, se hacen evaluaciones, estadísticas y tras un arduo diagnóstico, se planifican políticas públicas para, en el mejor de los casos, mejorar la calidad de vida de los habitantes. 

Más allá de la información que se recopiló y que dos meses después reveló que en el país éramos 40.117.096 de personas, el del 2010 será recordado mucho más como el día de la muerte de Kirchner, que el del décimo censo nacional.

Censos 1991-2001-2010

Pero el de 2010 no fue el único censo que quedó marcado en la historia reciente por hechos traumáticos. Casi como una constante que refleja el eterno retorno de los problemas del país, de las últimas cuatro ediciones censales -incluyendo la que iba realizarse en octubre de este año- tres tuvieron que postergarse por las crisis sociales y económicas de la Argentina. 

El censo de 1991, bajo la presidencia de Carlos Menem, tenía que hacerse en 1990. Se postergó un año porque la Argentina sufría una hiperinflación descontrolada y una debacle económica sin precedentes que dificultaba su realización. Diez años después el escenario era calcado. El censo que debía hacerse en el año 2000 también se pasó un año por la emergencia económica nacional. El entonces presidente Fernándo De la Rúa fijó la nueva fecha para el sábado 17 y el domingo 18 de noviembre de 2001. La crisis no había aflojado y un mes después De la Rúa se iba en helicóptero de la Casa Rosada y renunciaba en medio de un estado de sitio, un corralito y 39 muertos en todo el país.

Este año la maldición de los censos se vuelve a repetir. Por la pandemia del coronavirus, la cuarentena y la crisis económica, el Gobierno decidió postergar el censo 2020 que tenía al 28 de octubre próximo como fecha tentativa de realización. Se hará en 2021 aunque aún no hay fecha definida.

Datos y más datos

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) es el encargado de llevar adelante la tarea censal. Según cálculos oficiales, se necesitan unas 700.000 personas (los censistas) para ir casa por casa recopilando datos. Además de los recursos humanos, ese día se utilizan cientos de miles de lápices negros, gomas de borrar y stickers para marcar los domicilios censados. También las planillas impresas que deberán llenar los censistas en los hogares con la información de cada ciudadano. Todo ese material debe ser licitado y comprado para que la jornada se realice con éxito.

Los cálculos de los expertos aseguran que el costo de un censo es de entre 1 a 2 dólares por persona censada. Con proyecciones que hablan de que hoy seríamos unos 45 millones de argentinos, el costo ascendería, en promedio, a 67 millones de dólares.

Los preparativos para el censo de 2020 arrancaron durante la gestión de Mauricio Macri. En noviembre de 2017 se realizó la primera prueba piloto en 7.413 viviendas de las localidades de Pilar, en la provincia de Buenos Aires, y San Javier, en Misiones. Según el Indec esas propiedades fueron seleccionadas “por su heterogeneidad de población y las características de su territorio” que mezcla zonas urbanas y rurales. Ese relevamiento se realizó durante 16 días.