
La Academia practicó un fútbol auspicioso durante veinte minutos, aprovechando el afán algo desordenado de Luqueño, traspasando con filo las trincheras de los volantes del cuadro de Hernán
Todo el resto del primer tiempo vimos a Luqueño mover la pelota a ras del suelo, con Paulo Lima abocado, en lo posible, a la salida clara. El izquierdo fue el principal flanco de ataque auriazul. Allí Gaona Lugo ganaba el fondo.
En la segunda parte, la tesitura fue la misma. Por eso tampoco extrañó que Pitta empatara de penal, ni que Armoa desnivelara cuando faltaban poco más de un cuarto de hora. Entonces Nacional apostó al viejo libreto: la altura, los centros y el azar. Ninguno lo salvó de perder.