
La victoria del Ciclón significa celebrar por primera vez en La Nueva Olla ante el Gumarelo y cortar una racha negativa de 2 años sin triunfos (6 derrotas y 2 empates en 4 torneos), además de descontar puntos en la lucha por el Apertura.
POSITIVO. El Ciclón se aprendió bien su libreto en este tiempo, por lo que supo materializar su juego y controlar las acciones de arranque, siendo un equipo corto que se movió en bloque, apostando por la velocidad de sus extremos. Alberto Espínola y Enzo Giménez fueron los dueños de la banda derecha, sector por donde Cerro edificó su triunfo. En zona defensiva, la novel dupla azulgrana (Delvalle y Duarte) no tuvo fisuras y supo controlar a la experiencia de ataque rival, mientras que la capitanía a Mathías Villasanti le dio un plus con el cual supo recuperar la versatilidad para ser un as en cada ofensiva del local, que las veces que apostó al desdoble lo hizo con peligro y con buen acompañamiento a pivoteo de Diego Churín.
SIN NEXO. La ausencia de un conductor hizo que el Gumarelo carezca de sorpresa y los embates fueron más por fuerza que fútbol. Si bien por momentos controló las acciones en campo enemigo, el Azulgrana en la primera parte estuvo bien parado y no sufrió.
En la complementaria, el ingreso de Antonio Bareiro (que volvió a la costumbre de marcar en La Nueva Olla) le dio velocidad a la pretensión albinegra que se vio obligado a buscar el resultado, cediendo terreno que lo tuvo en zozobra hasta el final.
En Cerro, Francisco Arce echó a andar la maquinaria azulgrana que tiene como bandera la promoción de los juveniles. Las sociedades marcan una tendencia del estilo del estratega que siempre prioriza el buen trato de balón con gente rápida, mientras que en el Guma fueron más notorios los más de 100 días de inactividad.

