A seis meses del crimen de Fernando Báez Sosa, la eterna tristeza de sus padres y un hallazgo de puño y letra

Es un día gris en medio del aislamiento. Durante la mañana el sol tarda en asomar y adentro del departamento de la calle Pueyrredón Graciela está rezando. De frente, la foto

de su hijo y un rosario que le envió el Papa. Pasan los avemarías como transcurren los días: uno detrás del otro, en el cuarto de Fernando, “tratando de salir adelante”.

Este sábado se cumplen 6 meses desde el asesinato de Fernando Báez Sosa (18), a la salida del boliche Le Brique, en Villa Gesell. “Va a ser un día triste, como todos los días. Pero un poquito más porque Fernando cumple ya seis meses que no está entre nosotros”, le cuenta a Clarín Graciela Sosa (53), su mamá. Dice que lo “más difícil es el día a día”. Que le parece que “el tiempo no pasó” y que estos seis meses los pasó buscando recuerdos en cada cosa, en cada detalle.

Todos los días Graciela se sienta en la cama de Fernando y mira su foto que, en el marco, tiene un rosario. “Estamos solos con mi marido, en casa, tratando de sobrellevar las cosas como podemos. La verdad que es muy triste, extrañamos muchísimo a Fernando y cada vez sentimos más la ausencia, lo necesitamos. Pero es una cosa imposible”, cuenta sobre este tiempo.

Graciela trabajaba como empleada en casas particulares y Silvino Báez (46), el papá de Fernando, haciendo carpintería de obras.

Fernando Báez Sosa, en una foto doméstica, cocinando.

Fernando Báez Sosa, en una foto doméstica, cocinando.

Los dos tienen suspendidas sus tareas por el aislamiento en medio de la pandemia. La escapada de Graciela -cuando está muy triste y necesita tomar un poco aire- es la iglesia. Se acerca hasta donde puede y reza. “No hay nada para distraernos, estamos siempre acá encerrados, tratando de seguir adelante, mirando las cosas de Fernando. Acomodando, sacando, poniéndolo otra vez en su lugar”, dice. Le gustaría ir al cementerio a llevarle flores a su hijo, pero no puede. 

Unos días antes del 18 de julio, Graciela busca entre las cosas de Fernando, como casi todos los días. Las revisa, de a poco, como si se le fueran a terminar, buscando algo que le haga recordar.