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Tras los pasos de Henry Kissinger en Beijing: un viaje secreto para una cita histórica

Redacción TN by Redacción TN
15 julio, 2020
in Internacionales
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El hombre al que estaban esperando desde hacía horas bajó de uno de los dos autos. Llevaba lentes negros y una bufanda más allá del cuello. Lo seguía una comitiva apretada

entre las sombras inciertas de la madrugada. Caminaron por la pista, apresuraron el paso escalinatas arriba hacia la puerta del avión y entraron. Minutos después partían hacia Beijing. Era el 9 de julio de 1971, y ese hombre de misterio era Henry Kissinger en misión secreta a laChina de Mao Tse-tung.

Pasaron casi 50 años del viaje secreto de Kissinger a Beijing. El objetivo: pavimentar la ruta para una visita histórica de Richard Nixon a China después de más de 20 años de miradas glaciales y silencios ardientes entre ambos países.

Richard Nixon escucha a Henry Kissinger a bordo de un avión, rumbo a Bélgica. / AP archivo

Richard Nixon escucha a Henry Kissinger a bordo de un avión, rumbo a Bélgica. / AP archivo

Kissinger, “este hombre tan famoso, tan importante, tan afortunado, a quien llamaban Superman, Superkraut, que lograba paradójicas alianzas y conseguía acuerdo imposibles”, un James Bond sin los tiros ni los puñetazos, según lo describe Oriana Fallaci en su libro “Entrevista con la historia”, iba camino a sentar las bases de uno de los viajes más cruciales de la Guerra Fría.

Kissinger, el alemán judío, el genio, el profesor de Harvard, el Consejero de Seguridad Nacional, volaba finalmente a Beijing.

Nixon necesitaba una salida del pantano vietnamita, de la guerra interminable./ Archivo

Nixon necesitaba una salida del pantano vietnamita, de la guerra interminable./ Archivo

Nixon necesitaba una salida del pantano vietnamita, de la guerra interminable. Necesitaba un interlocutor que pusiera “primera” en las negociaciones con el Norte. Necesitaba China. Y la necesitaba lejos de la órbita de su adversario: la URSS.

China necesitaba la influencia de una potencia en la arena internacional, con la Unión Soviética más lejos que nunca. El último capítulo bélico sino-soviético de marzo de 1969 en una isla diminuta, en el río Ussuri en la frontera entre Rusia y China, había creado un valle de espinas entre Moscú y Beijing, y una oportunidad para Washington.

Henry Kissinger en Beijing, año 1971. /AFP

Henry Kissinger en Beijing, año 1971. /AFP

Diplomacia del ping-pong

La ruptura sino-soviética fue la ventana que Kissinger uso para treparse hasta la puerta china. La oportunidad también llegó de la mano de una pelota de ping-pong.

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La visita del equipo nacional de ping-pong estadounidense a China disolvió en parte el hielo para lo que vendría después. En abril de 1971, 15 miembros del equipo norteamericano, que estaban compitiendo en Japón, recibieron la invitación de viajar a China. La diplomacia del ping pong, lo llamaron.

Ambos países guardaban en el archivo 136 encuentros a nivel diplomático a lo largo de 22 años de aislamiento político. Entre sombras, unos. Bajo luces, otros. Con la llegada de los ’70, las señales para un acercamiento fueron claras. Y se lanzaron públicamente como carnadas.

Richard Nixon visitando las tropas en Vietnam, año 1969.

Richard Nixon visitando las tropas en Vietnam, año 1969.

En 1970, Mao invitó al periodista y escritor estadounidense Edgar Snow al desfile del Día Nacional en Beijing. Un privilegio pocas veces ofrecido.

Poco después, Nixon decía a la revista Time que si había algo que quería hacer antes de morir era visitar China.

Operación Marco Polo

Nixon envió entonces a su hombre a Beijing, arropado en velos de discreción. Fue la “Operación Marco Polo”. A Kissinger le inventaron una gira por Asia. Un recorrido por un puñado de países, empezando por Pakistán. Pero el viaje “oficial” no iría más allá de Islamabad.

Pakistán era el tercer país. El trampolín hacia Beijing. El socio reservado. En la noche del 8 de julio de 1971, el presidente paquistaní Yahya Khan ofreció un banquete a Kissinger. Una gala. Un escenario. Una simulación.

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El amigo americano se descompuso en medio del banquete. El calor le había jugado una mala pasada. Eso dijeron. Se sintió mal. Se lo llevaron. A él y a toda su comitiva. “A descansar”. Todos aparecieron horas más tarde, en dos autos, en la pista de aterrizaje del avión que el gobierno paquistaní había puesto a disposición para desembarcar en Beijing. A las 4 de la mañana del 9 de julio, Kissinger despegó con su equipo, tres diplomáticos chinos y un traductor.

Aterrizó al mediodía de Beijing. Para las cuatro de las tarde las negociaciones empezaron a rodar. El objetivo: convencer a China que reciba al presidente de Estados Unidos.

Mao no cedería a un encuentro con Nixon sin antes asegurarse que Estados Unidos rechazaba sin grises la idea de un Taiwán independiente de la madre continental. Tenía que ser una sola China. “Así será”. Kissinger se lo repitió al premier Chou En lai una, dos, varias veces en seis rondas secretas de negociaciones.

Se supo después que Kissinger también ofreció a China proporcionar información sobre las fuerzas armadas de la Unión Soviética. Cada paso del Ejército Rojo captado por los satélites norteamericanos. La propuesta del viaje fue aceptada por China.

El 15 de julio de 1971, desde la Casa Blanca, Nixon anunciaba su ansiado viaje para antes de mayo de 1972 para relanzar las relaciones entre los viejos enemigos.

El entonces presidente Richard Nixon, y quién fue el primer ministro chino, Chou En lai, en Shanghai, año 1972. /AP

El entonces presidente Richard Nixon, y quién fue el primer ministro chino, Chou En lai, en Shanghai, año 1972. /AP

El 21 de febrero de 1972, Richard Nixon aterrizó en Beijing convirtiéndose en el primer presidente de los Estados Unidos en visitar la República Popular China. Chou En lai lo esperaba al pie de la escalinata para estrecharle la mano y congelar el momento para la Historia.

Nixon recorrió Beijing, visitó la Ciudad Prohibida, la Muralla China, viajó a Hangzhou y a Shanghai. Mao le dedicó menos de una hora. El 28 de febrero, Nixon regresó a su país satisfecho.

“China ha sido un elemento muy importante en la mecánica de mi éxito”, le dijo después Kissinger a la indómita Fallaci un sábado de noviembre de 1972, en la Casa Blanca. Pero de inmediato se retractó. “No es ésa la razón principal. La razón principal nace del hecho de haber actuado siempre solo. Eso les gusta mucho a los norteamericanos. Les gusta el cowboy que avanza solo sobre su caballo”, dijo.

El entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, se reúne con Henry Kissinger y el Alexander Haig para discutir la situación de Vietnam, año1972. /AFP

El entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, se reúne con Henry Kissinger y el Alexander Haig para discutir la situación de Vietnam, año1972. /AFP

Ofendido, Nixon no le habló a su asesor durante semanas. Pero al final lo nombró Secretario de Estado. Su canciller.

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TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

  • Henry Kissinger

  • Unión Soviética

  • Estados Unidos

  • Guerra Fría

  • Casa Blanca

  • Beijing

  • Taiwán

  • China

  • Rusia

  • Moscú

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