
De un lado de la mesa ubicada en el despacho del gobernador de la Provincia, se sentó, en el centro, el anfitrión, Axel Kicillof. Lo rodeaban a sus ministros de Seguridad,
Sergio Berni, y de Salud, Daniel Gollán. Enfrente se ubicaron el jefe de Gobierno de la Ciudad Horacio Rodríguez Larreta, quien estuvo secundado por Diego Santilli y Fernán Quirós. Arriba de la mesa se pusieron -además de agua, café, pastafrola y torta de limón- las diferencias sobre cómo continuará la cuarentena en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que -en palabras del presidente Alberto Fernández– concentra el 96 por ciento del problema del coronavirus. Por ahora, la Ciudad y el Gran Buenos Aires no retrocederán a la Fase 1 del aislamiento. Sin embargo, esa posibilidad quedó abierta como nunca antes.
La discusión se dirimirá con el nuevo parámetro común que desarrollarán ambas administraciones, tal como se había convenido en el encuentro que encabezó el miércoles en Olivos Fernández con el mandatario bonaerense y el vicejefe porteño. Los equipos técnicos de Salud de los dos distritos mantuvieron reuniones por separado el miércoles y el jueves para ajustar las variables.
En rigor, cambió poco: el flamante indicador estará compuesto por el índice de contagios; la circulación, mortalidad, el uso del transporte públicos y, el más relevante de todos, la ocupación de camas de terapia intensiva con respirador del sistema sanitario público y privado, serán los principales elementos para tomar la decisión de endurecer las medidas.
El gobernador y el jefe de Gobierno abrieron la puerta a un aislamiento más duro. “Si continúan evolucionando estos indicadores, vamos a tener que tomar medidas más drásticas(…) No nos va a temblar el pulso”, advirtió Larreta en la conferencia de prensa posterior al encuentro. “Si esto sigue así, indefectiblemente va a haber que endurecer las medidas”, insistió Kicillof.
Sin embargo, mientras se acumulan los datos la discusión es también política y mediática. Las posturas son públicas. La Provincia quiere retroceder a la fase 1 del aislamiento. En la Ciudad sostienen que los casos se mantienen estables y prefieren esperar quince días. El Presidente, en tanto, no revoca los permisos en la Ciudad, pero presiona con declaraciones públicas. “No vaya a ser cosa de que todo el esfuerzo se vuelva inútil porque salimos a correr, a tomar cerveza y a mirar vidrieras”, insistió Fernández por la mañana en declaraciones a Radio Nacional.
Mientras transcurría la reunión en la gobernación, quien habló fue el jefe de Gabinete Santiago Cafiero. “Si hay que volver a restringir actividades, lo haremos”, advirtió en diálogo con América 24.
Larreta se dirigió a La Plata tras obtener la confirmación de que segundo testeo por coronavirus había dado negativo. Ese detalle trajo alivio en el Gobierno, puesto que el ejecutivo porteño se había encontrado el martes con el jefe de Estado, quien a su vez se reunió esa tarde con la vicepresidenta Cristina Kirchner.
En tanto, las fuerzas de seguridad federales comenzaron a controlar el uso del transporte público, solo reservado a trabajadores esenciales. Se controlaron a 35.478 usuarios del ferrocarril y se infraccionaron a 109 personas. En la Provincia y en la Ciudad notaron una disminución del uso del transporte público en las últimas 48 horas.
El jefe de Gobierno insistió en que la coordinación no significa que se tomen exactamente las mismas medidas. Estamos mirando con mucha preocupación la evolución de los datos. Estamos trabajando cómo generar indicadores conjuntos. Estamos viendo la evolución del contagio de hoy.
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