¿Justiciero o asesino? El ingeniero Santos, 30 años después: nunca más volvió a portar un arma

Pasó hace 30 años pero el recuerdo está latente en gran parte de la sociedad. Y el debate sobre los episodios de legítima defensa sigue sin resolverse. El caso del ingeniero

Horacio Santos se convirtió en un emblema: harto de que le robaran, vio a dos ladrones escapar con el estéreo de su auto, los persiguió y los mató a tiros. Ocurrió el sábado 16 de junio de 1990 a las 11.30.

El ingeniero, que entonces tenía 42 años, y su esposa, la arquitecta Norma López, estaban dentro de una zapatería de Pedro Morán al 2800, en el barrio porteño de Villa Devoto. De repente, Santos, padre de cuatro hijos, escuchó que la alarma de su Renault Fuego negra empezó a sonar. El auto estaba estacionado en la puerta. Apenas salió, el hombre vio una de las ventanillas de la cupé rota y dos ladrones corriendo, uno de ellos con su pasacasete, que miró a los ojos al ingeniero y le sonrió.

Osvaldo “Topo” Aguirre (29) y Carlos “Pollo” González (31) estaban sin trabajo y ese día dijeron en sus casas que iban a comprar un taxi. Salieron con ese plan en la Chevy de “Topo”. Nunca se supo si esa idea original era cierta o no, pero en el camino le robaron el estéreo a Santos. Cuando la víctima los vio, se subieron al Chevrolet y salieron a fondo por Morán.