Coronavirus en España: cómo volver al transporte público sin miedo al final de la cuarentena

En aquellos días en los que el coronavirus estrenaba el título nobiliario de “pandemia” y Españasumaba contagiados de a centenares a las legiones del covid,

Julio Berrio, un colectivero que maneja uno de los internos de la línea 51 desde la Puerta del Sol hasta la Plaza del Perú, en Madrid, transportaba a menos de 15 personas en su turno de siete horas. “Algunos tramos estoy completamente solo”, decía Berrio en marzo, una semana después de que el gobierno de España decretara el estado de alarma.

Sobre el vidrio delantero del colectivo llevaba pegado un sticker: “Mientras permanezca activo el estado de alarma (Real Decreto 463/2020), el aforo máximo de este autobús queda fijado en 20 personas.”

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En el imaginario de los españoles, colectivos, trenes y subtes se convirtieron en un pasaporte casi seguro a un contagio de coronavirus. Tres meses después, el desafío de las grandes ciudades como Madrid es organizar el transporte público de acuerdo a las nuevas coordenadas sanitarias y lograr que la gente deje de temerle.

“Con el covid, como con cualquier enfermedad altamente contagiosa, el mal no es el transporte público sino cualquier aglomeración. Desde las marchas del 8 de marzo hasta los partidos de fútbol. Parece que la solución para que el transporte público no se demonice y no tengamos miedo a tomarlo es que no haya un contacto tan extremo, que no vayamos apelotonados, que haya distancia física, no social”, dice a Clarín María Eugenia López Lambas, profesora de Transportes y subdirectora del Centro de Investigación del Transporte de la Universidad Politécnica de Madrid.

Un cartel recuerda a los pasajeros usar barbijos en el subte de Madrid. / Bloomberg

Un cartel recuerda a los pasajeros usar barbijos en el subte de Madrid. / Bloomberg

La distancia de seguridad que regula los movimientos de las personas en la era covid -y que lo seguirá haciendo por tiempo indeterminado- ya suponía a fines de abril que sólo el 28 por ciento de los viajeros habituales de los medios públicos de Madrid iba a poder hacer uso de ellos, según la Consejería de Transportes de la Comunidad madrileña.

“Sólo podremos transportar a tres de cada diez viajeros que llevábamos antes, en metro, en trenes de Cercanías y en cualquier tipo de transporte público”, decía el consejero de Transportes, Angel Garrido, por entonces y señalaba que esta disminución y la reprogramación de servicios implicaban “unos 250 millones de euros de necesidades de financiación adicional”.

La Comunidad de Madrid anunció que, a partir del lunes 22 de junio, cuando el estado de alarma sea un recuerdo y toda España esté fuera definitivamente de la cuarentena intentando retomar la vida cotidiana que la pandemia congeló en marzo, su oferta de transporte público funcionará al 100 por ciento.

El uso del barbijo seguirá siendo obligatorio y, aunque ya es posible ocupar todos los asientos, para los pasajeros que viajan de pie, sólo se permiten dos personas por metro cuadrado.

“Sobre el transporte público, por ahora, habrá que aumentar la frecuencia para compensar esa disminución de la capacidad. Y ese es un problema económico”, opina la académica López Lambas.

“Tengo la parada del metro 1 delante de la puerta de mi casa y sin embargo no me atrevo a volver a tomarlo -admite una vecina del barrio de Chamberí-. La última vez que lo hice fue el 9 de marzo. Paso por delante de la boca del subte y me da vértigo pensar en volver a sumergirme bajo tierra.”