
Mercedes Rodrigo estuvo ingresada en el Río Hortega de Valladolid más de dos meses, con 38 días entre la UVI y la UCI. Juan Carlos Pérez llegó «muy malito» al mismo hospital
el pasado 25 de marzo «con el hígado, el pulmón y el riñón afectados» tras permanecer «mes y medio en casa con el bicho». Estuvo ingresado algo más de un mes, «20 días en la UVI y otra semana en la UCI». Los dos comienzan ahora a ver la luz, Juan Carlos, prácticamente rehabilitado, y Mercedes, trabajando duramente para ello. Dicen que si están agradecidos a los profesionales sanitarios del Río Hortega que les devolvieron a la vida, tanto o más lo están a todos los que en las últimas semanas han estado con ellos en el Benito Menni (Valladolid), centro hospitalario perteneciente a la Congregación de Hermanas Hospitalarias que alberga la única Unidad de Rehabilitación post Covid-19 de Castilla y León. Desde que se pusiera en marcha, el pasado 20 de abril, han pasado o permanecen en esta unidad 16 pacientes –dos de ellos recientemente dados de alta– a los que la enfermedad y su paso por las UCI dejó graves secuelas como dificultad respiratoria y complicaciones para comer, hablar o moverse. «Normalmente llegan con inmovilismo de haber estado mucho tiempo ingresados, pero también con trastornos del lenguaje bien por el propio edema que causa el virus o muchas veces por la intubación o las traqueotomías que les tuvieron que practicar. Luego también hemos tenido pacientes con secuelas cardiológicas y neurológicas», explica la doctora Socorro Ríos, directora de la Unidad. Este servicio nació para dar respuesta al cada vez mayor número de pacientes que les iban derivando de Sacyl para su recuperación física, pero la intención de la dirección y sus profesionales no es sólo que permanezca en un futuro, sino potenciarlo, ya que «hemos visto que la rehabilitación respiratoria va a ser muy necesaria», al igual que tratar los inmovilismos como consecuencia de ingresos muy prolongados en el tiempo. «Después de 10 días en cuidados intensivos se pierde casi un 50 por ciento de masa muscular y nos llegan sin poder sostenerse en pie», advierte. Fue el caso de Juan Carlos. «Pensaba que me iba a quedar parapléjico», sostiene emocionado al recordarlo. Sin embargo, tras «mucho ejercicio» y «poner mucho de mi parte», este vallisoletano que achaca su contagio a un viaje que hizo a Madrid a mediados de febrero para asistir a un partido de Copa de Europa, vio que comenzaba de nuevo a moverse: «¡Esta gente del Benito Menni me ha incorporado a la vida!», afirma antes de insistir en su agradecimiento a unos profesionales que «me han tratado como si fueran de mi familia». Ahora, prácticamente recuperado y a punto de incorporarse al trabajo, continuará con la rehabilitación vía ambulatoria. Un neuropsicólogo, un terapeuta ocupacional, una logopeda y dos fisioterapeutas forman parte hasta el momento de esta unidad que, según detalla la doctora Socorro, tiene capacidad «para 50 ó 60 pacientes». Aunque la estancia media depende del estado y de la «disposición» del ingresado, ésta suele oscilar entre los 20 días y el mes y medio. Actualmente, el paciente más joven que está siendo tratado tiene 39 años y el más mayor, 83, aunque la franja mayoritaria «está entre los 50 y 70 años». «Lloro de emoción» Cuando el paciente llega al Benito Menni pasa un tiempo en aislamiento preventivo donde comienza con sesiones individuales. Pasados unos días y una vez que se comprueban que «no presentan de nuevo alguna clínica del proceso» se comienza con ellos, respetándose siempre la distancia de seguridad, las sesiones grupales, explica la doctora, quien destaca también la importancia de la socialización después de haber pasado tanto tiempo aislados. De hecho, además de pacientes derivados de largos ingresos, este centro está tratando a personas con secuelas derivadas del confinamiento, principalmente inmovilismos, y también «postcovid» que superaron el virus aislados en su casa y que llegan con disfonías y disfagias causadas por edemas en las cuerdas vocales. En plena recuperación se encuentra Mercedes Rodrigo (60 años), que llegó al Benito Menni el 3 de junio procedente del Río Hortega, donde permaneció 38 días intubada tras ingresar el 28 de marzo, periodo en el que también sufrió un infarto del corazón. Ahora, agradecida de que le hayan «devuelto a la vida» y tras días llena de «miedos», confiesa su gozo al darse cuenta de sus pequeños progresos, tanto en cuestión de movilidad como cognitivamente: «Casi todos los días lloro de emoción al ver los pasos que estoy dando». A Mercedes aún le queda algo más de un mes de rehabilitación ingresada, pero afronta el futuro lleno de esperanza, al igual que Juan Carlos, que recién cumplidos los 65 años está dispuesto a vivir «esa nueva vida que Dios me ha dado».
FUENTE DIARIO ABC:
https://www.abc.es/espana/castilla-leon/abci-devuelto-vida-202006142036_noticia.html
