
“Todos un poco más pobres, algunos más, otros menos, A fin de año el índice de pobreza será cruel”.
El diagnóstico y el pronóstico son de Agustín Salvia,
director del Observatorio de la Deuda Social (OSDA) de la Universidad Católica Argentina.
En declaraciones a CNN Radio, a raíz de la difusión de la Encuesta que el Observatorio que Clarín publicó en la edición de este martes, Salvia dijo que aunque realizan la medición de pobreza entre julio y octubre de cada año, ya se puede comprobar que la pandemia y el coronavirus provocaron un fuerte deterioro social a pesar de las ayudas que realizó el Estado.
“A pesar de esas transferencias de ingresos del Estado, el balance de la Encuesta que hicimos entre el 7 y 10 de mayo en la Región Metropolitana muestra una realidad compleja y dramática:
– uno de cada diez trabajadores perdió el empleo.
– cuatro de cada 10 trabajadores enfrentaron suspensión por licencia o aislamiento de la actividad.
– el 60% de los hogares redujeron los ingresos, 35% lo mantuvieron y 5% pudieron ahorrar”.
En este contexto, en declaraciones a Clarín, Salvia dijo que “si la situación social ya era crítica a finales de 2019, (cuando la tasa de pobreza por ingresos fue del 38,3% de la población urbana, según la EPH del INDEC) es de esperar que todo se haya agravado aún más, y lo siga haciendo en los próximos meses. Y es evidente que cuanto más dure la parálisis económica generada por la política sanitaria de aislamiento, más se profundizará esta crisis, a la vez que se multipliquen las genuinas demandas sectoriales de asistencia para la recuperación económica de un eventual día después”.
De acuerdo a la Encuesta de la UCA, entre los sectores perjudicados se ubican tanto los hogares de sectores obreros o empleados formales de pequeñas y medianas empresas como de trabajadores informales, pero también parte de las clases medias bajas de trabajadores autónomos cuasi-informales.
En tanto, entre los beneficiarios se destacan las clases medias profesionales, técnicos obreros y empleados calificados de sectores que continuaron en actividad, a través incluso del teletrabajo, pero también una porción de hogares de desocupados o subempleados pobres, trabajadores marginales, beneficiarios de programas sociales que lograron compensaciones sociales que mejoraron sus ingresos corrientes o que por la cuarentena, gastaron menos.
La Encuesta destaca “la mejora observada en aquellos hogares pobres con protección social (programas-AUH-Alimentar-comedores-viandas), donde el impacto de la crisis fue menor o incluso superador de déficit previos en materia de seguridad alimentaria”.
De todos modos, “la proyección de una fuerte caída del PBI está teniendo y tendrá severas consecuencias económicas y sociales, en una sociedad que viene transitando un largo ciclo de crisis y estancamiento”, agregó Salvia. Y adelantó que “tanto el ODSA como otros centros académicos estimaron, para finales del primer trimestre de 2020, un primer impacto de la crisis económico-sanitaria en materia de pobreza habría elevado dicha tasa a un valor de entre 40-45%, dependiendo de la fuente de datos y el momento de comparación”.
Salvia advirtió que “en el conurbano bonaerense el shock de la pandemia y la cuarentena fue terrible”, más que en la ciudad de Buenos Aires. En la Capital el proceso de deterioro es más lento, pero en el conurbano, por falta de changas, ciertos segmentos se han empobrecido fuertemente y las ayudas no les llegaron o no fueron suficientes. Si alguien lograba armarse un ingreso mensual de 40.000 pesos, el IFE solo le cubre una cuarta parte de esos ingresos.
Según Salvia, hay nuevos pobres que no recibe ayuda, o que la que reciben no les evita la caida en la pobreza. “Lo que teníamos como malos empleos, precarios, changas o de baja productividad se están destruyendo. Estos eran muy importantes para muchos hogares. No se pueden reemplazar por planes”
Salvia concluyó que “la actual emergencia sanitaria agrava el estado de crisis estructural -no sólo coyuntural- de un sistema socioeconómico heterogéneo, desigual e inestable en términos estructurales desde hace varias décadas. En tanto, el nuevo escenario paraliza aún más la inversión, los consumos y la demanda de empleo en la economía formal, a la vez que diluye toda expectativa de reactivación, afectando especialmente a la pequeña y mediana empresa, profundizando la relación entre informalidad económica, pobreza y exclusión social”.
Finalmente, aclaró que el observatorio no interrumpió la medición de pobreza que vienen realizando desde hace varios años. “Esa medición se hace entre julio y octubre y el resultado se informa en diciembre. La tenemos programada para salir a encuestar 6.000 hogares, pero se podría postergar, dependiendo de las restricciones que imponga la cuarentena”.
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