Benjamín Netanyahu ha plantado este domingo cara a la justicia de Israel desde el banquillo de los acusados. Con la altivez del poder en la mirada, llegó al tribunal de
“Solo es una intentona para derrocarme. Pido que (el juicio) se retransmita en directo para que el público pueda seguirlo todo, y no mediante el filtro de la fiscalía y los periodistas”, advirtió Netanyahu, quien volvió a culpar de su procesamiento a una caza de brujas instada por la izquierda desde la policía, la judicatura y los medios.
Todo esto lo dijo en los pasillos del edificio del Tribunal de Distrito, situado en la parte oriental de Jerusalén, bajo ocupación israelí desde 1967. Cuando la presidenta de la sala de tres jueces que le juzga le preguntó si había leído y comprendido los cargos que se le imputan se limitó a responder, con una mascarilla en la cara: “Sí, su señoría”.
La vista quedó aplazada al cabo de una hora después que los letrados de la defensa solicitaran un plazo de seis meses para poder estudiar el sumario y las pruebas aportadas después de más de tres años de investigaciones de la brigada policial antifraude. La fiscalía urgió a acelerar el proceso y los magistrados fijaron para el 19 de julio la segunda sesión. El juicio en sus distintas instancias durará previsiblemente varios años, y Netanyahu no está legalmente obligado a dimitir mientras no se haya dictado sentencia firme.
Desde la calle llegaban los gritos de centenares de seguidores del Likud, el partido conservador que Netanyahu lidera desde hace tres décadas. “Bibi (el apodo familiar del primer ministro), eres el rey de Israel, el Mesías”, coreaban haciendo ondear multitud de banderas nacionales blancas y azules con la estrella de David. “Los jueces se equivocan, Bibi es inocente”, proclamaba Camil Ilues, un trabajador de la construcción de 63 años que había viajado desde Tel Aviv para expresar su apoyo al primer ministro. Los concentrados estaban separados del tribunal por las barreras policiales desplegadas a lo largo de la calle de Saladino de Jerusalén.
Decenas de manifestantes del movimiento Bandera Negra –que reclama la dimisión de Netanyahu tras haber sido encausado– mostraron pancartas en defensa de la democracia frente a la residencia oficial del primer ministro en parte occidental del Jerusalén.
El primer ministro adjunto, el centrista Benny Gantz, defendió durante las tres campañas electorales que se sucedieron desde abril de 2019 que un líder imputado por corrupción, como Netanyahu, nunca debería gobernar. Ahora se ha limitado a constatar que el jefe del Gobierno “es inocente mientras no sea declarado culpable, como cualquier otro ciudadano”.