
El uso de las mascarillas comenzó a generalizarse después de Semana Santa, coincidiendo con la vuelta a los puestos de trabajo de miles de personas en la Sevilla del coronavirus. Tras varias
semanas de debate sobre la idoneidad del uso de este complemento de seguridad, el Gobierno ha decidido establecer la obligatoriedad de la mascarilla para las personas mayores de seis años. Tras varios cruces de argumentos en torno a la utilidad real (o no) de estos productos como protección frente al virus, e incluso con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que se mantenía firme en que sólo son necesarias cuando se está infectado, el Ministerio de Sanidad ha terminado abogando por su uso para evitar rebrotes en el proceso de desescalada. Así, tal y como ha publicado este miércoles el Boletín Oficial del Estado (BOE), se regula el uso generalizado de las mascarillas en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier lugar cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público cuando no se pueda mantener la distancia de seguridad. Dentro de esta medida quedan exentas las personas con alguna dificultad respiratoria que pueda verse agravada por su utilización, así como para quienes esté contraindicado por motivos de salud o discapacidad. Distintos tipos de mascarilla A la hora de elegir mascarilla, el usuario debe conocer la efectividad de cada tipo. En función al tipo que se elija, estará orientado a ser barrera en uno u otro sentido, que deben conocerse: Quirúrgica Son las de aspecto plano y alargado, rectangular, con pliegues en la zona central para descansar en el puente de la nariz y llegar hasta el mentón. Se rematan en dos elásticos, zona por la que se deben colocar, siempre evitando el contacto con la zona exterior y, obviamente, interior. Su función es filtrar de particulas o agentes el aire que se inhala, pero no ofrecen ningún tipo de «escudo» cuando se exhala. Es decir, que si la persona cree tener síntomas o haber estado expuesta, podría llegar a propagar el virus. Es el modelo habitual en centros hospitalarios, por la lógica exposición del personal a enfermos. FPP De forma semicircular, se caracterizan por rematar en un filtro en la zona más protuberante. En función del número que acompañe a sus siglas varía el porcentaje de impenetrabilidad. la FPP1 ofrece un 78% de filtrado al interior y un 22% al exterior; la FPP2, «blinda» en un 92% las particulas al inhalar, y deja pasar en la exhalación un 8%; y la FPP3, por último, alcanzan un 98% de barrera exterior y reducen al 2% las emisiones en la respiración. Son, de lejos, las más completas (precio aparte), pero bastante difíciles de adquirir. De algodón (tela) La necesidad agudiza el ingenio, y en tiempos de Covid-19, la solidaridad. Ante la carencia de mascarillas, no han sido pocos los que han aúnado esfuerzos para producir este tipo de piezas con las que al menos poder cubrirse nariz y boca. Pero la OMS advierte que, al tratarse de un material que puede impregnarse de líquidos y humedad, puede hacer más perjuicio que beneficio, al ser un foco de infección en sí mismo. Habría que mantener una higiene extrema con este tipo de mascarillas y someterlas a lavados a alta temperatura (60º) para asegurarse una «esterilización» Para conocer más en detalle la orden del Ministerio de Sanidad sobre el uso obligatorio de las mascarillas, puedes consultar el siguiente enlace.
FUENTE DIARIO ABC: