
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha presentado su nuevo
El Gobierno de unidad nacional pactado con Gantz pone fin a 500 días de bloqueo político jalonados por tres elecciones legislativas que arrojaron resultados no concluyentes. El pasado jueves, Netanyahu aplazó a última hora el acuerdo a causa de disputas de última hora por el reparto de carteras en el seno del Likud. “La gente quería un pacto, y eso es lo que hemos hecho”, ha asegurado el mandatario antes de tomar posesión del cargo. “Hemos puesto fin a la la mayor crisis política en la historia de Israel”, remachó Gantz desde la misma tribuna parlamentaria.
Ambos acordaron formar un Ejecutivo de emergencia con el objetivo de hacer frente a la pandemia de coronavirus, que en Israel ha tenido limitadas consecuencias sanitarias —unos 16.500 infectados y 270 muertes— pero que ha golpeado con fuerza la economía y ha disparado la tasa de desempleo desde el 3,5% al 27%. Tras evitar la convocatoria de unas cuartas elecciones, pactaron turnarse en el puesto de primer ministro, en una rotación que iniciará Netanyahu durante los próximos 18 meses. Gantz ejercerá mientras tanto como jefe de Gobierno adjunto.
Aunque la anexión parcial de Cisjordnia no figura explícitamente en los principios programáticos del nuevo Ejecutivo que han sido remitidos al Parlamento, el acuerdo político entre Netanyahu y Gantz prevé que la extensión de la soberanía israelí se puede impulsar a partir del 1 de julio. El primer ministro se encargó de recordarlo en su discurso en la Cámara. “Todo el mundo sabe la verdad: cientos de miles de residentes (israelíes) en Judea y Samaria (nombres bíblicos para Cisjordania) permanecerán siempre en sus hogares cualquiera que sea el acuerdo de paz que se alcance finalmente. [La anexión] no nos alejará de la paz, nos acerará a ella”, enfatizó. Más de 400.000 colonos judíos viven cerca de tres centenares de asentamientos en el territorio ocupado palestino. Durante el último decenio, la expansión de las colonias se ha visto reforzada bajo los sucesivos mandatos de Netanyahu.
Para acomodar a todos los socios de coalición, el pacto ha ampliado hasta 36 el número de ministros, a los que se suman 16 viceministros, en el Gabinete con mayor número de carteras en la historia de Israel. Los Ministerios se han repartido por igual entre el bloque conservador —Likud, partidos ultrarreligiosos e independientes de derechas— y el bloque progresista —integrado por Azul y Blanco, la alianza centrista liderada por Gantz, y los últimos restos del histórico Partido laborista—, lo que ha dificultado el reparto de cargos.
El Likud va a controlar dos departamentos clave en la crisis de la pandemia: el Ministerio de Finanzas, dirigido por Israel Katz, mano derecha de Netanyahu, así como Sanidad, que queda bajo el mando de Yuli Edelstein, anterior presidente de la Kneset. También se reserva Educación y Seguridad (policía).
Mientras tanto, Gantz y su principal socio político, el también exjefe del Ejército Gabi Ashkenazi, dirigirán respectivamente Defensa y Relaciones Exteriores hasta el otoño del año que viene. Los centristas controlarán además Justicia en vísperas del inicio del proceso por corrupción contra Netanyahu, quien comparecerá por primera vez el día 24 ante la justicia inculpado por soborno, fraude y abuso de poder en tres casos por los que puede ser condenado hasta a 10 años de cárcel.
La contención del coronavirus será el eje central del Ejecutivo durante sus seis primeros meses de existencia. Tras dos meses de restricciones, Israel está retornando paulatinamente a la normalidad a lo largo de este mes. Este domingo se reincorporaron a clase todos los alumnos de primaria y secundaria, y la semana próxima esta prevista la reapertura de bares y restaurantes. Posteriormente, la coalición se transformará en Gobierno de unidad nacional con el objetivo de tender puentes en una sociedad polarizada entre religiosos y laicos y marcada por las desigualdades económicas.
Los ultraortodoxos, por su parte, ha recibido carteras como Interior y Vivienda, que responden a los intereses de su comunidad. Un representante del nacionalismo religioso entra además en el Gobierno, como ministro para los Asuntos de Jerusalén, después de que Netanyahu haya excluido de la negociación final al resto de las fuerzas de la extrema derecha.
También se incorporan al Gabinete dos de los tres diputados laboristas que aún siguen en la Kneset para dirigir los ministerios de Economía y Servicios Sociales. La Internacional Socialista, a la que el Partido Laborista israelí perteneció hasta 2018, ha lamentado en un comunicado la decisión de “un partido con tan larga tradición en la familia socialdemócrata” de incorporarse a un Gobierno que impulsa la anexión y “daña las perspectivas de paz en Oriente Próximo”.