Los terroristas que atentaron el pasado 17 de agosto en Barcelona y Cambrils no venían de lejos. No crecieron en un país de mayoría musulmana. Eran nuestros vecinos. Por Ignacio Santa María
Parecían un ejemplo de integración hasta el día en que se convirtieron en máquinas de matar. Son yihadistas pero son ‘nuestros’ yihadistas. ¿Qué es lo que lleva a jóvenes de nacionalidad española a enrolarse en las filas del terrorismo islamista? Los expertos responden.
Ignacio Santa María

Younes Abouyaabqoub había nacido en 1995 en la ciudad marroquí de Mrirt pero con solo cuatro años se trasladó con su familia a Ripoll, histórica localidad de la provincia de Girona. Allí vivió, creció y estudió como un niño más: los años de primaria, en el colegio público Joan Maragall y la secundaria, en el instituto Abat Oliba. Después, cursó un Grado Superior de Electromecánica y consiguió un empleo en una empresa de mantenimiento industrial situada a las afueras del pueblo. Hacía algunos meses que lo habían hecho fijo.
Al ser preguntados por los periodistas, sus amigos lo recordaban como “un estudiante ejemplar”, el chico al que todos los padres admiraban y señalaban como modelo a seguir. Además era conocido en el pueblo por su gran afición al fútbol, que le llevó a jugar durante unos años con los juveniles del Ripoll CF. Pero el 17 de agosto de 2017, el ‘chico ejemplar’ y ‘perfectamente integrado’ se puso al volante de una furgoneta Fiat Talento e irrumpió en la Rambla de Barcelona, atestada de peatones. Aceleró al máximo arrollando a decenas de hombres, mujeres y niños, haciendo zig-zag para provocar el mayor daño posible, el máximo número de muertes.
“¿Cómo puede ser Younes? Me tiemblan los dedos, no he visto a nadie tan responsable como tú”, escribía días después Raquel, una educadora social que acompaña a menores hijos de inmigrantes en Ripoll. Raquel tuvo una vinculación estrecha y duradera con muchos de los jóvenes integrantes de la célula terrorista: “Said, Moha, Moussa, Youssef, Omar, Younes… y ahora Houssin… ¡Es una pesadilla, la lista es cada vez más larga! ¿Qué os ha pasado?”

“Los yihadistas que han actuado en España son nuestros, nuestros yihadistas, porque aunque nacieran casi todos en Marruecos, en realidad vinieron a España, en la mayoría de los casos con pocos meses o años de edad”, declara a Perfiles José María Gil Garre, codirector del International Security Observatory y responsable en esta entidad del Departamento de Análisis de Terrorismo y Seguridad Internacional, que subraya este dato: “Se han criado aquí, ni siquiera hablan bien el idioma de sus padres pero en su país tienen anclajes afectivos”.
Entre dos mundos
“¿Qué os ha pasado?” Gil Garre advierte del error que supone aplicar una ecuación simple a un fenómeno complejo para intentar responder a esta pregunta. A su juicio, una vida normalizada puede esconder desafectos o sentimientos de exclusión que actúan como caldo de cultivo en un proceso de captación. “Los problemas de identidad juegan un papel importante, estos jóvenes no se sienten de aquí, pero tampoco tienen una vinculación con el país de origen de sus padres”.
A esta misma ambivalencia se refiere Javier Lesaca, investigador que ha analizado los métodos de propaganda del Daesh: “Estos jóvenes viven a medias entre dos mundos, pero no se sienten identificados con ninguno, lo cual genera una profunda crisis identitaria. Son europeos, pero sus orígenes son árabes; viven una vida secular, pero sus raíces provienen de un entorno donde la religión tiene una visión holística de la sociedad; les fascina la cultura occidental, pero añoran las imágenes románticas creadas por el califato islámico”.

Según este consultor e investigador visitante en la Universidad George Washington, “estas continuas tensiones identitarias y culturales les hacen ser más susceptibles a ser seducidos por grupos como el ISIS que tienen un mensaje identitario muy totalitario y contundente”. Pocos conocen tan a fondo la compleja realidad del islam en España como el sacerdote Josep Buades, quien desde el Servicio Jesuita de Migrantes ha establecido sólidos vínculos con las comunidades musulmanas. Buades se refiere a esos problemas de identidad como la principal diferencia entre los inmigrantes que llegaron ya adultos a España para ganarse la vida con respecto a sus hijos: “Quien emigra sabe quién es, y cuál será su relación peculiar con la sociedad en la que se instala y con la sociedad a la que vuelve en vacaciones. Sus hijos, en cierto modo, heredan esa condición de ‘natural a medias’ y ‘extranjero a medias’. Pero lo suyo no es fruto de una decisión más o menos libre”.
El sacerdote jesuita cree que esa crisis afecta también a la esfera espiritual y religiosa, como componente de la identidad, y, en ese sentido, no solo implica a los hijos de inmigrantes musulmanes sino a todos los jóvenes. “En sociedades secularizadas, plurales, complejas… la identidad religiosa ya no se adquiere pacíficamente por tradición, sino que tiene que reconstruirse. Eso nos pasa a los católicos, y les pasa a los musulmanes, como a otros. Estos chicos tienen que ‘reinventar’ su identidad musulmana. Y quienes los captan para radicalizarlos, les ofrecen ese producto: una identidad musulmana reinventada, reescrita… y distorsionada”.

Una identidad musulmana “distorsionada” porque, según Buades, lo que los agentes de radicalización ofrecen no es auténtica religión sino una ideología falsamente religiosa. “Estos chicos se convierten en máquinas de matar, sí, pero lo hacen dando un vuelco radical a la religión en su sentido auténtico, que es la vinculación a Dios y al prójimo”.
Lavado de cerebro
“Alguien muy listo tuvo que lavarle la cabeza, ¿eh?. Pero que muy listo, porque Younes era un tío muy bueno”. Así respondían a la prensa los amigos de Abouyaabqoub tres días después de la matanza de Barcelona. Buades también sostiene que “una radicalización como la que hemos visto supone un proceso de captación y lavado de cerebro. Lavado en el sentido de alterar y subvertir la percepción de la realidad, la escala de valores, la sensibilidad espiritual y la voluntad de acción”.
Por los datos que se han recabado, la radicalización de los jóvenes de Ripoll también combinó el adoctrinamiento ‘on line’ (con contenidos audiovisuales difundidos a través de Internet) y ‘off line’, a través de un captador infiltrado en el entorno de los muchachos. “En Europa y otros países occidentales la captación y radicalización de los individuos se produce en entornos ‘on line’ y ‘off line’ y en la combinación de ambos”, señala Gil Garre, quien añade: “Casi siempre va a operar un agente radicalizador o dinamizador en entornos opacos o clandestinos, pero sin lugar a dudas en el contacto inicial con este mundo radical, Internet juega un papel definitivo”.

Según los expertos consultados, este tipo de procesos de radicalización se llevan a cabo con total disimulo, de manera que el entorno familiar y social más inmediato permanece ajeno a lo que está sucediendo. El codirector del International Security Observatory lo explica así: “Cuando el eventual captado se inicia en un proceso como este, se le exige la aplicación del engaño y el disimulo, empezando por su familia y entorno inmediato y mediato, a través de lo que conocemos como taqya”. Lo certifica Buades: “Estos chicos desarrollaron una notable habilidad para vivir dos vidas paralelas: una hacia afuera y otra dentro de la célula”.
Gil Garre revela que, cuando habla con padres de estos adolescentes, “en ocasiones lloran y me cuentan que sentían terror por la posibilidad de que sus hijos fuesen captados y no poder hacer nada por no haberlo sabido detectar”. En la inmensa mayoría de los casos, refiere este experto, estos padres son de un nivel cultural escaso y sus hijos se desenvuelven en espacios virtuales que ellos ni sospechan.
¿Un adecuado modelo de integración?
Ante el incremento de casos de radicalización yihadista en jóvenes que han crecido y se han educado en Europa o en EEUU, rodeados de los valores propios de la sociedad occidental, cabe preguntarse si el modelo de integración que rige en los países de acogida es válido. Conviene matizar que no todos los países occidentales comparten el mismo modelo de integración. En el mundo anglosajón, generalmente se ha potenciado el multiculturalismo (la libre vivencia y expresión de la identidad religiosa), mientras que en otros lugares se ha favorecido la homologación cultural. En Francia, por ejemplo, se promulgó una ley que prohíbe la exhibición de cualquier símbolo religioso en el espacio público, lo cual contradice su propia Constitución, que protege la diferencia y el pluralismo religioso.

Pero en ambos casos, el riesgo es que los miembros de una minoría, en lugar de participar como sujetos activos en la polis común, se recluyan en guetos y acaben formando una sociedad paralela.
Sobre el modelo de integración de los musulmanes en España, Buades afirma: “En España, siempre hemos querido encontrar algo distinto a la multiculturalidad anglosajona y a la asimilación francesa: que combine el respeto a la diversidad cultural y religiosa con un fuerte proyecto de vida en común. Es un modelo muy exigente. Hay lugares en los que encontramos una buena conjunción de líderes comunitarios y vecinales, que encuentran eco en técnicos de las administraciones públicas y en políticos; y lugares en los que falta iniciativa o en los que se alimenta más la segregación o la exclusión”.
Por su parte, Gil Garre cree que el yihadismo “exige a los estados y las sociedades luchar también en el ámbito de las ideas, puesto que es una ideología en sí misma”. Asimismo ve necesario abordar una respuesta desde la sociedad evitando la aparición de esos umbrales sociales en los que un joven puede sentirse desafectado. “Si creamos sociedades más cohesionadas, en las que el sentimiento de pertenencia y afecto por el país sea compartido, también construiremos sociedades más seguras”, sostiene este analista.
La ofensiva audiovisual del Daesh

Los atentados por sí solos no tienen sentido para una organización terrorista si no van acompañados de repercusión mediática. Esto es así desde los años 70 del pasado siglo, pero el Daesh ha diseñado toda una estrategia para aprovechar al máximo el potencial de las nuevas tecnologías de la información con el fin de seducir a miles de jóvenes en todo el planeta.
Desde julio de 2014 hasta abril de 2017, este grupo terrorista difundió a la opinión pública un total de 1.320 vídeos, muchos de ellos cuidadosamente producidos y editados con una calidad profesional. El investigador Javier Lesaca ha analizado con detalle estas grabaciones y ha reunido sus conclusiones en el libro Armas de seducción masiva (Ed. Península, 2017).
Tras este análisis, el autor concluye: “El Califato busca convertir el terrorismo en un producto de comunicación popular comprensible, seductor, bello e imitable. Un símbolo cultural lo bastante poderoso para canalizar la frustración, el odio, el vacío intelectual y político, e incluso el aburrimiento permanente, que afligen a miles de jóvenes en todo el mundo, y no precisamente a los más ignorantes o incultos”.
De hecho, estos vídeos reproducen determinados códigos que buscan la complicidad de los buenos aficionados a los videojuegos o al cine de acción. Lesaca asegura que el 50 por ciento de los videos donde Daesh muestra escenas de batallas y ejecuciones de rehenes están directamente inspirados en las películas de terror y de acción y en los videojuegos más populares entre el público adolescente. “ISIS copia los guiones, las escenas, los encuadres de películas como SAW, Hostel, American Sniper, Los juegos del hambre, Person of Interest, Homeland, y de videojuegos como Call of Duty y Grand Theft Auto. Lo que pretende es que sus audiencias potenciales perciban estos mensajes no como escenas de violencia real, sino como productos familiares de entretenimiento“, indica Lesaca.
Stop Radicalismos

En diciembre de 2015 el Gobierno de España puso en marcha el servicio ‘Stop Radicalismos’, que habilita una web (www.stop-radicalismos. es) y un teléfono gratuito (900 822 066) al que cualquier persona puede llamar para informar a las autoridades sobre posibles casos de radicalización en su entorno.
Estas son las estadísticas de este servicio hasta el 12 de septiembre de 2017:
- Llamadas recibidas: ……………………………………………………………………………1.182
- Llamadas investigadas: …………………………………………………………………………599
- Operaciones policiales abiertas: ……………………………………………………………76
- Detenciones practicadas: …………………………………………………………………………3
Los indicios que levantan las sospechas de los ciudadanos
- Hábitos y relaciones con los vecinos que resultan inhabituales, por los horarios, falta de comunicación, etc.
- Expresiones inhabituales con sus amigos y cambios drásticos de costumbres
- Celebración y justificación de atentados terroristas
- Enaltecimiento del terrorismo yihadista en redes sociales
- Utilización de locales no habituales para reuniones u oración
fuente.once.es

