
El nuevo Matteo Salvini lleva gafas de ver.
Los senadores y los diputados de la Liga pasaron toda la noche en sus bancadas de las respectivas cámaras. También invadieron parte la de los otros partidos, para mantener la distancia social, dijeron. Salvini llevaba una mascarilla negra con la bandera de Italia. Protestaba contra el Mede, contra los certificados para salir de casa… contra la gestión de Conte y la falta de respuestas al problema económico. Se fotografió en la máquina de café, lanzó varios tuits y se marchó para descansar y ducharse justo cuando el Senado empezó a debatir. Luego volvió por la tarde para abroncar al primer ministro “No hemos pasado la noche jugando a cartas, sino respondiendo a las preguntas de los italianos sobre alquileres, recibos e hipotecas, porque sobre esto nadie ha dado una ayuda”. Ninguno de sus socios de coalición, Hermanos de Italia y Forza Italia, quiso acompañarle esta vez.
Salvini, que basó su ascenso electoral en un eje temático formado por la inmigración y la seguridad, sigue encabezando todas las encuestas en Italia. Y la coalición de derechas que lidera continuaría por delante de las demás alianzas si hoy hubiera elecciones. Pero el equilibrio de fuerzas cambia sustancialmente y el sondeo publicado por el Corriere della Sera el pasado domingo, de la empresa Ipsos, comienza a dibujar un panorama menos favorable. El Gobierno se encuentra en el mejor momento y sube 18 puntos respecto al mes de febrero. Conte también escala en la aceptación ciudadana, manteniéndose como el líder mejor valorado a mucha distancia del segundo, que es hoy el ministro de Sanidad, Roberto Speranza. El líder de la Liga, en cambio se deja 8 puntos en un solo mes mientras ve como el Partido Democrático (PD) y el Movimiento 5 Estrellas recuperan algo de terreno.
La interpretación de Nando Pagnoncelli, autor del sondeo, es que en “Italia existe en este momento una demanda de cohesión y concordia”. “El miedo configura ahora muchas de las opiniones y visiones sobre la situación económica y sanitaria. Y hay un convencimiento de que en los momentos de gran dificultad y crisis, se necesita unidad. Y quien divide, tiende a no ser escuchado o a ser considerado un egoísta porque antepone sus intereses a los generales”, señala al teléfono.
La fotografía política del momento en Italia ilustra un panorama favorable para quienes han dado la cara en la gestión de la crisis. Los partidos que han intentado sacar rédito con la bronca política, salen penalizados. La gran excepción, y quizá hoy uno de los mayores dolores de cabeza para Salvini, es Giorgia Meloni. La líder del partido posfascista, descendiente del Movimiento Social Italiano (MSI), ha abandonado por primera vez la estela de la Liga y ha construido una identidad propia desde la que marca una senda ascendente. Esa distancia se vio de nuevo el miércoles, cuando Hermanos de Italia decidió no secundar a la Liga en la ocupación nocturna del Senado. “No la compartimos”, lanzó el partido. La estrategia, que también comienza a usar para recuperar cierto vigor Silvio Berlusconi, eterno líder de Forza Italia, funciona. “Se está llevando el voto de los desilusionados de la Liga”, apunta Pagnoncelli. Los límites de esa desilusión marcarán el comportamiento político de Salvini en las próximas semanas.