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Brasil: Sergio Moro, de Harvard a Curitiba y un salto alto a la política

Redacción TN by Redacción TN
24 abril, 2020
in Internacionales
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Renunció con aviso. Advirtió que si el presidente echaba a su hombre de confianza, el jefe de Policía Federal Mauricio Valeixo, él sería el próximo en salir. Y cumplió.

title=”sergio-moro” target=”_blank”>Sergio Moro, el ex juez de Brasil que saltó a la fama por el proceso del Lava Jato, presentó este viernes su renuncia, en abierta guerra con el hombre que lo catapultó al mundo de la político y le quitó la toga de juez, Jair Bolsonaro.

Moro, el funcionario más popular del gobierno de Bolsonaro, visto tanto como un luchador contra la corrupción en Brasil o un justiciero puritano con sesgo político, cerró con llave la puerta de su carrera como magistrado y aceptó encabezar el superministerio de Justicia y Seguridad Pública Bolsonaro, cuando fue electo.

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Moro era considerado uno de los ministros estrellas de la gestión Bolsonaro y asumió con carta blanca el Ministerio de Justicia.

Sin embargo, con el paso de los meses, las divergencias entre ambos comenzaron a ser visibles y se intensificaron durante la crisis del coronavirus.

Moro apoyó varias ocasiones al ya ex ministro de Sanidad Luiz Henrique Mandetta, que dejó el Gabinete tras diversos encontronazos con el presidente por sus diferencias sobre las medidas a tomar para frenar la expansión del virus.

Al ex juez se le ama o se le odia. Con 22 años de carrera judicial, Moro, de 47 años, saltó a la fama como figura central de la megaoperación anticorrupción Lava Jato que desde 2014 ha llevado a la cárcel a decenas de políticos y empresarios.

En la lista figuran Marcelo Odebrecht, de la gigante constructora Odebrecht; el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) y el ex titular ultraconservador de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha.

El encarcelamiento de peces gordos, algo inédito en la historia de Brasil, convirtió al entonces juez de primera instancia de Curitiba (sur) en un superhéroe representado en camisetas, máscaras y pancartas en manifestaciones contra la corrupción.

Sergio Moro habla con la prensa en Río./ AP

Sergio Moro habla con la prensa en Río./ AP

Pero Moro, oriundo de Maringá (Paraná, sur) coleccionó detractores que vieron en su proceder parcialidad política, más focalizada en el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula que en el otro bando.

En 2016, Moro le dijo al diario O Estado de S. Paulo que “jamás entraría en la política” y aseguró que “el mundo de la justicia y de la política no deben mezclarse”. Falló a sus propios dichos.

“Soy un hombre de la justicia, y sin demérito, no soy un hombre de la política (…) Soy un juez, estoy en otra realidad, otro tipo de trabajo, otro perfil. No existe jamás ese riesgo (de entrar en la política)”, insistió. Pero eso era antes.

Moro asumió el 1 de enero de 2019 con el mote de “súper ministro” del naciente gobierno de Bolsonaro, quien había prometido ser implacable contra la corrupción. Moro justificó su decisión por “la perspectiva de implementar una fuerte agenda contra la corrupción y contra el crimen organizado, respetando la Constitución, la ley y los derechos”.

Con el correr de los meses las relaciones entre el Presidente y el ministro comenzaron a desgastarse por una serie de motivos, entre ellos el supuesto recelo de Bolsonaro ante la alta aprobación de su subalterno.

El año pasado circularon rumores sobre el fin de la gestión de Moro cuando Bolsonaro lanzó la primera ofensiva para despedir al comisario Valeixo cuando se conocieron denuncias contra un hijo del mandatario, el senador Flavio Bolsonaro, sobre supuesto lavado de dinero

Sergio Moro. / AFP

Sergio Moro. / AFP

De Harvard a Curitiba

Moro se licenció en Derecho, convirtiéndose en juez federal en 1996. Doctor y profesor universitario, completó su formación en Harvard.

Muchos de sus pares lo describían como un magistrado rápido para decidir, preparado y resuelto.

Fascinado por descifrar los caminos del dinero sucio, al ex astro de la justicia brasileña se decía deslumbrado por la histórica operación “Mani Pulite” (Manos Limpias), que desarticuló una compleja red de corrupción en la Italia de los 90.

Moro está casado y tiene dos hijos con Rosângela Wolff, también abogada, que en las redes sociales expresó el domingo su satisfacción tras la victoria electoral de Bolsonaro.

Archivo Clarín y agencias

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