
La Presidencia no ha confirmado la información aunque la prensa brasileña sostiene que otro médico, el oncólogo Nelson Teich, es la persona elegida para dirigir el ministerio. La covid-19 ha causado la muerte de 1.736 personas y ha contagiado a más de 28.000 desde que a finales de febrero, justo después del carnaval, fue detectado el primer caso. Mandetta, que apela constantemente a la ciencia, es un firme partidario del aislamiento social, que el presidente quiere relajar para reactivar la economía.
Desde hace ya varias semanas los brasileños siguen minuto a minuto el pulso que libran el presidente y su ministro de Salud en torno al aislamiento social, que se ha convertido junto a una medicación llamada cloroquina, en el centro de una formidable batalla política. Mientras Mandetta sostiene desde el principio que, sin una vacuna ni tratamiento, que la ciudadanía se quede en casa es la manera más eficaz de reducir los contagios, Bolsonaro es partidario de reabrir el comercio y retomar la actividad para evitar una hecatombe económica. El jefe del Estado se ha saltado reiteradamente las recomendaciones del Ministerio de Salud al salir reiteradamente a la calle, creando aglomeraciones, saludando a sus admiradores y haciéndose selfies con ellos. El alcalde de Manaos, la capital del estado de Amazonas, donde los hospitales están al borde del colapso, le ha llegado a acusar de ser el principal aliado del virus y de hacer campaña contra el aislamiento social.
Brasil, el país por donde el coronavirus llegó a América Latina, es el que tiene mas fallecidos y más casos confirmados en la región. La expansión de la enfermedad se ha ralentizado en los últimos días por motivos desconocidos para los expertos, que anticipan que el pico llegará en las próximas semanas. Pero los pacientes actuales ya están poniendo a prueba la resistencia del Sistema Único de Salud, el SUS, el extenso sistema de sanidad pública que atiende al 85% de los 210 millones de brasileños. Las UCIs de dos estados, Amazonas y Ceará, están al límite y las del epicentro de la epidemia en el país, el estado de São Paulo, tienen una ocupación que ronda el 80%.
