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La pandemia que reduce la grieta y que puede reencauzar a la política

Redacción TN by Redacción TN
23 marzo, 2020
in Politica
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El 2 de marzo, un día antes del primer caso de coronavirus en la Argentina, en medio del estallido de la epidemia, la presidencia de Alberto Fernández transitaba por una percepción

dual: diálogo o confrontación.

El diálogo es la esencia de Alberto F., quien fuera jefe de gabinete de Néstor Kirchner con un claro perfil de operador político. La confrontación, siempre fue el estilo de Néstor y Cristina. Acumular poder, construir un enemigo y trazar una línea en función de la cual, la sociedad debía elegir de qué lado se paraba.

El presidente argentino, Alberto Fernández (c), acompañado por los gobernadores de las provincias de Santa Fe, Omar Perotti (i), de Buenos Aires, Axel Kicillof (2-d) y de Jujuy, Gerardo Morales (d), y el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta (2-i). Foto: Xinhua/Martín Zabala

El presidente argentino, Alberto Fernández (c), acompañado por los gobernadores de las provincias de Santa Fe, Omar Perotti (i), de Buenos Aires, Axel Kicillof (2-d) y de Jujuy, Gerardo Morales (d), y el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta (2-i). Foto: Xinhua/Martín Zabala

Al igual que Kirchner, Fernández asumió con cierta debilidad. El santacruceño, porque apenas consiguió en 2003 el 22 por ciento de los votos; en el caso de Alberto, porque ganó por 48 puntos, pero la mayoría de esos votos eran de Cristina.

La vicepresidenta tuvo incidencia en prácticamente todas las decisiones de gobierno así como en las designaciones de funcionarios de la primera hasta la décima línea. Desde el Instituto Patria, previo a la asunción, dejó en claro que su interés se focalizaba en los servicios de inteligencia y los cargos vinculados con la Justicia. Es decir, buscar cómo mejorar su complicada situación judicial.

Todo fluctuaba entonces entre duras manifestaciones de Cristina y de sus dirigentes más ultra, que luego Alberto avalaba o evitaba desacreditar. Ocurrió con la existencia o no de presos políticos como Milagro Sala o Amado Boudou, el rol del FMI en el gobierno de Mauricio Macri, la herencia, las fuerzas armadas o la responsabilidad de los medios.

Pero así como en su momento Nestor Kirchner legitimó su poder tomando decisiones de fondo y cargándose a Eduardo Duhalde en la interna peronista. Alberto Fernández, ¿está legitimando su poder conduciendo la batalla contra el coronavirus?

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“Vos sos el comandante, decidí lo que tengas que decidir que nosotros te apoyamos”, le afirmaron al Presidente los dirigentes opositores que se acercaron a Olivos, antes que anunciara el aislamiento social y preventivo.

La sensación es que la grieta comenzó a cerrarse con la foto de Alberto Fernández y el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta, con quien unas semanas antes había iniciado una disputa por los fondos que la Ciudad recibía de la Nación. O cuando hizo los anuncios flanqueado por gobernadores de la oposición.

En la Casa Rosada aseguran que el mandatario está muy conforme y sorprendido con Larreta, cuya disposición es permanente. No es casual que el jefe porteño comparta permanentemente actividades con funcionarios del gabinete nacional. Ayer recorrió el conurbano con los ministros Eduardo de Pedro y Sabina Frederic, por ejemplo.

“Tal vez nos hizo falta esta pandemia para entender lo importante, en lo que no deberíamos tener discusión”, respondió Fernández cuando un conductor de América TV destacó su diálogo con la oposición “como hacía mucho tiempo no se veía”.

Ya sea por dinámica propia o por tener una visión más económica y menos empática, el gobernador Axel Kicillof no despierta esa comunión, dentro del oficialismo. “Una cosa es estar preocupado y otra estar presente, al lado de la gente”, criticó un intendente del PJ del conurbano.

¿Y Cristina Kirchner? Ausente durante todo el proceso desde la preocupación hasta el pánico en la población ante las noticias que daban cuenta de miles de muertos en Italia y en España, víctimas en todo el mundo y el temor de 45 millones de argentinos ante un sistema de salud que saben, es endeble. La vice ni siquiera utilizó su twitter para llevar calma a sus seguidores. Sólo subió unas breves líneas horas antes de regresar de Cuba al país, junto a su hija Florencia, pidiendo que “se cuiden” y asegurando que cumplirá con los 14 días de aislamiento. ¿Es todo lo que puede dar una líder política?¿Alguien que se arroga haber pasado a la historia por gobernar para el pueblo? Una cosa es disputarle el poder al Presidente. Otra muy distinta, alinearse.

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Ocurre que en una crisis como la presente, que aún no llegó a su pico, no caben los relatos ni el marketing: los gobernantes quedan al desnudo por su gestión. Gestionan y toman decisiones, o no deciden y se llaman a silencio. Dialogan con todos los sectores en busca de una solución conjunta, o se aferran a sus odios y son meros espectadores. No hay lugar para la confrontación.

Por eso cayeron tan mal las palabras de Daniel Filmus, que interpretó “el aplauso” destinado a reconocer el esfuerzo de los hombres y mujeres médicos, enfermeros, trabajadores de sanidad, como un apoyo sólo para el gobierno.

Hasta el piquetero ultra K Juan Grabois, que en medio de la coyuntura por el coronavirus organizó una protesta contra el gobierno de la Ciudad, fue duramente cuestionado desde el oficialismo. Y quien lo criticó fue nada menos que un ex Carta Abierta, también un ultra K y ahora asesor presidencial Ricardo Forster. “Es un absurdo. Es el tiempo de lo común, lo compartido, lo solidario”, dijo. No hablaba de un dirigente macrista, hablaba de Grabois.w

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