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Coronavirus en Argentina: el microcentro a media máquina, salvo una sola oficina

Redacción TN by Redacción TN
17 marzo, 2020
in Sociedad
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Ni una miga. A las palomas de la Plaza de Mayo, esas que reciben ofrendas de turistas y de oficinistas a los que se les desmenuza el almuerzo al paso, este

martes no les toca nada. Deambulan por la Plaza por la que no pasa casi ningún ser humano: es el mediodía de un día hábil y no hay más de diez o quince personas a la vez en toda la superficie del corazón cívico y político de la Argentina.

Lo que pasa es que este día hábil es también el segundo día desde que el Gobierno empezó a profundizar las medidas para contener el brote de coronavirus en la Argentina. No hay clases, los trabajadores del Estado mayores de 60 años, embarazadas o parte de los grupos de riesgo por su estado de salud están licenciados, y los demás están instados a, en muchos casos, trabajar desde sus casas. Eso mismo -el teletrabajo- fue lo que el Estado le pidió al sector privado que implementara. Entonces al Microcentro, con premeditación y alevosía, le baja la frecuencia cardíaca.

En la casa matriz del Banco Nación, en una de las esquinas de la Plaza, dos empleados atajan al público: “¿Qué tramite viene a hacer?”, preguntan. Su función principal es derivar a los clientes jubilados a un edificio anexo, exclusivo para ellos, justo enfrente del central y sin contacto con otros clientes. “Hay muchísima menos gente que cualquier día, menos de un cuarto de la gente“, dice el oficial de Policía de la Ciudad al que le toca estar en la entrada del salón enorme y desértico. Una empleada de limpieza, con guantes puestos, pasa un trapo con agua y lavandina sobre el mostrador de informes.

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“Acá van a tener que entrar de a seis personas. Ni una más. El resto tendrá que esperar en fila en la vereda y con distancia entre una y otra persona”. Lo dice una oficial de la Policía porteña en la entrada de las oficinas de AFIP que hay sobre la calle Alsina, en la espalda del edificio central de esa dependencia pública. En la vereda, un motoquero le saca una foto al cartel que avisa el máximo de seis personas: “Es para que los jefes entiendan por qué la demora”, le explica a otro de los que esperan. Todo el edificio está rodeado de autos estacionados justo debajo de los carteles que indican que está prohibido dejar vehículos allí: son los espacios que el Gobierno porteño liberó para bajarle la densidad de población al transporte público.

Las oficinas públicas, diezmadas por el coronavirus. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

Las oficinas públicas, diezmadas por el coronavirus. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

El cartel pegado en la persiana dice “cerrado por falta de personal”. Un guardia de seguridad privada de la oficina de Anses más cercana a Plaza de Mayo, sobre Paseo Colón, explica que los trabajadores están reunidos en asamblea para definir qué harán para protegerse del coronavirus. Que esa dependencia estuvo abierta durante la mañana pero que ahora mismo no presta ningún servicio y que es probable que no vuelva a funcionar este martes, y no se sabe este miércoles y los días que sigan.

En la puerta de vidrio de la oficina de PAMI que hay en la avenida Belgrano al 900 el cartel dice otra cosa: que no puede haber más de diez personas -contados los empleados públicos- en ese espacio. Un policía ordena el ingreso y cuenta que este martes se acercó un 20 por ciento de la gente que suele concurrir a esa oficina “un día común”. Adentro de la oficina hay tres empleados y siete personas que esperan: todos aparentan ser mayores de 60 años; tres usan barbijo.

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“Menos de la mitad de la gente. Por lo menos”, dice el muchacho que, de traje, inspecciona mochilas en la entrada del Palacio de Tribunales, frente a Plaza Lavalle. Los puestos que venden textos jurídicos ahí mismo están todos cerrados. Un cartel avisa que al menos hasta el 31 de marzo no se pueden empezar a tramitar ciudadanías: hasta esa fecha, según previó la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el Poder Judicial funcionará con guardias mínimas. 

Postales de una ciudad "cerrada". Foto: Guillermo Rodriguez Adami

Postales de una ciudad “cerrada”. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

Los bares y restoranes del Microcentro acusan recibo de este funcionamiento casi frenado. La mayoría de las mesas están vacías, y algunas se ocupan con los pedidos que un empleado repartirá por las pocas oficinas ocupadas: el delivery es, ahora mismo, no sólo una comodidad sino sobre todo una manera de permanecer más quietos. Para los clientes. Y una vía que hace que esos repartidores sigan expuestos. Los mozos esperan en vano en la puerta de calle: como en la Plaza de Mayo, ya no frena. Los kioscos ya no tienen alcohol en gel y lo avisan con carteles con fibrones. Un vendedor ambulante ofrece botellitas de dudosa composición química a 150 pesos. Los canillitas (dicen que) vendieron un 30% menos de diarios que “un día común”. No hay ruido de motos, ni de gente que se apura y se esquiva para llegar más rápido a su próxima obligación, ni ese bullicio espasmódico que se asoma a la superficie cada vez que un malón sale de alguna estación de subte: el Microcentro está en pausa. Y nadie sabe hasta cuándo.

Oficinas de Anses, con menos demanda de lo normal. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

Oficinas de Anses, con menos demanda de lo normal. Foto: Guillermo Rodriguez Adami

Excepto una dependencia. El oficial plantado en la puerta de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema, también frente a la Plaza Lavalle, es el único que define a este martes como “un día común”. En la vereda, alejadas unas de las otras, unas veinte mujeres esperan a que les toque entrar. Algunas son abogadas de otras mujeres víctimas de violencia de género. Otras son madres que rompen el distanciamiento social que previene el coronavirus para abrazar a sus hijas por la cintura. “Dejo entrar de a cinco personas a la vez para prevenir contagios”, explica el oficial. Y suma: “Acá vino la misma gente que todos los días. Vienen a hacer denuncias y no hubo menos mujeres que en otro momento”. En Argentina, según estadísticas de la organización civil La Casa del Encuentro, una mujer fue asesinada cada 29 horas en la Argentina por el solo hecho de ser mujer. Como el coronavirus, esa violencia no frena: es pandémica.

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