
Sin euforia por parte del oficialismo ni manifestaciones de descontento desde la oposición, la primera apertura de sesiones de Alberto Fernández en el Congreso estuvo signada por la sobriedad.
Un minuto antes
de las 12 –el horario pautado para su discurso- Fernández ingresó sonriente a la Cámara de Diputados, donde los legisladores del Frente de Todos lo recibieron al grito de “Alberto presidente”. Ese fue el único momento de cánticos de la jornada.
En los palcos no hubo militancia, banderas ni carteles y sólo se escuchó un grito, desde la bandeja más alta, pidiendo por la ley de cupo laboral trans.
Adentro del recinto sobraron bancas: al menos una decena quedó vacía. Gran parte eran las que ocupan los legisladores de la Coalición Cívica que, tras el escándalo de la última sesión por la presencia del embajador designado para Brasil, Daniel Scioli, decidieron no acudir a la asamblea legislativa. Solo estuvieron presentes el presidente de bloque de la Coalición, Maximiliano Ferraro, y su vice, Juan López.
“Debido al atropello del PJ y la vulneración en la última sesión a la confianza pública hemos decidido no asistir a la asamblea para reclamar al presidente que respete las instituciones”, escribió en las redes Marcela Campagnoli, aunque después borró el tuit.
Mientras tanto Scioli -que dijo que renunciaría el 3 de marzo- llegó temprano para ocupar la banca. “Estoy acompañando al Presidente”, tuiteó.
La consigna por la legalización del aborto fue el tema que trascendió bancadas. La diputada salteña por el Frente de Todos Verónica Caliva llegó con una pila de pañuelos verdes para repartir entre sus compañeros. La secretaria del bloque, Cristina Alvarez Rodríguez lució un sugerente blazer verde y la senadora Inés Pilatti Vergara llevó un abanico verde con la consigna de la campaña.
En el interbloque de Juntos por el Cambio, un grupo de legisladores, entre ellos los radicales porteños Emiliano Yacobitti y Carla Carrizo, también expusieron un pañuelo verde sobre su banca.
El único pañuelo celeste que se vio fue el de la legisladora evangelista de Juntos por el Cambio Dina Rezinovsky, militante “pro vida”.
El momento en que Fernández anunció que enviaría un proyecto para legalizar el aborto en el plazo de 10 días fue el más estruendoso. La mitad de los legisladores -de distintos partidos- se pararon de sus asientos para aplaudir y un eco de los festejos de la calle atravesó los paredones del Congreso.
El resto del discurso -que se prolongó durante una hora y veinte- se vivió en silencio, sin interrupciones y con aplausos esporádicos.
La oposición escuchó con seriedad las críticas al “endeudamiento” de la gestión de Mauricio Macri y la herencia de “tierra arrasada”. Los jefes de bloque cuchichearon entre ellos, mientras el jefe de la bancada de Juntos por el Cambio tomaba nota, pero no hicieron gestos ni comentarios. El jefe del bloque PRO, Cristian Ritondo -ex ministro de Seguridad bonaerense- apenas negó con la cabeza y revoleó los ojos cuando Fernández dijo que el combate contra la droga había sido “más retórico que efectivo”.
A su vez, aplaudieron los anuncios de reforma judicial, la modificación de la Ley de Inteligencia y el ascenso post mortem de las 44 víctimas del Ara San Juan.
Cuando terminó el acto, la falta de “un rumbo económico” fue la principal crítica que manifestó JxC. “El presidente no habló del plan económico. Hoy la Argentina parece en pausa en ese tema. No tenemos presupuesto y tampoco dijo cuándo lo va a mandar”, aseguró Ritondo.
“Me llamó la atención que hable poco del mundo. ¿Adónde está parada la Argentina, adónde va y de qué manera? Habló de la reforma judicial y no dijo ni una palabra de que los jueces deben seguir investigando los hechos de corrupción. Habló de espionaje pero hubiese sido bueno que diga que ellos también se equivocaron teniendo a César Milani investigando a todos”, enumeró Negri y concluyó: “El presidente está ahí, entre las buenas intenciones y la necesidad de resolver la disputa de poder en el Frente de Todos, que se muestra casi como un gobierno bifronte”
La vicepresidenta Cristina Kirchner tuvo poco protagonismo. Escuchó seria y callada. Por momentos se abanicó, tomó agua y se acomodó el pelo. Apenas terminó el discurso abrazó a Fernández, sonrió para la foto y salió del recinto, mientras Alberto se quedó saludando a los gobernadores y al ex presidente Carlos Menem.
El acto fue breve. La primera diputada en llegar fue la ex gobernadora de Tierra del Fuego Rosana Bertone, y el presidente de Diputados, Sergio Massa, fue el encargado de izar la bandera.
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