El 20 de enero, Ucrania repatriaba un contingente de 45 de sus ciudadanos que habían quedado varados en China y 27 ciudadanos de otros países, incluyendo Ecuador, República Dominicana, Costa Rica, Panamá y España, y a 8 de los 11 argentinos que se encontraban en Wuhan. La inteligencia rusa busco ensuciar el operativo.
La situación en la pequeña localidad ucraniana de “Novi Sanzhary”, en la región de Poltava, donde durante el 20 de febrero donde se observó la confrontación entre los residentes locales y la policía en un intento por impedir el paso al convoy que trasladaba a los ciudadanos ucranianos que regresaban de China en cuarentena, no es más que otra de la serie reiterada de agresiones a través de las operaciones informativas de los servicios especiales rusos hábilmente desplegadas contra Ucrania con la ayuda de representantes de la “quinta columna”.
Así dejaron sus huellas:
Uno de los iniciadores del pánico en Novi Sanzhary fue un tal Sergey Cherednichenko, quien se dedicó a difundir información preparada por parte de Rusia sobre el peligro del “coronavirus” a través del sitio web Region News. Figurando como partidario de uno de los partidos políticos de Ucrania “alimentado” por la Federación Rusa, el “SPU”. Hace un tiempo Cherednichenko representó a la organización pública “Renacimiento de Poltava”, en la cual los agentes del SBU durante un registro, descubrieron que estaba en preparación para su divulgación un periódico denominado “Novorossia” (homónimo del proyecto de los servicios especiales rusos en el este de Ucrania)
Teniendo en cuenta la cobertura masiva del acontecimiento mencionado en los principales medios mundiales, de hecho, todo el mundo fue testigo de esta operación especial a gran escala organizada por la parte rusa con la participación de la “quinta columna” y agentes de influencia en Ucrania. Estas acciones estaban sincronizadas con las estructuras especiales rusas FSB y GRU, ya que la distribución en el ciberespacio de historias, fotos, videos y comentarios en las redes sociales fue colosal, mediante el uso no solo de trolls preparados y público viral, sino también de un ejército de bots.
Uno de los objetivos de esta operación era anular la desagradable agenda de información para el Kremlin del 20 de febrero (el aniversario del Maidan, el comienzo de la ocupación de Crimea, la Asamblea General de la ONU), así como conformar otro telón negativo de noticias sobre los “ucranianos”, intentando mostrarlos como bárbaros ante la arena internacional en comparación con Rusia (donde, al mismo tiempo, los medios locales transmitían ininterrumpidamente el éxito de la evacuación y la cuarentena de sus ciudadanos). De esta manera se llevó a cabo una desacreditación adicional de las autoridades y se realizó un ensayo para desestabilizar aún más la situación sociopolítica utilizando el factor de la fuerza.
La organización de “protestas pacíficas”, armadas en cualquier momento para desestabilizar la situación mediante el uso de la fuerza, es un elemento que ya sido probado reiteradamente a través de las tecnologías de los servicios especiales rusos con la finalidad de desacreditar a las autoridades. Rusia ya se ha servido de estas tecnologías durante las protestas de los “chalecos amarillos” en Francia, así como en las “manifestaciones catalanas” en España. La metodología prevé protestas públicas, convirtiéndolas en disturbios y actos vandálicos con consignas antigubernamentales, gracias a la introducción en las protestas de grupos radicales de partidos alimentados por el Kremlin.
Todos recordarán muy bien las protestas de los “chalecos amarillos” que comenzaron con las huelgas pacíficas de los agricultores y las empresas de servicios públicos contra el aumento de los precios del combustible. Pero muy rápidamente acabaron en devastación y en actos de vandalismo con consignas antigubernamentales, gracias a la intromisión en los movimientos de protestas de grupos radicales pertenecientes a la fuerza política “Agrupación Nacional” de Marine Le Pen, que se alimentaba de las manos del Kremlin.
El esquema vuelve a repetirse. Una cobertura mediática a gran escala de los acontecimientos a través de los medios rusos, y mundiales, como tuvo lugar en París y ahora en Novi Sanzhary. Difusión a gran escala de las narrativas necesarias en el ciberespacio mediante el uso de un ejército de bots. Y, por supuesto, el elemento interno como: “quinta columna”.
Mientras que toda Ucrania condenó la actitud de los habitantes de Novi Sanzhary, un puñado de protagonistas – ni siquiera una décima parte de la población total de esa localidad -, siguió adelante llevando a cabo sus reprobables acciones, produciéndose al final los incidentes con el saldo final de la pedrada a los autobuses.
Sin lugar a dudas, muy pronto podremos saber la motivación financiera de los que llevaron adelante las protestas con especial celo en Novi Sanzhary. Pero, todo esto se dará a posteriori y, por desgracia, con menos resonancia en los medios. El contenido caótico y de violencia siempre es más atractivo para las masas que la verdad. Una cosa sí sigue estando clara: tales operaciones, diseñadas para una amplia audiencia y con el fin de causar resonancia, siempre cuentan con una fuerza determinada que las dirige, y en el contexto de la agresión rusa en Ucrania no es difícil adivinar de quién se trata.
