
No es la primera vez que el hoy gobernador Axel Kicillof enfrenta una negociación que parece desarrollarse a todo o nada y en la que busca tensar al máximo
la relación con la contraparte acreedora. Hasta que termina pagando. Lo que está sucediendo entre las autoridades de la Provincia de Buenos Aires y los bonistas que tienen en su poder los títulos de deuda BP 21 es una película que, con matices, se viene repitiendo en los últimos años.
Hay por lo menos dos antecedentes en los que parecía que la negociación naufragaba y al final los acreedores terminaron cobrando. Una tercer en la que Kicillof estaba dispuesto a pagar pero la operación se cayó en el último minuto por otros motivos.
La primera disputa fue tras la expropiación de las acciones de YPF que estaban en poder de la petrolera española Repsol. Kicillof llegó a tratar de “tarados” a los que decían que debía pagarse lo que pedía Repsol, y hasta se llegó a decir que Kicillof había afirmado que “Repsol no iba a cobrar nada en concepto de indemnización” frase que se le atribuyó al ex ministro de Economía pero, a favor suyo, no consta registro de dicha expresión.
Pero lo concreto es que después de la expropiación y los insultos, Kicillof terminó pagando cerca de 5.000 millones de dólares por el 51% de YPF. Es cierto que Brufau había insinuado que pretendía cerca de 9.000 millones. La forma de pago fue un set de bonos que Repsol, previamente, había acordado vendérselos a JP Morgan.
Kicillof también cerró rápidamente una deuda con el Club de París. Aceptó pagar una deuda cercana a los 9.700 millones de dólares y desde la oposición se lo criticó por no pelear una quita de ni un solo dólar. El más filoso en ese sentido fue quien lo sucedería como ministro de economía, Alfonso Prat-Gay. “Te fuiste en un avión, 48 horas, le pagaste 100% con todos los punitorios” le dijo en una recordada sesión en la Cámara de Diputados, en abril de 2016.
Sobre esta negociación, hay consenso en que el Club de París tiene por norma aceptar quitas de entre el 15 y el 20%. Pero en esa ocasión, no les fue necesario hablar de esa posibilidad, sencillamente porque no se la reclamaron.
Una tercera negociación fue nada menos que con los denominados fondos buitre y ocurrió a mediados de 2014. La historia dice que para evitar un nuevo default por no aceptar las sentencias en contra que dictó el fallecido juez Thomas Griesa, un grupo de bancos nacionales había armado una propuesta para prestarle al Gobierno argentino la plata para cerrar la disputa con los hold outs. La versión más fidedigna dice que estaba todo a punto de firmarse, con Kicillof en Nueva York, y a último momento llegó la orden de abandonar la negociación. Una orden dictada desde Buenos Aires por la ex presidenta Cristina Kirchner.
De vuelta a 2020. Kicillof insiste en que no tiene cómo hacer frente a un pago de 250 millones de dólares.Y pide a los acreedores que acepten que dicho pago se efectúe el 1 de mayo. En dos intentos para captar el 75% de las voluntades, la Provincia falló. Este viernes volvió a estirar el plazo hasta el lunes 3 de febrero a las 13 hora argentina.
La incertidumbre es total, porque un evento de default del principal distrito económico de la Argentina, y por apenas 250 millones de dólares, no le entra en la cabeza a nadie.
Sobre todo cuando la Nación está encarando su propia negociación para reestructurar una deuda de 100.000 millones de dólares No son pocos quienes se aferran a estos antecedentes, en los que la sangre no llegó al río, o llegó pero no por culpa de Kicillof. Pero tampoco se olvidan de que el gobernador reconoce autoridad política solo en la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner.
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