
Si alguien quisiera seguir el brote del coronavirus a través de los medios oficiales de China, vería muchas imágenes, a menudo con música conmovedora, en donde se
alaba el heroísmo y el sacrificio de los trabajadores de la salud yendo a los lugares afectados.
En las redes sociales, sin embargo, vería algo totalmente distinto: comentarios vitriólicos y memes burlones sobre los funcionarios del gobierno, descripciones desgarradoras de familiares a los cuales no se les otorga tratamiento e imágenes de hospitales desbordados de pacientes, algunos de los cuales parecen estar muertos.
El contraste raramente es tan marcado en China. El gobierno generalmente mantiene un estricto control sobre lo que se dice, se ve y se escucha. Pero la gran cantidad de críticas -y las formas a menudo ingeniosas en que los críticos esquivan a los censores, como refiriéndose a Xi Jinping, el principal líder de China, como “Trump”, o comparando el brote con la catástrofe de Chernobyl- han complicado la tarea de Beijing a la hora de controlar el mensaje.
Los críticos se acentuaron en los últimos días cuando los funcionarios de Wuhan, la ciudad sindicada como epicentro del brote, usaron incorrectamente sus máscaras protectoras. La indignación por los tropiezos se acumula. Cuando el alcalde de Wuhan habló con los medios oficiales este lunes, un usuario comentó: “Si el virus es justo, que por favor no perdone a este inútil”.
La lenta reacción del presidente Xi Jinping a la hora de hablar de la propagación del coronavirus generó críticas en las redes sociales chinas. / DPA
Las críticas son un inusual desafío al Partido Comunista, que no admite disidencias. En algunos casos, los líderes chinos parecen reconocer el miedo, la ira y otras reacciones demasiado humanas de la gente a la crisis, y muestran cómo el partido puede moverse dramáticamente, aunque a veces tarde, para calmar al público.
Sin embargo, las críticas sólo pueden llegar hasta cierto punto. Algunos de los medios chinos que dependen del mercado han realizado una cobertura exhaustiva, y en algunos casos crítica, de la enfermedad. Pero los artículos y comentarios sobre el virus siguen siendo eliminados, y el gobierno y las plataformas de Internet han emitido nuevas advertencias contra la propagación de lo que llaman “rumores”.
“Las redes sociales chinas están llenos de ira, no porque no haya censura sobre este tema, sino a pesar de ella”, dijo Xiao Qiang, científico investigador de la Escuela de Información de la Universidad de California en Berkeley, y fundador de China Digital Times, un sitio web que monitorea los controles de Internet chinos. “Todavía es posible que la censura vuelva a aumentar repentinamente, como parte de un esfuerzo por controlar el mensaje”.
Los médicos y los hospitales están saturados por la propagación del brote de coronavirus. / REUTER
Cuando los líderes de China lucharon contra el virus del SARS a principios de la primera década de 2000, las redes sociales apenas estaban empezando a florecer en el país. El gobierno encubrió la propagación de la enfermedad, y la tarea de avergonzar a las autoridades para que reconocieran la magnitud del problema quedó en manos de periodistas y críticos del gobierno.
En la actualidad, los smartphones y las redes sociales hacen más difícil que las crisis de salud pública masiva permanezcan ocultas. Pero las plataformas de Internet en China se contaminan con información falsa tan fácil y rápidamente como en cualquier otro lugar. Durante los brotes de enfermedades, los líderes de Beijing tienen razones legítimas para estar en alerta por los remedios de curanderos y los comentarios alarmistas, que pueden causar pánico y hacer daño.
Sin embargo, en los últimos días, Beijing parece estar reafirmando su primacía sobre la información en formas que van más allá del mero control de los rumores. En una reunión celebrada el pasado fin de semana entre el Xi y otros altos dirigentes, una de las medidas que decidieron tomar contra el virus fue “fortalecer la orientación de la opinión pública”.
Es posible que los comentarios en redes ya hayan hecho que un gobierno local de China cambie el rumbo de sus políticas para luchar contra el virus.
Excavadoras en un terreno donde el gobierno chino está construyendo un hospital de 1000 camas para atender pacientes del coronavirus. / REUTER
La ciudad de Shantou había anunciado el domingo que impediría la entrada de autos, barcos y personas a la ciudad, una política basada en cómo había reaccionado Wuhan. Pero entonces corrió el rumor de que la decisión había llevado a la gente a comprar alimentos en estado de pánico, y por la tarde, la orden fue cancelada.
Estrategias frente a la censura
Este mes, cuando la noticia del coronavirus surgió pero Xi no hizo apariciones públicas para hablar sobre el tema, la gente de la plataforma social Weibo comenzó a ventilar su frustración de manera velada, preguntando: “¿Dónde está esa persona?”. Pero incluso esos comentarios fueron eliminados. Así que algunos usuarios comenzaron a reemplazar el nombre de Xi con “Trump”. Un ejemplo de ello es el siguiente: “No quiero pasar por otro minuto de este año, mi corazón está lleno de dolor, espero que Trump muera”.
Otras personas hambrientas por expresar su frustración acudieron a la plataforma social china Douban, que se ha visto inundada recientemente por las críticas de los usuarios de Chernobyl, la exitosa serie de televisión sobre el desastre nuclear soviético.
“En cualquier época, en cualquier país, es lo mismo. Encúbrelo todo”, escribió un crítico el lunes.
“Eso es socialismo”, escribió otro.
Algunos medios chinos han podido informar de forma incisiva sobre el coronavirus. La influyente revista de noticias Caixin ha publicado informes y análisis rigurosos. The Paper, un medio de comunicación digital supervisado por el Comité del Partido Comunista de Shanghai, publicó un escalofriante video sobre un residente de Wuhan que no pudo encontrar un hospital que lo atendiera y terminó vagando por las calles.
Xiao, el experto chino en Internet, explicó que, por mucho tiempo, las autoridades les dieron a estos medios margen para cubrir ciertos temas de una manera que los medios oficiales no pueden. Pero señaló que estos medios de comunicación no deben ser considerados como independientes del gobierno, y calificó su cobertura como una “publicidad planificada y controlada” por parte de las autoridades.
Incluso fuera del ámbito digital, no es difícil encontrar gente en China que no está segura de si confiar en lo que su gobierno les dice sobre el brote.
Chen Pulin, un jubilado de 78 años de edad, estuvo esperando fuera de un hospital de Shanghai recientemente mientras su hija estaba dentro siendo examinada para detectar el virus. Cuando se empezó a correr la voz sobre la enfermedad, inmediatamente tuvo dudas sobre si los funcionarios estaban hablando de ella.
“Incluso ahora, el gobierno parece estar pensando en la economía y la estabilidad social”, dijo Chen. “Esas cosas son importantes, pero cuando se trata de estas enfermedades infecciosas, detener la enfermedad debe ser lo primero.”
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